Nuevos modelos de autogestión en Concepción: Una fórmula que abre el arte contemporáneo a la ciudad

Son cuatro espacios que destacan como el vórtice de un espíritu que está cambiando el paradigma de apreciación del arte por parte de la comunidad,  frente a uno que por años había imperado en Concepción; uno que viene dándose casi hegemónicamente desde la exclusividad y la academia por parte de museos y galerías, en oposición a uno que propone y ejerce la experimentación y la inclusividad a través de espacios independientes.

 

Desde hace un tiempo que en la ciudad de Concepción se está dando un espíritu particular en relación al quehacer artístico en la ciudad y sus alrededores. Como antecedente a este fenómeno, durante el año 2010 aparece una pequeña tienda en escena, en el corazón de la ciudad, concebida por dos mujeres vinculadas con anterioridad al arte: Constanza Green (artista visual) y Valentina Durán (actriz). Ellas estarían a cargo de un lugar que pronto comenzó a calar en el interés de un público aún impreciso de definir, pero que compartía la inquietud por el arte; se trataba, en primera instancia, de una tienda de arte contemporáneo bajo el nombre de “Del Aire Artería”, que con el tiempo desarrolló un vínculo con el público más allá de la simple venta de obras. Pronto, esta pequeña tienda cambiaría su residencia a un lugar más amplio y sería el lugar popular y concurrido de  estudiantes de arte, diseño, actores, ilustradores, músicos y artistas en general que encontraron en este espacio un cómodo lugar de expresión; más cercano a sus intereses. Un hito en el ámbito cultural de Concepción que sentó un firme ejemplo para un grupo cada vez mayor de personas que está viviendo y produciendo arte hoy en día. Esta crónica hace un recorrido por este grupo de lugares que, con poco tiempo de vida, empiezan a perfilarse como un punto de inflexión dentro del cómo los penquistas comienzan a relacionarse con el arte.

Experimento y Experiencia

Es de noche, llueve un poco y el aire de la ciudad se siente frío, puede que sea porque me encuentro caminando cerca del Parque Ecuador, donde la neblina que viene del Cerro Caracol parece inundar la Calle Víctor Lamas. Muy cerca de ahí, entro a lo que parece ser la casa interior de un antiguo inmueble, a la que se llega por medio de un estacionamiento. Hay un poco de gente en la entrada; cuando ingreso, entro de lleno a una arquitectura poco común, estoy de pie en un foyer rodeado de ventanas, detrás de una de ellas hay un chico con una guitarra eléctrica rodeado de computadores ambientando musicalmente la escena, más allá,  un puesto de venta de estampados y ropa, cerca de mi espalda, un puesto improvisado en una mesa que vende empanadas y tacos vegetarianos. Busco a Susana Chau con la mirada y no la encuentro, ella es una de las gestoras del lugar. El espacio se llama Singularity Sur y está lleno de gente que circula de una habitación a otra o que se instala en el patio a fumar y conversar como si estuviera en su casa. Sigo explorando hasta llegar a una cocina; en ella, también llena de personas, la encuentro. Nos saludamos de un abrazo. -Hola, que bueno que viniste -me dice. Después de saludarnos, recorremos el lugar  y entramos a una gran habitación con máquinas de coser por todos lados. -¿Qué pasa en esta pieza? -pregunto. -Estás en medio de un taller, se están impartiendo técnicas de costura y confección de textiles -contesta, mirando la multitud, en la mayoría gente joven de no más de 30 años. Difícilmente notan nuestra presencia: todos están concentrados en lo que hacen.

Taller de Costura en Singularity Sur, Concepción

Taller de Costura en Singularity Sur, Concepción

Singularity Sur, Taller de impresión 3d

Singularity Sur, Taller de impresión 3d

Volvemos a la cocina a conversar, mientras al mismo tiempo parece ocupada cocinando algo que seguramente irá a la venta para mantener el lugar. Me cuenta que “Singularity Sur” está gestionado por personas de heterogéneos intereses y disciplinas: diseñadores, artistas, periodistas, arquitectos, comunicadores, actores, audiovisuales, que tienen en común el concebir la tecnología y el trabajo colaborativo como una fuente de experimentación para la participación con la comunidad y la construcción de conocimiento colectivo. “De hecho, su nombre está tomado del concepto científico de “singularidad”, el que describe un instante en la evolución del hombre, en el cual todo lo que se ha aprendido y alcanzado estará obsoleto debido a que la mente humana llegaría a un estado singular de entendimiento; algo así como un salto cuántico que lo resignificaría completamente y lo ubicaría dentro de una realidad incomprensible para el estado actual de nuestra mente”, agrega Braulio Gatica, otro de los gestores del lugar, quien hace pocos segundos se nos había unido. El apellido “sur”, en tanto, está dentro del esfuerzo por reposicionar el valor de la geografía regional, desafiando las políticas centralistas y distributivas. Susana agrega: “Nosotros llegamos a esto a través de la experimentación, ninguno sabía exactamente qué hacer, coincidíamos en las mismas redes e intereses y de a poco fuimos uniéndonos y empezamos a trabajar en base a la improvisación, que pensamos tiene una lógica mucha más armoniosa y natural porque funciona en base a la adaptación de situaciones”.

Singularity se plantea a sí misma como un decodificador cultural frente a la comunidad. Asuntos como la experiencia estética y el lenguaje artístico desde sus conceptos, son temas de constante interés para este grupo de jóvenes, que buscan entregar  a la comunidad, arte, ciencia y técnica a través de la experiencia, alejándose de conceptualizaciones incomprensibles y convergiendo en un proceso fenomenológico los atributos propios del aprendizaje. “No nos interesan los conceptos de ’emprendimiento’ ni de microempresa – agrega Braulio-, nosotros entregamos, al que le interese, una experiencia artística libre y gratuita que le permita resignificar su propio lenguaje a través del cruce entre ciencia y tecnología.”

La manera que tiene Singularity Sur de crear vínculos con un público se aleja por completo del formato expositivo y distante; abandona el método de dejar a la suerte del espectador la compresión de las expresiones con las que puede encontrarse ahí; en este lugar, la invitación es libre para “conectarse” y crear un propio entendimiento de lo que se hace. Desde aquí es que predominen los conversatorios, los proyectos multimediales interactivos, los talleres y las presentaciones; todo parte de un pack de información para que cada uno decodifique. Recientemente, la artista multimedial Yto Aranda realizó una exposición de su trabajo de forma gratuita, que incluyó conversaciones en torno al arte kinético y la pintura electrónica. Braulio es categórico: “Nuestro interés está en la fenomenología, porque eso nos hace enfocarnos en los procesos que constituyen la experiencia y cómo la tecnología puede usarse en ese ámbito para crear arte”.

Singularity Sur, Charla de la artista Yto Aranda

Singularity Sur, Charla de la artista Yto Aranda

Desde siempre, la experiencia, la actitud de “crear haciendo” y ser partícipe de procesos,  ha sido la herramienta pedagógica por excelencia, y en el caso de Singularity Sur , claramente es un política de acción dentro de sus actividades, lo que se deja ver en iniciativas tales como los talleres para utilizar “arduino” (la forma más básica de procesador de instrucciones o “computador”) y aplicarlo a diversas tecnologías.

 ¿Pero qué pasa con aquellas manifestaciones artísticas que sí son esencialmente expositivas, como el grabado, la pintura, la ilustración?, puesto que estas disciplinas son las que más se encuentran encerradas bajo el viejo paradigma de la representación y venta, impuesto por galerías comerciales y museos. “Zaguán” se llama el lugar que propone revitalizar esta relación entre obra y público.

Aquí vienen los artistas a generar un diálogo”

La frase título es de Rosa Valdivia, artista visual originaria de Iquique, quien junto a Cristóbal Florín y Alexis Segovia conforman, “Zaguán, Arte y Libros” una pequeña tienda muy cerca del centro de la ciudad que se define como un lugar de venta de arte contemporáneo y libros relacionados. Concebida como una fusión entre la productora “La Tregua” y la editorial “Ku”, se ha destacado dentro de la cartelera penquista como un espacio de difusión de arte contemporáneo muy similar al estilo de la original, “Del Aire Artería”, donde los artistas presentan su trabajo, se realizan conversatorios, lanzamientos de libros y presentaciones de música en vivo.

Es sábado por la tarde y me encuentro justo en el centro de la pequeña sala que conforma el lugar, rodeado de obras de diverso tipo: pintura, fotografía, bordados, serigrafía. Estoy solo con ellos y la grabadora que ubico entre los cuatro tensiona levemente el ambiente, afortunadamente, Cristóbal aparece pronto con una botella de vino y unas copas. Empiezo preguntándoles por Concepción. Para ellos, Conce, siempre ha sido un lugar con mucho potencial creativo, pero que “por alguna razón, no sé por qué diablos sentía que no pasaba nada, cuando llegué aquí”, explica Rosa, entre risas. Lo cierto es que su observación no está muy lejos de la realidad; los que crecimos en Concepción sabemos perfectamente que ese “estancamiento” fue real hasta hace muy poco. Y aunque mucho antes, fue un digno representante de la vanguardia cultural chilena, hoy en día, representa más bien una sociedad tradicionalista y conservadora. “Nosotros conocemos el trabajo que hacen lugares como Singularity Sur o Taller Sismo y pensamos que pueden pasar cosas muy interesantes trabajando en conjunto”, explica Rosa, “no me interesa, personalmente, lo que pasa en Santiago, por ejemplo, donde hay un lobby más duro para la difusión y realización de proyectos, acá somos todos más amigos, y desde los afectos, las cosas son más fáciles de hacer en ese sentido, nadie compite con nadie”. En Zaguán también hay una visión extranjera de la ciudad, Rosa es de Iquique y Alexis de Coyhaique, la impresión que se desprende de ellos es que, en general, Concepción es una ciudad conservadora y muy tímida.

Zaguán, performance de Liuska Astete

Zaguán, performance de Liuska Astete

Quizás eso es lo que lleva a Zaguán a presentarse al público desde la invitación y la apertura,  convocando a artistas que quieran crear un diálogo con la audiencia desde un lenguaje más contemporáneo. Por supuesto que para Zaguán existe la intención, al igual que Singularity Sur, de ejercer inclusividad, la que se deja ver en una decidora frase de Rosa:  “Para mí era importante que este lugar tuviera toda la visibilidad de una peluquería, por ejemplo, que la gente pasara y mirara, que le entrara curiosidad por ver que aquí hay algo”. Aun así, tienen claro que eso conlleva ciertos riesgos, como enfrentarse a ciertos personajes que directamente les han increpado de exhibir las obras en vitrina como “arte”, evidenciando una suerte de intolerancia frente a un esforzado trabajo de difusión y educación.  “Hemos tenido que aprender el juego de acá”, dice Alexis. Por una parte, necesitan vender para poder mantener el espacio, pero por otro lado, parte de lo que los motiva es mantener la gratuidad de sus actividades para el público. Eso, y la calidad de lo que tienen a disposición para la gente: “Una cosa que no nos gusta es cuando vemos que los espacios de arte contemporáneo después empiezan a vender objetos de diseño, pensamos que eso le quita valor a la obra y mal educa al público, empiezan a comparar el precio de los objetos sin entender el valor que hay detrás de dos tipos distintos de expresión”. Es todo parte de un proceso de adaptación y de educación al público que los de Zaguán han tenido que aprender. “Nos dimos cuenta que la gente prefiere comprar con RedCompra, por ejemplo, porque parece que tienen un problema con el dinero físico, así que vamos a tener que ofrecer RedCompra”, explica Rosa, “no me gustan las redes sociales, tampoco, porque encuentro que la gente las usa mal, pero Zaguán está en las redes sociales y hoy este tipo de plataformas son herramientas que no podemos desconocer”. Alexis agrega con actitud seria: “Son estrategias que hemos tenido que levantar”.  En efecto, mucho de este tipo lugares se han tenido que apoyar de las redes sociales para crear una visibilidad que de otra manera se les haría bastante esquiva; un método que por lo demás, empieza a ser la tónica para la mayoría de los espacios autogestionados chilenos.

Levantar Territorio 

En el casco histórico de la ciudad de Concepción- aquel que aún resiste el avance demoledor e irrespetuoso del boom inmobiliario que ha exterminado gran parte del patrimonio arquitectónico moderno de la ciudad- aparecen con frecuencia, como bengalas de alerta – también a través de las redes sociales- diversas actividades de carácter cultural y artístico que atrae un público particular. Hay que pensar, a modo de contexto urbano, que Concepción y el comercio  se ha manifestado bajo la forma de monstruosos malls en cantidad excesiva para la cantidad de habitantes que pululan en el Concepción metropolitano, mal acostumbrando a los ciudadanos en sus hábitos de circulación, generando progresivamente que las personas no visiten aquellos lugares que quedan fuera del circuito duramente comercial. En este contexto es donde además surgen otros dos espacios que han conformado un eje de acción en el barrio viejo, y que apuestan por quebrar ese status; se trata de Taller Sismo y Casa 916.

Hay que subir por calle Castellón para llegar a Casa 916, y no digo “subir” sólo por la numeración, sino también porque la calle, después de pasar la Avenida Los Carrera, va en subida. Cuando llego, golpeo la puerta de metal y me recibe Sebastián Rivas, licenciado de Artes Visuales y Gestión Cultural.  En el hall de entrada de la casa está la famosa vitrina con ruedas del Colectivo Móvil, que ya tiene un lugar de exhibición permanente en este lugar. Nuevamente pasamos a la cocina de la casa para conversar. Sentados en una mesa, también con nosotros, se encuentra Emmanuel Velásquez, de Taller Sismo y Estéfano Ozuljevich, de Casa 916. “Cuéntenme -les digo- a ustedes ¿cómo les gusta definirse?” Sebastián: “Nosotros nos enfocamos a crear instancias de distinto tipo para formar comunión con las personas que viven aquí, desde calle Los Carrera para acá; el sector antiguo de la ciudad. Somos un espacio expositivo, pero también hacemos talleres para la comunidad más cercana”. Emmanuel difiere un poco en lo que respecta a su caso. “En el caso de nosotros, de Taller Sismo, ha sido un poco más lento ese vínculo con la comunidad en el día a día, al menos en la comunidad próxima… La proyección que tenemos es apuntar hacia la editorialización de las acciones, productos y vínculos que podemos generar en el futuro, especialmente nos interesa que ese vínculo sea desde lo territorial, por ejemplo, mapear el territorio desde lo artístico es un proyecto que queremos hacer, centrarnos en los humedales, en los barrios, en la arquitectura u otros elementos que nos parecen interesantes.”  Esa editorialidad de la que habla Emmanuel, también ha ido concretamente al campo de lo material, por ejemplo, el Taller de Fotolibros que se realizó en la Universidad de Concepción en el marco del Seminario de Fotografía 2014. Taller Sismo hizo la encuadernación de los trabajos seleccionados para crear ediciones empastadas de los proyectos fotográficos. “Fuimos a solucionar una cuestión netamente técnica, que era el empastado de estos libros resultado del taller, pero terminamos sintiendo que fuimos un engranaje más de una acción política mucho mayor, la que se ve representada fuertemente en el trabajo de cada fotógrafo y al mismo tiempo en el rescate de un oficio milenario como es la encuadernación manual”, concluye Emmanuel.

Casa 916, una típica casa de barrio mantenida por jóvenes egresados de artes visuales, ha dado que hablar en ambientes que son cercanos a la academia como también en el espacio cultural más informal debido a las exposiciones y talleres que han realizado,  y que han contado con la participación de artistas como el curador y artista medial Reiner Krausse o el fotógrafo venezolano, Nelson Garrido. Por su parte, Taller Sismo-quizás en un ambiente más informal y menos “expositivo”-  ha albergado las “performances culinarias” de la artista y docente de la Universidad de Concepción, Natascha de Cortillas, las que dan lugar a que diversos artistas asistan a esos rescates gastronómicos vernaculares que ella produce, con el fin de generar reflexión, desarrollar alianzas y aprender de recetas de cocina que son en definitiva, verdadero patrimonio. Pero también hay actividades abiertas a la comunidad, como son los ciclos de Cine OVNI o conciertos de músicos o bandas, tanto de Concepción como fuera de la región.

Taller Sismo, Performance culinaria de Natascha de Cortillas, 2013- 2014

Taller Sismo, Performance culinaria de Natascha de Cortillas, 2013- 2014

“Hay algo muy interesante que se da con Casa 916 y Taller Sismo, que es justamente esa dicotomía que se da entre periferia y centro, entre institucionalidad y espacio autónomo” apunta Estéfano, “es raro, porque muchas de las personas que usan estos espacios, también vienen aquí desde la institucionalidad, en lo concreto, profes que vienen de la universidad a exponer o mostrar sus trabajos que son parte de su investigación artística porque entienden la riqueza de emplazar su trabajo en la periferia, en sectores donde parece no haber cultura de apreciación artística.”

Aunque no únicamente profesores universitarios han encontrado en estos lugares un espacio ideal o interesante en el cual mostrar su investigación; una de las últimas exposiciones fotográficas en Casa 916, fue “Memoria Sensorial”  del Colectivo VAF, originario de La Serena; un emotivo trabajo que busca el rescate identitario a través de fotografías de archivos de antepasados.

Mientras seguimos conversando, un “clac” lo interrumpe todo: es la grabadora acusando el fin del cassette, pero la conversación continúa un rato más en la mesa del comedor. Se habla de los planes para el 2015, en la creación de instancias participativas entre estos cuatro espacios,  que confluya en procesos de colaboración y en especial  de “afiatar” el delicado vínculo que las artes visuales empiezan a tener con un nuevo público; aquél que no acostumbra visitar galerías y salas de exhibición, pero si ir a la vuelta de la esquina donde las puertas están abiertas para una conversación, exhibición, presentación de obras, talleres abiertos, aprendizaje de oficios y otras actividades alejadas del formalismo y la institución.

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Casa 916, exposición Memoria Sensorial del Colectivo VAF, 2014

La verdad es que ya ha pasado un año desde que estos lugares han generado reflexión en torno al arte y entregado su pequeña parte en la transformación de una sociedad penquista que se había quedado más bien estancada estos últimos años en el quehacer cultural, principalmente en el espacio de las artes visuales; un año que han esbozado un historial más o menos relevante en el sentido mencionado y que se espera se magnifique a nuevas experiencias en la sociedad. Un objetivo posible y propio de ciudades más pequeñas como Concepción.

Pienso que es un desafío que está constantemente en el inconsciente de todos los que nos dedicamos al arte de alguna u otra forma, en especial cuando se circula por la ciudad y encontramos arquitectura histórica demolida, gigantescas torres habitacionales, construcciones alienadas del curso arquitectónico histórico y malls que nos recuerdan una suerte de batalla entre los que  agreden el sentido de la belleza, del arte,  y los que tratan de rescatarla.

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