Cría Cuervas, de Gabriela Rivera

La exposición Cría Cuervas en Galería Bech de Gabriela Rivera nos invita a una reflexión sagaz que, felizmente, aleja a la maternidad de los caminos extremos de las definiciones esencialistas de lo femenino. Es entonces que se hace evidente que la maternidad y la crianza es, y ha sido, un espacio de lucha y debate, el cual es cubierto por el velo del discurso que reduce a las mujeres al ámbito del hogar y que posiciona a modo de extensión mujer- maternidad- labores domésticas- subordinación. Por este motivo, es en el enfrentamiento con la visión hegemónica de la maternidad donde surge la crítica, el diálogo y la rebelión contra los lugares comunes de la abnegación, el heroísmo e incondicionalidad del amor materno por un lado, y de la culpa o la victimización de otro, haciendo de la matrilinealidad un espacio/tiempo de autonomía y transformaciones bidireccional.

Gabriela Rivera, Cría Cuervas, 2014-2015.

Gabriela Rivera, Cría Cuervas, 2014-2015.

Fotografías de gran formato y una instalación dan cuerpo a la exposición que llega al público a través de lo visual, lo táctil y lo olfativo. Rivera hace uso de una mesa donde se encuentran tres cabezas cubiertas cada una con una máscara de cuero crudo de animal, a las que sometió a un proceso de taxidermia, mismas máscaras utilizadas para las fotografías, junto a pequeñas piezas del proceso de construcción de obra. Distintos aspectos del desarrollo de la práctica de Rivera se conjugan en “Cría Cuervas” en las que despliega sus significantes predilectos; la carne cruda (específicamente el cuero de pollo y otras partes como lenguas, etc.), la costura, la piel humana y el cuerpo. Sugiriendo la repetición de la ritualidad en la crianza, las escenas nos muestran a una mujer joven, otra madura y una niña, las que son la artista, su madre y su hija: un clan unido por la matrilinealidad. La atmósfera completa resalta el sentido abyecto y oscuro que contienen las relaciones entre abuela, madre e hija/nieta, que cosen sus carnes crudas y se dan forma entre ellas, significadas por los hilos, las agujas y el acto de coserse una a la otra.

Sala Galería BECH, 2016

La crianza entendida como los cuidados y la transferencia, deliberada o no, de valores, patrones, referentes, creencias sociales, políticas y religiosas, es un proceso que a través de la repetición, de generación en generación, colabora de forma determinante en la constitución de las personas (mujeres y hombres) y por tanto también de su medio y sus relaciones. Tal como lo muestran las fotografías del proceso, podemos entender que la costura así como la crianza son actos rituales que dan forma (en cada puntada y en cada acto repetitivo) y que aquellas fracturas que quedan a modo de marcas bien pueden ser la evidencia del cambio, de las dificultades e incluso contradicciones que todo proceso de constitución de sujeto contiene, especialmente para las mujeres en una sociedad patriarcal.

Al estilo de una fotonarración, nos hablan de la iteración de ese acto en la historia y, junto con ello, de las posibilidades de que se produzcan cambios a través de esas costuras que hacen la diferencia entre un rostro y otro, una forma de ser y otra. Es entonces que aparece la crianza como un modo subversivo de vida, que puede generar seres abyectos, seres que se escapan de las normas, de las expectativas y mandatos de género y clase: ¡Cría cuervas… para que les saquen los ojos!. Para que les saquen los ojos, decimos nosotras, porque no se trata solamente de rebelarse ante quien nos cría si no ante los mandatos sociales que nos obligan a ser y actuar de determinadas maneras, encarnados en la autoridad patriarcal. Así, la costura no es sólo un acto que da forma desde la madre a la hija, sino desde la hija a la madre, y desde los sujetos a la sociedad, cuestionando y transformando lo que ha llegado cosido desde el pasado. Con esta lectura, la obra nos conduce a reflexionar en torno a la maternidad y la crianza como actos rebeldes, como un acto casi mágico que se encuentra en el inconsciente -oscuridad de las imágenes.

Invitación Cría Cuervas, Galería Bech

Invitación Cría Cuervas, Galería Bech

En este sentido es importante recalcar como cobra importancia el ritual y la máscara en tanto portadores de lo fantástico y de la pertenencia a un linaje, a un clan. Las cuervas son animales oscuros que cargan con una connotación negativa, alejadas de toda idea occidental de maternidad y feminidad dominante (las mujeres rebeldes tienen siempre alguna connotación oscura y negativa para los ojos de la dominación), recuerdan los saberes ocultos y subversivos que toda maternidad/ crianza/ construcción puede poner en práctica, cambiando las visiones, resignificando un proceso que no es sólo cuidar y amar, sino que es sobre todo dar forma al mundo. Por ello, la fotografía, en que la pequeña cuerva-bestia nos mira fijamente con la aguja en su mano, conjura la continuación de este ritual con potencial rebelde.
Finalmente, “Cría cuervas” es una obra que pone en relación los aspectos políticos de la maternidad y las artes, sitúa ante los sentidos para la reflexión esos aspectos en movimiento que se suelen mantener en la quietud y el silencio cuando se trata de la maternidad y la estética.

° Este texto curatorial de Stella y Mónica Salinero hace parte de la exposición Cría Cuervas.
Galería BECH Inauguración, 8 de enero 2016, 19:30 hrs. Av Libertador Bernardo O’Higgins 123, Santiago.

Fotografías: Gabriela Rivera, Cría cuervas, fotografía digital, 80 x 150 cms, 2014. Cortesía de la artista.
Link artista: http://www.gabrielarivera.blogspot.com/