119, Cristian Kirby

“No es posible seguir hablando de imágenes sin hablar de cenizas”
Georges Didi-Huberman

La construcción de la memoria manifiestamente hace parte de algo selectivo, que es a la vez inabarcable y escurridizo. El lugar impensado para las ideologías oficiales que desde el poder  desecha los mecanismos de restitución y verdad,  alisando y omitiendo las experiencias y testimonios.  Etimológicamente, memoria viene a ser el acto de quien recuerda (el que almacena), dentro de un proceso que va dotando políticamente  de poder para decidir sobre su omisión y olvido; desde el origen de un archivo incorpóreo, mental -que luego la fija a su presente- o por el contrario, desde el gesto y el dictamen desde el cual la memoria es eliminada como un proceso ontológico. Justamente, la fotografía es capaz de trastocar esta esencia de muerte, yendo en contra de la pulsión amnésica del presente, pues tiene el poder de restituir visualmente aquello perdido. Con un cierto tipo de imágenes, la fotografía produce un ejercicio de relocalización persistente, un mise a  terre como fracción de verdad y realidad, que se transforma en ritualidad contra la exclusión de la memoria; la segmentación de las palabras, los actos.

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Cristian Kirby, 119, 2013.

La obra 119 de Cristian Kirby, es parte de un trabajo de investigación que consistió en un registro de campo de todos los lugares en el cual desaparecieron 119 militantes de izquierda. Estos fueron secuestrados y asesinados por la dictadura militar chilena entre los años 1974 y 1975. En estos lugares retratados por Kirby, uno a uno -entre hombres y mujeres- fueron cayendo en el operativo orquestado por la dictadura militar denominado: “Operación Colombo”. Operación que contó con la complicidad de empresarios de medios de comunicación y otros dictadores latinoamericanos. En la serie 119, Cristian Kirby realiza a modo de álbum cartográfico, una indexación del retrato familiar al plano de la ciudad de Santiago; los inscribe al trazado de la ciudad, al enjambre abstracto de sus calles, barriales y céntricas, para generar un cuerpo, una inscripción 1  imaginaria en las calles del presente.
Exactamente hace 40 años, los rostros de la obra formaban parte de los álbumes familiares, aquellos que posteriormente debieron ser rasgados para extraer de sus hojas los últimos retratos que la dictadura les dejó; y que desde entonces, peregrinaron asidos entre las manos de sus madres por centros de detención, salas de hospitales, morgues y por las avenidas principales de Santiago, en medio de la barbarie y las protestas de aquellos años. En el presente, sus rostros rescatados desde los archivos y las pequeñas fotografías familiares, descansan en forma de pequeñas objetualidades y memoriales de reconocimiento; no obstante, siguen siendo parte de una memoria fragmentada e inconclusa; una escisión establecida en nuestra historia, como el legado de una ausencia mayor. Un testimonio siempre en proceso de restauración.
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“No tener álbum, es no tener historia” 2  señala Rita Ferrer, acaso,  incluso, no tener álbum es no tener memoria, porque, ¿qué es memoria?: una construcción, un salvavidas, una huella de nuestra existencia que en algún momento debe hacerse visible, hacerse tangible. Probablemente es la recuperación permanente de una imagen, una palabra, que se ancla a un instante, un hecho, una circunstancia y necesita ser ordenada en un espacio, extraída desde la abstracción de los recuerdos. Hacerla aparecer una y otra vez a través de los gestos y la materia.
Es así, que la obra 119 reconstruye a modo de álbum objetual, pequeñas cajas independientes y abiertas, para ser leídas extendidas y colectivamente. En estas, los retratos que han sido indexados a un mapa imaginario, esconden una lectura íntima y dolorosa de datos y episodios concretos, transformando el historial descrito en una sinestesia numérica; escalofriante y punzante. El recuerdo de sus semblantes aparece sobre la superficie narrativa, materica, compuesta de planos, índices, cintas de embalar, como una forma posible de permanencia mnemotécnica; un álbum cartográfico y objetual como respuesta para lidiar contra los olvidos de la historia, restituyéndonos a través de los retratos familiares y mapas conocidos; pequeños fragmentos de quienes somos y fuimos.

La calle, el lugar como objeto de inscripción

El fotógrafo al recorrer la ruta de las desapariciones visibiliza mediante el paisaje la epidermis propia de la ciudad; una memoria única e individual que se talla en el nivel de su superficie, haciéndose visible muchas veces en forma de intervenciones o instalaciones espontáneas. En otras ocasiones, esta memoria hace parte de un orden inmanente; el trazo invisible de lo que aún no ha sido inscrito u ordenado. En este caso, la innominación del acontecimiento en su lugar de origen.

Recorrer estos lugares en el cual sabemos que desde allí partieron, es intentar comprender el punto de mira; un vía crucis desolador, ejecutado solo con la sensibilidad de la experiencia (aquella que comprende lo indescriptible); como las pequeñas acciones que adquieren sentido e hilan parte de esta historia.

016De este modo, las huellas y las expresiones de la memoria urbana se ubican en la temporalidad de un espacio al borde, siempre en el límite de la extinción física, expuesto al tiempo y a la vorágine del desarrollo. De esta forma, la cartografía de la obra 119 -su cuerpo de álbum cartográfico- representa los límites que tensan un sentido de trayecto; el de pasear por una ciudad que oculta bajo sus capas testimonios silenciosos, relegados a los pliegues del tiempo, al continuar de la existencia; que se incorpora al presente como una cartografía imaginada, reveladora de múltiples ausencias.

”Los imaginarios, como matrices de sentidos que son, se sitúan en la difusa frontera de lo real y lo imaginado: lo deseado, lo perdido, lo que no se tiene” [ 3.  Márques, Francisca. Imaginarios urbanos en el gran Santiago: huellas de una metamorfosis. Revista eure (Vol. XXXIII, N° 99), pp. 79. Santiago, Chile, 2007] En este sentido, la obra 119 desde su materialidad de cruces, mapas y retratos, se apropia de un lugar de ausencias: aquel de los mapas e inscripciones oficiales. Mas, las cajas casi biográficas, mapean y ordenan los sucesos como un álbum que testimonia contra el olvido, contra los calvarios y las promesas fantasmas. La obra 119 se vuelve un cuerpo límite sobre lo irrepresentable, que gracias al trabajo minucioso del artista, es posible re construir y volver a trazar en la memoria de la ciudad.

Link proyecto: http://www.cristiankirby.cl/proyectos/cientodiecinueve/

nota

 

  1. Collingwood-Selby, E. El filo fotográfico de la historia. Walter Benjamín y el olvido de lo inolvidable. Ed. Metales Pesados. P. 54
  2. Ferrer Rita, ensayo Autor, Identidad y género, publicado en Revista web Atlas, Imaginarios Visuales. 13/06/2014