Inquietudes Fotográficas: Narrativas Poéticas y Crítica Visual

Georgia Quintas, antropóloga y curadora independiente de fotografía, es la autora del libro “Inquietudes Fotográficas, Narrativas poéticas y crítica visual”. Con traducción al español, el libro reúne en su interior, textos que reflexionan en base a la obra de relevantes fotógrafos contemporáneos, como los brasileros Pedro Motta, Colectivo Garapa, Rosângela Rennó, Mestre Julio, Joao Castillo, Gilvan Barreto, Héctor Mediavilla, Pedro David, Claudia Jaguaribe, Ricardo Labastier y Mario Cravo Neto. También analiza la obra del artista Luis González Palma (Guatemala), Graciela Iturbide (México), Joshua Lutz (EEUU), Pieter Hugo (Sudafrica), entre tantos otros. El libro igualmente recopila reflexiones teóricas en torno a lo fotográfico y a la presencia de la imagen en varios aspectos de nuestra cotidianidad.

Naturaleza construida en imágenes (Por Georgia Quintas)

Suelo abrir libros de fotografías y contemplar las imágenes fotográficas. Después de esa primera lectura, me detengo en las referencias textuales, en el proceso creativo, en los conceptos a los que apunta la producción del autor. Necesito sentir la obra en su totalidad, pasar por el rito de hipótesis, sensaciones, desplazamientos, aproximación con otros artistas para, al final, observar la otra cara, los fenómenos que se le presentaron al autor y que se transforman a los ojos del observador delante de los signos. En 2010, el fotógrafo de Minas Gerais, Pedro Motta, lanzó su primer libro titulado, Temprano. La obra de Motta, retiene el tiempo del paisaje en varias situaciones. A pesar de esbozar en el título algo que se anuncia ya al comienzo, los ensayos quiebran el compás del tiempo en su latitud, mientras crean, rellenan, arreglan, construyen, sobreponen, subyugan, corroen, abandonan y terminan. Sutilmente, Motta se centra en el umbral de esas cuestiones en el uso de la fotografía. La actitud del recorte temático es creada en el tenue equilibrio de los paisajes, que o dejan escapar la naturaleza muerta que hay en ellos, o bien evocan lo inusitado de una naturaleza interrumpida o imbricada con lo concreto. Más específicamente, de lo concreto presente en la simbiosis entre espacios y paisajes al connotar la fuerza de un eje investigativo del fotógrafo. Es en ese aspecto que el libro Temprano, nos hace advertir la extensión de las estrategias que atraviesan el lenguaje fotográfico desde perspectivas de recurrencia, acúmulo, documentación, metáfora y alegoría por medio de la forma.

Pedro Motta, Archipiélago, 2008-2010

Pedro Motta, Archipiélago, 2008-2010

Cuando usamos la palabra estrategia, aludimos a lo que todo artista tiende a colocar en su proceso creativo, después de decidirse por una idea. Y no hay nada de negativo o peyorativo en ese término – algunos pueden considerar la expresión muy próxima al marketing del mercado del arte. Hago uso aquí de esa palabra por el apego a las proposiciones estéticas relevantes, que ayudan a comprender los trabajos fotográficos. En fin, la estrategia que no deja de ser el desarrollo de “encontrar” el camino para la narración de motivaciones artísticas.

Pedro Motta, Archipiélago, 2008-2010

Pedro Motta, Archipiélago, 2008-2010

Con Temprano, es posible que la mirada sea conducida por una dicotomía velada, que desagua en el pensar sobre lo que vemos de real, mientras investiga, contraponiéndose a lo que creemos ver. Es en esa oscilación entre encuentros improbables de la naturaleza con el hormigón urbano y cotidiano, o cuando el individuo deja resquicios de sus pretensiones en el paisaje (o en su resquebrajamiento), que se yerguen las imágenes de Motta. El libro reúne varios ensayos emparentados, por decirlo de alguna manera. La estructura conceptual de Motta se establece en elementos singulares, como el estatuto de la espacialidad y sus significados, cuando contemplados por la destreza de construir más allá de él. En ese sentido, hay un qué de melancolía en la mirada del autor al entregarse a territorios retumbantes, por su vigor físico en oposición a la fase nonsense del descamino, del adaptarse a tiempos sin funcionalidad, sin perspectivas, tal vez sin futuro. Los ensayos de Temprano, asumen una auténtica autonomía de representación.

A través de los paisajes de Temprano, transitamos por los ensayos, Fachada cega (2003–2004), Tanque d´água (2006), Caçambas (2001–2007), Sin Título (2002) y Arquipélago #2 (2008–2010). Discretamente, la visualidad estructurada en las investigaciones de Motta promueve algunas falacias y trampas. El tono esquemático, económico y directo de las composiciones, así como la ausencia de pistas (referencias) que nos aparten de la incomodidad de tantas escenas insólitas y, paradojalmente, tan simples, funcionan como un juego de seducción. ¿O será simulación? El autor Jean Baudrillard, en su obra Simulacros e simulação (1991), aporta una reflexión muy oportuna en relación de territorio: “(…) Un territorio tampoco es un espacio, por lo que este término implica para nosotros de libertad y de apropiación. Ni instinto, ni necesidad, ni estructura (ni siquiera si fuese cultural o comportamental), la noción de territorio se opone también, de alguna manera, a la de inconsciente. El inconsciente es una estructura enterrada, reprimida e indefinidamente ramificada. El territorio es abierto y circunscripto. El inconsciente es el lugar de la repetición indefinida de la represión y de las fantasías del sujeto.”

De ese modo, el proceso de creación de Pedro Motta trae ese territorio simbólico entrelazado con la premisa de guardar imágenes que necesariamente no existen. Sin embargo, son imágenes conscientemente forzadas a nacer a través de la inclinación fotográfica de Motta para explicar cómo se presentan los espacios rozando la reflexión. El concepto, por lo tanto, constituye la base de la estructura de esas imágenes. La subjetividad surge de la forma – de los espacios capturados y confabulados. No obstante, es en su tranquilidad aparente que se nos escapa la sutileza con la que el autor manipula lo natural, haciendo que la complejidad del ícono (de lo que se representa) adquiera gran intimidad con la conjetura procesual y simbólica significada por esa interferencia. Sí, Pedro Motta metamorfosea y, por eso, sus ensayos son tan instigadores.

A cada nueva imagen que dialoga con la anterior, por su corpus temático, advertimos que hay intencionalidad en ritmar los objetos con sus espacios (o viceversa) como instrumento de conquista imaginaria en relación con la investigación. Transformación es una palabra que recalca la retórica de Temprano. Ana Teresa Fabris, indiscutiblemente una de mis autoras favoritas, nos ayuda en esta reflexión sobre el realismo en la perspectiva fotográfica y en su imbricación con las nuevas tecnologías, cuando escribe: “(…) hoy en día se configura como una problemática muy compleja, que obliga a rever categorías y conceptos operacionales, estrategias y funciones cognitivas en virtud de un cambio conceptual profundo, en el que se inscribe el desplazamiento de la ‘representación’ para la ‘presentación’, del ‘simulacro’ para la ‘simulación’, en una atmósfera cultural que autores como [Pierre] Lévy no dudan en definir como un nuevo Renacimiento”.

Pedro Motta, Archipiélago, 2008-2010

Pedro Motta, Archipiélago, 2008-2010

Es muy placentero cuando un trabajo fotográfico suscita tantas cuestiones y nos envuelve en las particularidades conceptuales con las que se revisten las fotografías. Siempre que releo a Peter Osborne, me siento atraída por algunas de sus proposiciones, como esta que dice que la foto se distribuye a través de los espacios de su proceso, que la impregnan como una imagen. O cuando Osborne sintetiza, “Existe una afinidad ontológica aquí entre la fotografía y el arte conceptual o, de forma más genérica, el lado conceptual de toda forma del arte. Porque no hay un espacio fijo para la foto ni para la obra de arte.”

Veo en esas dos reflexiones el camino de la creación de Pedro Motta y el espacio que Temprano ocupa en cuanto narración fotográfica. Nos deja también un aliento cuando contemplamos la seducción de la fotografía por la naturaleza, que deja de ser verosímil y análoga, para transformarse en requinte de la creación. Seducción por la naturaleza construida en imágenes – sin utopías, sin belleza – de un vacío repleto de sentidos y búsqueda. Temprano nos muestra que la duda ante la imagen fotográfica nos hace pensar más sobre nuestro modo de ver las cosas. Muestra también que otra perspectiva, menos rígida, más cercana a las posibilidades de la fotografía como dominio de la expresión, nos hace ver más allá.

Pedro Motta, Caixa d'água,1998

Pedro Motta, Caixa d’água,1998

Link Pedro Motta: http://www.pedromotta.net/v1/pt

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