Ed. La Visita: Apátrida de Tomás Quiroga y M2 de David Alarcón

 

Con la reciente publicación de Apátrida y M2 de los fotógrafos, Tomás Quiroga y David Alarcón respectivamente, editorial La Visita suma nueve publicaciones dedicadas a promover la obra de autores chilenos, sean reconocidos o emergentes. En esta ocasión, el fotolibro Apátrida de Tomás Quiroga – ganador junto al fotógrafo Mauricio Duarte de la primera convocatoria Equipajes Perdidos realizada el año pasado- se integra a la colección de libros de pequeño formato y delicado diseño. Otra particularidad de este conjunto de ediciones fotográficas, es la cantidad de temáticas y estéticas diversas; la obra de Zaida González, Mauricio Valenzuela o Cristóbal Olivares entre otros, se complementan perfectamente entre sí, en una idea de colección dinámica, puesto que uno de los objetivos para la editorial es mantener parámetros definidos de diseño, pero que en cada libro se mantenga una identidad singular coherente con la obra de cada fotógrafo.

Apátrida, de Tomás Quiroga

Apátrida, de Tomás Quiroga

Apátrida, de Tomás Quiroga

Apátrida, de Tomás Quiroga

Esta idea se puede apreciar en Apátrida de Tomás Quiroga (1985), fotógrafo de padres chilenos y nacido en Londres, quien por distintas circunstancias debió residir en varios países de la región europea. El pequeño fotolibro es entonces “una ruta de viaje” como señala el editor de La Visita, Miguel Ángel Felipe, en el cual se integran fotografías en b/n, con una mezcla de diseño y concepto que da cuenta de una historia biográfica, de paisajes en tránsito y percepciones de una realidad fragmentada.

El otro proyecto es el libro M2 de David Alarcón (1981). Publicado el año pasado, las fotografías muestran interiores de un ascensor público a modo de vitrina, con un cierto aspecto psicológico y sentido de despersonalización y ensimismamiento.
Conversamos con Miguel Ángel Felipe quien está a cargo de la editorial La Visita, acerca de estas últimas publicaciones y el contexto actual de los fotolibros.

M2, de David Alarcón

M2, de David Alarcón

M.A. A pesar de que somos uno de los países que posee el mayor impuesto en los libros, por lo menos en la región latinoamericana, los amantes de la fotografía y la lectura siguen generando proyectos en torno a un concepto de editorialidad. Ha crecido el número de editoriales y de fotógrafos que desean ver publicada su obra. En el año 2008 La visita comienza su proyecto y hasta hoy con bastante esfuerzo como todas las editoriales independientes y pequeñas, han publicado la obra de nueve autores. En este momento Apátrida de Tomás Quiroga se encuentra en proceso de preventa y pronto se lanzará un nuevo fotolibro: “Conchalí” de Mauricio Duarte. A estas alturas después de todo esto ¿Cuál crees es el aporte y significado que en la actualidad proponen los fotolibros y particularmente las publicaciones de La Visita?

Miguel A Felipe: Hay una reiteración de argumentos que habitualmente se escucha a favor de los fotolibros como soporte de la obra fotográfica. Incluso a veces hasta una suerte de deificación, lo cual es también un riesgo: no todo es bueno o, al menos, no todo es igual de bueno. No por repetidos algunos argumentos siguen siendo rigurosamente ciertos. Los libros de fotografía (también el propio uso del fotolibro como concepto tiene su snobismo) permanecen obstinadamente en el tiempo y tienden a vagar por el espacio. Eso permite encuentros casuales y azarosos, deliciosamente poéticos, entre la obra, su autor y un público casi siempre desconocido. Ese argumento sigue siendo para mí el más valioso, la luz principal que justifica tanto esfuerzo. La idea del mensaje en la botella que flota en el océano, lleno ahora de información e imágenes confusas, pero que termina teniendo sentido al alcanzar a algún náufrago en alguna orilla que hace con el libro un recorrido de vuelta, que descubre algunas pistas que fueron dejadas ahí.

Desde un punto de vista editorial, este proyecto nace con un afán de justicia mínima: doblarle la mano a la realidad obstinada y lograr que obras que merecen la pena puedan alcanzar un soporte tan noble como el fotolibro. El libro no escapa de los circuitos del arte ni de la hegemonía política y cultural de un hemisferio sobre otro, de unas sociedades sobre otras. Los premios de fotolibros, las listas, lo que vale y lo que no, sigue siendo decidido casi siempre muy lejos de aquí, que es dónde vivimos nosotros y donde hacemos este pequeño proyecto editorial.

En una actitud neocolonialista, seguimos buscando la aprobación de aquellos circuitos, su aceptación. A veces haciendo lo imposible para que se fijen en nosotros. ¿Cuál es la necesidad de buscar esa validación, cabría preguntarse, aparte de la necesaria difusión y distribución que buscamos siempre para cualquier obra? En ese sentido me parece muy interesante, por lo que tiene de idea antimercado y contracíclica, el proyecto de David Alarcón de poner en libertad 100 libros de M2 de manera azarosa, rompiendo las leyes del mercado -que nos sujetan a todo y amenazan nuestra supervivencia- por diferentes partes de la ciudad y también fuera de Santiago.

M2, de David Alarcón

M2, de David Alarcón

Apátrida, de Tomás Quiroga

Apátrida, de Tomás Quiroga

M.A. ¿Cómo ves el futuro de todo esto?

Miguel A Felipe: Creo que el futuro es esperanzador por las obras, y muy frágil por nuestros comportamientos como público. Lo más difícil de fabricar, porque no depende de un proceso industrial como ocurre con el objeto libro, es un grupo de lectores suficientemente importante para sostener los esfuerzos editoriales de individuos y grupos capaces de apreciar y sentir afecto por esos objetos. Esa es una tarea mucho más lenta. Cuando se habla de los efectos culturales de la dictadura, muy a menudo se olvida que los clásicos literarios circulaban en Chile en ediciones gigantes y que la gente los buscaba y los atesoraba. Eran baratos pero no eran gratis. Todavía no alcanzamos, y es una tarea fatigosa a realizar, una suerte de evangelización -y la palabra es horrorosa- sobre los beneficios y el placer intransable de tener fotolibros, de armar una biblioteca con algún criterio. La posición habitual de una parte del público suele ser de un despotismo ignorante que se expresa de dos formas: no voy a comprar fotolibros porque no los necesito o si lo hago ofrezco como excusa el hecho de que estoy haciendo una especie de favor, algo así como apoyando una causa. Odio aún más esta última postura. No quiero que nadie compre libros de La Visita por hacer un favor al proyecto, al autor, a la obra o a mí. El favor se lo hace asimismo quien llega al fotolibro, independientemente de las condiciones en las que llegue, si logra obtener de aquel una recompensa, una emoción, un aliento.

Ediciones La Visita: http://www.lavisita.cl/