Perdidos en el espacio

Los cuerpos se están volviendo ciudades, sus coordenadas temporales son transformadas en coordenadas espaciales. En una condensación poética, la historia ha sido sustituida por la geografía, las historias por los mapas, las memorias por los escenarios. Ya no nos percibimos a nosotros mismos como continuidad sino como ubicación, o mejor dicho como desubicación en el cosmos urbano/suburbano.
Celeste Olalquiaga

Marcel Proust decía que el verdadero viaje de descubrimiento no consistía en buscar nuevos paisajes sino en tener nuevos ojos, como metáfora del adormecimiento de nuestra percepción provocado por la rutina. En efecto, ser forastero –no pertenecer a un lugar- despierta nuestros sentidos. Y es que para la mirada del turista, viajero o extranjero recién llegado, las cosas percibidas permanecen como meras imágenes, significantes que no han cobrado sentido aún y que por ende tampoco lo han perdido, volviéndose hábito. El habitar implica crear hábitos (del latín habitare que se define por el acto de residir, detenerse y habituarse) y supone la apropiación del espacio (habitare es familiar de habere: haber, tener). Por ello, para el habitante de un lugar, las calles, las personas, los lugares y los desplazamientos se vuelven evidencias que terminan por desaparecer como imágenes para convertirse en puros significados para sus usuarios.

Andrés Durán, serie Prócer de pie, fotografía digital, impresión Giclée, 2014

Andrés Durán, serie Prócer de pie, fotografía digital, impresión Giclée, 2014

Proust insistía en que la percepción del mundo exterior era como el sueño, donde bastaba una modificación de nuestros hábitos para volverlo poético. Con esto, auguraba que la misma condición de novedad de los territorios no era ilimitada y que un siglo después, viviríamos en la era de “la muerte del exotismo” acuñada por Marc Augé, obligándonos, a falta de nuevos lugares por descubrir, a inventar nuevas formas de posar nuestros ojos en el entorno. Ahora, si bien fue contemporáneo del nacimiento de la fotografía y el cine, lo que Proust no podía predecir es que aquellos “nuevos ojos” serían posibles en la era digital a través de lo virtual.
Andrés Durán, en “Monumento Editado” inventa una nueva mirada e interviene digitalmente la escultura pública del barrio cívico de Santiago que rodea la galería donde expone este proyecto. Se trata de aquellas estatuas propias a una época donde el arte estaba al servicio de los grandes relatos históricos y mitológicos: dioses, emperadores, próceres, militares, políticos y personajes públicos que han poblado nuestros manuales escolares con historias cuyos detalles terminamos por olvidar. De hecho, el valor estético y patrimonial de los centros históricos con sus edificios y monumentos –todo aquello perteneciente a otro tiempo, propio a la ciudad turística- tiende a “desaparecer” para el habitante, convirtiéndose en material visual que solo los turistas miran y fotografían, guiados por folletos que les indican “lo importante” a visitar. Incluso, aquella idea de reintegrar el patrimonio turístico a la verdadera ciudad habitada, ha llevado a gobiernos e instituciones de distintos lugares del planeta a instaurar “Días del patrimonio”, invitando al habitante a ser turista por un día y a re-descubrir el espacio urbano. Durán, consciente de aquellos desatendidos emplazamientos urbanos, decide hacer nuevamente visible estos monumentos, actualizándolos y haciéndolos dialogar con el tiempo presente. Asumiendo que “[…] en ningún caso el monumento puede vivir sin una revalorización permanente del imaginario, sin una actualización resemantizada del mismo que permanentemente le diga algo a la dinámica de la ciudad a la que se debe”.1

Andrés Durán, serie Prócer sentado, fotografía digital, impresión Giclée, 2014

Andrés Durán, serie Prócer sentado, fotografía digital, impresión Giclée, 2014

Se trata aquí de hacer visible lo inadvertido y desapercibido, pero en vez de quedarse en la mera designación del lugar a través del registro fotográfico o videográfico, el artista decide, mediante programas de modelación 3D y manipulación digital cubrir los monumentos escultóricos, creando nuevas formas asociadas al original, continuando patrones decorativos de relieves, invirtiendo y duplicando pedestales. En las imágenes resultantes, vemos vestigios-fragmentos de cuerpos escultóricos que a ratos parecen envueltos por una hipotética cubierta de cemento o al revés, emergiendo de la piedra o liberándose de su molde. Esas figuras si bien parecen estar atrapadas, paradójicamente, bajo la lógica de lo oculto, se hacen más visibles que nunca. Hacer visible lo invisible –y no reproducirlo, citando a Paul Klee- es una estrategia de trabajo que por cierto nos recuerda las envolturas de espacios públicos de los artistas Christo y Jeanne Claude, quienes aspiraban a mostrar ocultando; es decir mostrar de nuevo lo mismo pero de otra manera: cubriendo o tapando.
“Monumento editado” reúne una serie de fotomontajes ordenados bajo cuatro categorías: “Prócer sentado”, “Prócer de pie”, “Ecuestre” y “Escenas mitológicas”. Dicha tipologización a través del título opera en dos niveles de lectura. Por un lado, permite la identificación y asimilación a un tipo, de aquella figura casi enteramente cubierta, exacerbando el carácter repetitivo, serial, casi estereotipado de la función conmemorativa del momento. Por otro lado, al optar deliberadamente por estrategias tipológicas, enfatiza el anonimato e invisibilidad de aquellos monumentos, situándolos en las antípodas de la función inicial: honrar un personaje, recordar un lugar o celebrar una fecha.

Andrés Durán, serie Escena Mitológica, fotografía digital, impresión Giclée, 2014

Andrés Durán, serie Escena Mitológica, fotografía digital, impresión Giclée, 2014

A la serie de fotomontajes se suma un video proyectado, cuyo movimiento y audio-visualidad exacerban la ficción, creando una tensión entre verosimilitud y extrañeza, haciendo que la interpretación del espectador fluctúe entre creer en la existencia de una posible escultura contemporánea en torno a la revisión histórica o imaginar una nave extraterrestre a punto de despegar. Así, el producir nuevos imaginarios aprovechando la condición tanto verosímil como artificial de la imagen tecnológica permite no sólo crear una ilusión, sino que además de forma inesperada, hablarnos aún más de lo real. En efecto, en la era de los flujos de información y saturación de imágenes ya es lugar común “diabolizar” la excesiva manipulación digital. Mas, a diferencia de las idealizaciones de los medios de comunicación, Durán opta deliberadamente por inventar una nueva realidad para hacernos tomar consciencia de la verdadera: el cómo habitamos la ciudad hoy.

nota
  1.  YORY, Carlos Mario, Del monumento a la ciudad, El fin de la idea de monumento en el nuevo orden espacio-temporal de la ciudad, CEJA, Bogotá, 2002, p. 21