Imágenes urgentes: poética de la periferia en las fotografías de Cristóbal Olivares

 

El trabajo autoral del joven fotógrafo Cristóbal Olivares es un renovado ejercicio de cómo hacer un reportaje por sobre la demostración de lo evidente: conteniendo el aliento, editado escrupulosamente y calculando el peso simbólico de las imágenes. Por esto, el creador realiza una sutil mirada, escarbando desde una poética instalada en las grietas de la neoliberal y aparentemente modernizada sociedad chilena.
Dicho ejercicio es un ingreso escrutador en los quebrantos de una sociedad desencajada, cada vez más indiferente e incomunicada, que confía inocentemente en las tecnologías y las aplicaciones múltiples del consumo mediático.
La honestidad del punto de fuga de los trabajos de Olivares nos muestra que su imaginario está construido desde la propuesta del lúcido observador, que no sólo constata, sino que busca generar cuestionamientos e interrogantes. Sus reflexiones son documentadas versiones de la realidad social como las realizadas por un perspicaz viajero que tras un largo periplo se detiene asombrado en el rellano de la puerta para ingresar y reconocer la casa que dejó.
Por esto no debe extrañar que su irrupción en la escena fotográfica haya sido con su ensayo “-42°” que, realizado en la ciudad canadiense de Winnipeg, fue exhibida en la Sala Joaquín Bello de la Estación Mapocho. Este trabajo viene del anhelo de recorrer el paisaje de un país desconocido, enfrentarse con los fantasmas familiares y la vulnerabilidad que esto conlleva. El proyecto en términos visuales ahonda en la melancólica relación con la nieve que todo lo atenúa y silencia. Con atmósferas nocturnas retraídas, en cerradas imágenes en clave baja que hace un inquietante recorrido por calles solitarias y retratos reconocibles de espacios familiares de frágiles enclaves afectivos. Así, tanto los territorios cerrados como los abiertos dan cuenta de un saldo emocional evocativo y distante, como si en esta ciudad se arrastrara una gran crisis de la sobrevivencia y la afectividad humana.

A-MOR: Femicide Stories, fotografía análoga 120mm, 2013-2014.

A-MOR: Femicide Stories, fotografía análoga 120mm, 2013-2014.

No es casualidad que el deambular durante seis meses por Canadá, haya significado para Olivares un decisivo replanteamiento sobre como pensar, percibir y reproducir la realidad fotografiada. Desde sus ejercicios iniciales de estudiante de fotografía, rescatará su interés por el desarrollo atmosférico de las iglesias del centro de Santiago, espacios de recogimiento de los cansados ciudadanos, deteniéndose en los haces de luz que despliegan un artificio de tranquilidad encapsulada.
Sus indagaciones se conectan con vivencias familiares más íntimas. “En el nombre de Karen”, trabajo de fotografía color que de manera insistente establece las conexiones cotidianas y simbólicas de una prima que lo cuidaba cuando niño y que se transforma en un sentido homenaje por “la diferencia”. Este proyecto es finalmente exhibido el año 2013 en la Galería del Instituto Arcos, proceder sistemático y serial que bajo el rótulo de identidad de la protagonista discurre de manera direccional sobre las barriadas y rituales de sobrevivencia, con un nuevo atisbo familiar que devela mundos de intimidad con sus intereses y conflictos.
En su trabajo “A-MOR: Femicide Stories” indaga sobre el feminicidio y muestra historias de la periferia, donde se resquebrajan las parejas como un desagarrado amor, convertido en cruz para los que padecen las pasiones sin límites, sin norte y sin frenos emocionales. Un amor fuertemente primitivo y pulsional, una agresividad reiterativa que implica dejarse arrastrar por los instintos en búsqueda de los deseos de posesión, control, del monopólico deseo de amar. El trabajo constreñido en trípticos, ahonda sobre la víctima, dejando en evidencia al victimario, verdugo de sus propios deseos de ser feliz, que no descansa hasta consumar la fantasía del daño absoluto con un arma delictiva. Es una práctica frustrada de la categórica aniquilación del sujeto que prueba su sentimiento y poder. El victimario poseído con una fuerza destructiva que obnubila la misma fuente de la vida y del amor. Un trabajo fotográfico conceptual austero, preciso, sin aspavientos.
El joven fotógrafo no es indiferente a la contingencia social que desde la calle grita sus deseos de justicia social en su serie “The Chilean Uprising”. Por lo mismo, realiza numerosas imágenes que van en la línea de los planos detalles fuertemente contrastados, recogiendo viñetas de manifestaciones, caras y cuerpos agitados, escenas y desplazamientos de los movimientos ciudadanos, en particular de la presencia estudiantil en calles y plazas. Las marchas le posibilitan organizar un trabajo indagatorio en blanco y negro, hoy por hoy testimonios fundamentales de un país con rabias explícitas y deseos vehementes de trasformación.
Sus imágenes obtienen notoriedad en los salones de la fotografía de prensa que organiza la Unión de Reporteros Gráficos de Chile, así también en revistas diversas como free lancer, donde destacan sus reportajes para el semanario The Clinic, o para ONGs como Greenpeace. Por lo mismo recibe la invitación del Consejo de la Cultura y las Artes presentar su trabajo en la feria ChACO, el 2011. La itinerancia de sus imágenes no se ha detenido en el país, sino que también ha circulado en muestras colectivas en el museo de Antioquia, Medellín, Colombia; en “Desviados” muestra organizada en Santiago, Chile el 2011. También participó con una selección de “In Karen’s Name” en el Querétaro Photo Festival, en México año 2012, festival donde luego obtendrá el 2do lugar en el año 2014 con otro trabajo. También participa en la revista Anfibia de Argentina, 10×15 de España, Global Voices de EEUU y Via Magazine de Canadá.

Tripartitos: vivencias en las fronteras

En su propuesta central se consigna un fuerte despliegue que busca ampliar el mensaje de vivir en medio de una frontera entre Chile, Perú y Bolivia en precario equilibrio. El tratamiento de este tema se establece desde una triple visión que unifica: espacio de intimidad, recuerdos comunitarios y, finalmente, el territorio donde viven o se desplaza los lugareños.

Tripartito, fotografía digital, 2013.

Tripartito, fotografía digital, 2013.

Con esta teatralización operativa, el proyecto fotográfico en color del autor Olivares, descompone un hecho artificial que es la imposición de fronteras dentro de naciones como la Aimara y la Quechua que solo conoce la vastedad y el sin límite del paisaje. El ejercicio indagatorio sublima el espacio de la contención simbólica con un fuerte componente de respeto por las vertientes ancestrales de la cultura tradicional latinoamericana.
Al reconocer su metodología tripartita comprendemos que el decurso analítico fotográfico se establece rodeando el conflicto central: ¿existen en verdad las fronteras?, con una dinámica hermenéutica de buscar sentidos en la periferia, se resquebrajan las fronteras por las fotografías curiosamente revocadas en unidades donde el paisaje, el detalle y la huella se funden síntesis visuales. Las imágenes entre primeros planos y planos abiertos van estableciendo una dicotomía descriptiva de casas, bares, animales, altares mestizos, retratos, pezuñas de auquénidos y gallinas muertas. El universo cotidiano y el simbólico sostenido en un horizonte común. De este modo como una serie de sintagmas, las fotografías de Olivares, refuerzan los sellos silenciosos de las relaciones familiares y comunitarias, estableciendo un universo de códigos e implícitos culturales.

Tripartito, fotografía digital, 2013.

Tripartito, fotografía digital, 2013.

La poética de las periferias que cada fotografía recoge en los delicados detalles de sacos, calendarios, propagandas, adobes, flores y basuras, resulta un índex de cursilerías deslavadas pero sentidas y articuladas de breve memoria. En su centro reflexivo, las imágenes fotográficas con sus colores, nos indican las fantasías sociales a las cuales las comunidades se ven llamadas a realizar.
¿Cómo trazar una cartografía del recuerdo y el olvido?, estas interrogantes asoman en el silencio de un trabajo austero. No es el asomo de lo siniestro de la visualidad de shock lo que vemos, al contrario es un contenido y laborioso universo representacional donde una imagen recoge algún vestigio, siempre sutil huella, de un habitar lívido del mundo.
Por esos son imágenes urgentes, pues el mecanismo de las fotografías afianza el despliegue de lo invisibilizado, donde la realidad cotidiana si bien se presenta como un mundo coherente y armónico, encierra las fuerzas del imaginario cultural andino tan adscrito a la tierra, donde una “pachamama” acogedora como madre tutelar presenta la vasta geografía fronteriza como un territorio común.
El trabajo de Olivares es apremiante, pues establece la visibilidad de estas temáticas, pero por sobre todo transita como un diálogo sobre estos tópicos que ocultos en la vera del camino nos hablan de dolores repartidos, como las fotografías que buscan expresar la cura social por medio de la experiencia de vivir en un territorio sin fronteras.
El compromiso de Cristóbal Olivares se va asentando en un nuevo humanismo fotográfico, descarnado y conceptual, donde el eje representacional medular se divisa desde tramas que por capas van develando el motivo investigado. Como una llave metodológica erige pequeñas unidades narrativas desde una “historia de vida” para ir estableciendo cuestionamientos sociales y culturales más determinantes y universales. Metodológicamente su propuesta apunta desde lo particular a los “significantes flotantes” que pululan en una humanidad recluida en el anonimato y la enajenación social. Es el país, Chile, convertido en un vertedero de sueños y frustraciones que su lente pretende poner en evidencia.

Link: http://www.cristobalolivares.com/