Arder no es desaparecer
Sobre la muestra de Pedro Lemebel en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, inaugurada a un año de su muerte

“Como la mano no puede soltar el objeto ardiente sobre el que su piel se derrite y se pega, así la imagen, la idea que nos vuelve locos de dolor no puede arrancarse del alma, y todos los esfuerzos y separaciones del espíritu para deshacerse/desmontarse la arrastran con ellos.”
Paul Valéry

“Tenía tanto frío que ardía”
Anne Carson

 

En sus Cartas luteranas 1  y advertido de que sus palabras pueden parecer abyectas y reaccionarias, Pasolini adopta una penetrante categoría para testimoniar sobre la decadencia y el conformismo de la sociedad italiana de postguerra: “los destinados a estar muertos” y que sin embargo sobrevivieron. En ellos, dice Pasolini, se anidaría el sentimiento inconsciente de ser “una carga” y “estar de más”, sentimiento que derivaría en un ansia de normalidad, de “adhesión total y sin reservas a la horda”, en una voluntad “no sólo de no parecer diferentes sino de ser casi indiscernibles”. Hombres adictos a la obediencia y la renuncia, con una fuerte tendencia a la infelicidad y la fealdad, avergonzados de la juventud y el cuerpo.

Frida II, 1990 Fotografía, Pedro Marinello, 70 x 90 cm.

Frida I, 1990 Fotografía, Pedro Marinello, 70 x 90 cm.

La osadía de esa afirmación puede ser sin embargo traducida o levemente alterada para pensar el trabajo anatómico-político que modela y sella incansablemente los cuerpos. Los “destinados a estar muertos”: esa frase tiene aquí la fuerza de una metáfora que invita a pensar en todos aquellos esquemas conceptuales que definen brutalmente qué vidas importan, qué vidas son humanas, qué vidas deben ser lloradas y cuáles son en cambio una amenaza para ese festín humanista.

Criticar esos esquemas conceptuales es la tarea que queda. Pasolini también lo sabía, por eso en un giro conmovedor interpela al destinatario de sus cartas: “entre los destinados a estar muertos hay seres al menos tan adorables como tú, tan manifiestamente destinados a la vida”2.  Y Pedro Lemebel, su trabajo de escritura y visualidad encarnaron esa apuesta de la que ahora Arder es un muestrario, un testimonio de un cuerpo que sobrevivió usando los recursos de la contradicción, la desfachatez, la desmesura, la honestidad, el sarcasmo y el camaleonismo, de un cuerpo que no dudó en frotarse con rostros desolados y hombres sin parte como los que “habitan en las películas de Favio, en los libros de Puig, en los cadáveres de Perlongher”, construyendo con ellos “una iglesia de palabras encadenadas por el barro y la musiquita de los tristes”.

Vista exposición Arder , 2015 Fotografía, Luis Piñango

Vista exposición Arder , 2015 Fotografía, Luis Piñango

En el gran muro que recibe al visitante de Arder está inscrito el ya conocido Manifiesto de Lemebel, Hablo por mi diferencia. Hay pocas escrituras contemporáneas donde los cuerpos se encuentren tan expuestos, los golpes duelan más, el realismo sea un asunto álgido y descarnado y la destinación a la muerte una potencia vital. Una escritura de guerra que dispara contra toda policía ideológica, la de izquierda y de derecha, la heterosexual y homosexual, la democrática y conservadora, la de la lengua y la literatura, la de la militancia y el activismo; máquinas que trabajan incansablemente en la producción de cuerpos dóciles para luego sobre ellos gobernar. Porque es cierto, Lemebel fue tan desobediente como intratable, y allí se encuentra quizás el filo con que su escritura rompe el hielo, la astucia con que logró fastidiar a los fanáticos de los estereotipos, las marcas y los clichés, para devolverles en cambio “pedazos de carne” movidos por la pulsión.

  Exhibida en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, esta muestra itinerante –primero expuesta en Galería D21 Proyectos de Arte, el año 2014 y luego en Galería Metales Pesados el 2015- comisariada por Pedro Montes y Sergio Parra, constituye una retrospectiva de registros fotográficos y audiovisuales de performances e intervenciones públicas que Lemebel realizó desde fines de la década del 80 hasta el año que recién pasó.

Alacranes en la marcha, 1994 Fotografía, Gabriela Jara, 85 x 110 cm

Alacranes en la marcha, 1994 Fotografía, Gabriela Jara, 85 x 110 cm

¿Cómo leer esas imágenes cuándo el fantasma de la muerte de Lemebel no deja de rondar, cuándo la conmemoración es el ánimo que ahora quizás las imprime? Si fuera así, si a esta muestra la terminó de madrugar la muerte de su propio protagonista, no es del todo forzoso ver en ella un “ritual de lamentación” destinado a visualizar plásticamente la relación compleja con la sombra de la muerte, una posibilidad de “tocar el tiempo”, de  “tocar el dolor” propio del trabajo de duelo. Sin embargo en una época donde podemos “ver y escuchar” a los muertos, donde los obituarios y conmemoraciones emergen demasiado próximos al evento de la muerte, donde la galería, el museo y la institución artística disputan los archivos, ello no constituiría precisamente una singularidad. Lo que volvería a estas imágenes pequeños “rituales de lamentación” no es entonces la posteridad o su condición de archivo, o no sólo eso, sino el propio modo en que Lemebel concebía el poder o la vida de la imagen: carne y gestualidad retentiva y rememorante. Pierre Fédida afirma lo siguiente al respecto: “En un mundo que deshace los cuerpos vaciando la imagen de su poder genealógico (…) se pierde la ausencia”.

Si bien cada imagen de Arder puede ser leída ella misma como una cifra que mantiene en su horizonte una referencia histórico-biográfica, podemos sin embargo agruparlas bajo la clave que anticipábamos, es decir, como formas que buscan retener una ausencia, como “sepulturas sensoriales del ausente: unas sombras encarnadas”, diría Didi-Huberman 3. Y Lemebel utiliza su propio cuerpo vivo para hacerlo, como si él mismo fuera una Piedad o una madre enlutada que sostiene entre sus brazos todos aquellos cuerpos destinados a morir sin amor. “Cómo cuesta encontrar el amor en estas condiciones, Usted no sabe”, se lee en su Manifiesto. Amor de la foto, amor de la imagen que en su pasión rememorante hace surgir el deseo y la protesta, la historia y sus discursos, el documento y la barbarie, el miedo y la pulsión.

Desnudo Bajando la Escalera de Pedro Marinello (fotografía no impresa)

Desnudo Bajando la Escalera de Pedro Marinello (fotografía no impresa)

Trasvestido en el cuerpo “discapacitado” de Frida Kahlo, en el cuerpo “enfermo” del sidoso, en el cuerpo “estigmatizado” del comunista, en el cuerpo “autoinmolado” de la desobediencia civil, trasvestido entonces en aquellos “cuerpos que faltan”, en aquellos “cuerpos destinados a morir”, Lemebel mantiene una posición crítica y atenta a los procesos de exclusión que toda ficción identitaria genera.  Autor anárquico entonces, que no intenta reivindicar lo propio de una comunidad (gay, discapacitada, comunista, etc.) sino producir campos de fuerza que sean capaces de devolverle el cuerpo al hombre, el cuerpo en su exquista materialidad, campos de fuerza que disputan intensamente la relación entre el cuerpo y el mundo, para que nadie entonces muera sin amor.

¿Qué queda de aquello que arde? Algo tan poco visible y frágil como la ceniza. Man Ray, quien fotografió el polvo y la ceniza, algo dijo sobre esa tenue sobrevida: “el reconocimiento de ese objeto (consumido por las llamas), excluye toda posibilidad de clasificación o de asimilación a un sistema”4 Una imagen que arde, entonces, no se deja elucidar como cliché visual sino que abre signos secretos que exigen un trabajo de imaginación y rememoración. Allí radicaría su resistencia, su potencia, su existencia pese a todo, y Lemebel, quien entonces todavía vivía al momento de escoger un nombre para su retrospectiva, sabía que arder no es desaparecer.

ARDER

14 de enero -10 de abril 2016
Museo de la Memoria y los Derechos Humanos.
Matucana 501, Metro Quinta Normal, Santiago – Chile

Fotografías cortesía Galería Proyectos D21

nota

 

 

 

  1.  Pasolini, Pier Paolo. Cartas luteranas. Madrid: Trotta, 2010
  2.  Ibid, p. 60
  3. Citado en Didi-Huberman, Georges. “El gesto fantasma”, Acto. Revista de pensamiento artístico contemporáneo nº 4. 2008: 280-291
  4.  Man Ray. “La era de la luz”. Fotografía y fotógrafos. Web. 24 enero 2016 http://fotografiayfotografos.blogspot.cl/2009/05/la-era-de-la-luz-por-man-ray.html