Escenificar la ausencia:
Superficies y objetos en Time After Time de Florencia Alvarado

 

«La única densidad que la fotografía conoce, son los pensamientos que depositamos sobre su cubierta. Nos abrimos ante ella regando por doquier nuestros fantasmas como flores de las que se vale para encriptarse una vez más, engrosando la superficie de su lápida»
Willy Thayer

 

Los rostros que permanecen fuera de campo, el portarretrato envejecido contenedor de la imagen ausente, el gesto de fotografiar y fragmentar imágenes que evocan lo familiar, la mirada detenida sobre las marcas de la vejez, son algunas de las vecindades establecidas en el recorrido del más reciente trabajo de Florencia Alvarado (1984), Time After Time. En este proyecto visual, la artista deviene una cronista que se acerca a ciertos materiales para inspeccionar imágenes producidas por otros, observar el reverso de los objetos y componer una idea de lo anónimo.

Tal producción de anonimato ocurre, primero, por un descentramiento de la figura de la autora, quien parece interpretar a un personaje que expone, en los vestigios de papeles y objetos, cierta discontinuidad histórica; y segundo, por el desconocimiento del origen, es decir, por la borradura de la huella autoral de los retratos que son vueltos a fotografiar. Así pues, imaginamos que lo anónimo se tiende entre la ficción de la subjetividad de quien se aproxima con sigilo a la doméstica intimidad de cierta persona —es irrelevante preguntarse por la procedencia de los objetos— y el relato que podría desprenderse al observar estos documentos envueltos por el halo archivístico de la memoria.

Time After Time, Museo de Arte Contemporáneo del Zulia Maczul, Venezuela, 2016

Time After Time, Museo de Arte Contemporáneo del Zulia Maczul, Venezuela, 2016

«Escrito en que no se expresa el nombre del autor»1 y «de nombre desconocido que se oculta»2, son dos definiciones de ‘anónimo’ que funcionan como umbral para presentir la dinámica que se fragua en este ejercicio visual donde las identidades, lejos de permanecer fijas, son movedizas. Dicho movimiento se hace tangible a través del encuadre que recorta y desenfoca los rostros de las fotografías en las cuales se pone en cuestión la condición expresiva del retrato. Los sujetos que aparecen son tan desconocidos como el fotógrafo que captura la escena.

Time After Time, Museo de Arte Contemporáneo del Zulia Maczul, Venezuela, 2016

Time After Time, Museo de Arte Contemporáneo del Zulia Maczul, Venezuela, 2016

Dice Roland Barthes que a la fotografía le pertenece ese gesto ostensivo y deíctico que lleva adherido su referente. «La fotografía dice: esto, es esto, es asá, es tal cual, y no dice otra cosa»3, sin embargo, en esta serie fotográfica de Alvarado queda desdibujado el referente al hacer irreconocible su transparencia como testimonio de veracidad. El problema del referente es singularizado cuando vemos que en el centro de unas de las imágenes, aparece una persona con parte de la cabeza recortada, acompañada por dos rostros asomados en los bordes. Es apenas el segmento, suponemos, de una fotografía grupal donde todos posan de forma frontal. El enfoque, perdido, nubla por completo el cuadro mostrado; el ruido aumentado deforma las figuras, sus rasgos se vuelven ilegibles. En este doble acto que supone fotografiar una imagen antigua, la nitidez, inoperante, desaparece; ¿es acaso un ejercicio de reinterpretación de aquellos documentos de índole ritual? ¿Una crítica a la fotografía como medio de representación de lo real? En este sentido, la operación de Alvarado ocasiona un desarreglo al carácter ostensivo de cierto tipo de fotografía que remite al «esto ha sido» barthesiano. Desajusta su función de testigo al interrumpir el sentido común de su condición documental y atentar contra la estable rememoración que suscita la inscripción del índex.

Time After Time, Museo de Arte Contemporáneo del Zulia Maczul, Venezuela, 2016

Time After Time, Museo de Arte Contemporáneo del Zulia Maczul, 2016

La mirada que ausculta estos objetos observa los aspectos insignificantes del espacio y se posa sobre sus aspectos menos visibles. Indiferente ante lo que podría resultar ‘atractivo’, exhibe sin emoción exaltada sus pequeños hallazgos. El ojo de Alvarado se detiene, —¿y descifra?— aquellas superficies que pueblan lo doméstico: la apariencia de relieves y extensiones vinculadas a objetos cuya función era, o es aún, la de resguardar imágenes análogas que registraron —intuimos— acontecimientos significativos. Momentos que fueron almacenados dentro de estos contenedores de la memoria biográfica. Así es como, en el recorrido por los objetos sin aparente importancia visual, encontramos el soporte de exhibición de la fotografía: un rectángulo envejecido que tiene las marcas oscuras de una cinta que estuvo allí para prensar o pegar algo. Al interior, hay un óvalo amarillo vacío con manchas sepias alrededor que evidencian el paso del tiempo.

El ángulo de la anterior imagen comentada, también se repite en otras fotografías de la serie. Desde arriba, y de forma cenital, técnicamente se capturan estas escenas que reposan sobre un soporte neutro. Parece la perspectiva de quien vigila la materialidad de los objetos reunidos para ser clasificados, analizados, comparados. En otra imagen, se muestra el reverso de un portarretrato negro colocado sobre un fondo plano. La dimensión de su escala funciona como pretexto para mostrar una suerte de mancha oscura rectangular. Cualquier tentativa de relato queda desalojada ante la quietud de la pieza que parece extraída de los desechos caseros.

En torno al tratamiento estético de los planos y la temperatura, la artista apunta que sus elecciones como fotógrafa «están más cercanas a una visión del tema fotografiado según el arte (el arte contemporáneo, el conceptualismo) y la pintura misma (bodegones, naturalezas muertas) que de la tradición estética que la fotografía documental»4. Esta suerte de lejana proximidad y objetiva apariencia, permite presentar el problema matriz que trama y atraviesa Time After Time: cómo, a través de la presencia misma del objeto, dar cuenta de una falta, o cómo usar la imagen para señalar la ausencia de imagen. La condición física del recipiente donde estuvo depositado el papel o la puesta en escena del portarretrato supone, paradójicamente, la desaparición del régimen visible pues no hay indicio alguno del material que estuvo allí conservado. El objeto, entonces, escenifica su ausencia y la hace aparecer.

En esta misma atmósfera visual, otra de las fotografías muestra el reverso de un cuadro que podría ser el de una pintura o el de una foto que no vemos. La mirada se aproxima a la zona superior del cuadro y segmenta la materialidad del cartón que sirve como soporte para sostener y mantener una imagen que permanece reservada. En la parte superior, una desgastada cinta adhesiva atraviesa su extensión; mientras de forma descendente, aparece un pequeño gancho oxidado de forma triangular, usado para colgar el objeto, y debajo del cual aparecen escritos en lápiz los números 1121.  ¿A qué correspondería esa cifra en este paisaje de poca relevancia? Ese relieve retratado lleva implícito la idea de la imagen que permanece en su reverso, es decir, en la composición que acota y captura ese fragmento de cartón deteriorado, aparece la pregunta por la imagen que no vemos.

Time After Time, Museo de Arte Contemporáneo del Zulia Maczul, Venezuela, 2016

Time After Time, Museo de Arte Contemporáneo del Zulia Maczul, 2016

Las aproximaciones a las capas y relieves de las cosas fotografiadas, esbozan una arqueología de los objetos que nos acerca a la concepción de la imagen alegórica de Walter Benjamin, en cuanto ruina y fragmento donde se constatan los aspectos desechados de la naturaleza; donde acaece la extinción de los fenómenos. La serie también recuerda al filósofo de la imagen, François Soulages cuando afirma que «lo insignificante es esencial a la acción fotográfica, porque permite desbaratar el proyecto técnico y realístico […]»5. En esta serie de Alvarado, no es el acto de interpretar el documento aquello que hace surgir lo insignificante como ocasión para cuestionar lo real, antes bien, es la reelaboración del documento mismo lo que produce nuevas configuraciones de lo sensible que permiten leer la obra desde la apertura.

A propósito de cómo abordar el estatuto documental en este proyecto, Alvarado nos orienta al explicar que «busca que el espectador tenga una experiencia ambigua en cada imagen, y el proceso de llegar a cada fotografía —pensarla, bocetearla, ejecutarla, editarla— responde más a un proceso conceptual, pero derivado de una búsqueda documental del tema». La recepción de la imagen, entonces, ocurre en esa zona de indeterminación donde la interpretación provoca variaciones en la experiencia estética. Deshacer la ilusión de lo real por medio del registro documental, ocurre cuando se fotografía el resto. Aquí, entonces, surge un nuevo parentesco al observar una especie de tarjetera usada para conservar fotos tipo carnet. Vacío y dispuesto de forma horizontal, el objeto se compone de láminas plásticas donde se guardaban algunos retratos miniaturas que podían ser manipulados y vistos a través de la transparente y amarilla textura de su superficie. La pieza, rota en su parte superior, funciona como frontera entre la noción de lo familiar, entendido como estratos de afecto e identidad, y el clima fantasmático que evoca el extravío/extracción de los retratos que estuvieron alguna vez allí.

Cierto pensamiento sobre el álbum fotográfico irradia en algunas imágenes de la exhibición. En una de ellas, vemos una suerte de portarretrato con la foto de un grupo familiar, integrado por una señora y —suponemos— sus hijos: una muchacha, un niño sonriente y una niña menor a un costado cuyo cuerpo y ojo son recortados por la composición seleccionada. A su vez, la escena la conforma el ancho marco del enmarcado que sujeta en su centro esta fotografía que da la sensación de torcedura al tener una disposición distinta a la de su orientación original ¿Cuál es el tipo de halo que envuelve a estos objetos?, ¿qué temporalidad es la que flota sobre ellos?

Time After Time, Museo de Arte Contemporáneo del Zulia Maczul, 2016

Time After Time, Museo de Arte Contemporáneo del Zulia Maczul, 2016

Por otro lado, una de las imágenes que queda como exiliada del conjunto es la del reverso de una tabla de planchar sobre un fondo de madera. Cubren la tabla superposiciones de telas envejecidas sostenidas por un cordón. La superficie del objeto es celeste y, en la parte superior, está la etiqueta ocre con las referencias de la marca y el modelo. De uso doméstico, la pieza pertenece a un lugar que ha sido largo tiempo habitado, y de él emana el sentido de recogimiento propio de una atmósfera hogareña atravesado por el vaporoso calor de una plancha. La fotografía nos habla de la vida íntima y secreta de los objetos olvidados y destinados a funciones específicas. Justamente, es en esa región desapercibida donde descansa la mirada de la fotógrafa quien hace sentir, a través del trazado de sus micro escenas, la intimidad de lo anónimo en las formas de los objetos que regresan como presencia de una ausencia.

Time After Time, Museo de Arte Contemporáneo del Zulia Maczul, Venezuela, 2016

Time After Time, Museo de Arte Contemporáneo del Zulia Maczul, 2016

Desde el giro de lo documental hacia lo conceptual, Time After Time propone un juego de subjetividades que pone en escena el gesto de volver a fotografiar como modo de constitución de nuevos sentidos, como lugar de reflexión para pensar el ilusorio espesor de las imágenes. La muestra confecciona un concepto sobre lo fotográfico desde las materialidades y los pliegues del papel, las sedimentaciones de los objetos y la piel, como territorios donde el tiempo, una y otra vez, va dejando sus huellas. Al demarcar los objetos que hace reaparecer, la artista construye variaciones sobre el tiempo a partir de trozos insignificantes y relieves visuales donde se inscribe la estela de lo anónimo.

En esta indagación que nos ofrece Alvarado, advertimos en el conjunto de su gramática visual tres problemáticas que se interrelacionan y ocurren a la vez. Primero, está el hecho de trabajar con imágenes hechas por otros, e implica la tarea de reelaborar el material ya existente para proponer una nueva reflexión sobre la aparición de la fotografía y sus modos de consumo y apropiación. Segundo, es a partir de la interpretación del retrato que la artista interviene la visualidad del papel a través de procedimientos que resquebrajan la noción de lo documental sobre la cual se erige esa tradición que asocia el rostro del sujeto con la idea de una identidad inalterable. Estrategias que consisten en fragmentar, desenfocar y producir un límite a la imagen, agudizando así su clima de secreto y extrañeza. Finalmente, hacer visible la ausencia por medio de la apariencia del contenedor de la memoria, constituye una tercera problemática que opera y compone la poética de Alvarado.

Time After Time, Museo de Arte Contemporáneo del Zulia Maczul, Venezuela, 2016

Time After Time, Museo de Arte Contemporáneo del Zulia Maczul, Venezuela, 2016

Time After Time de Florencia Alvarado

Museo de Arte Contemporáneo del Zulia Maczul,  Maracaibo, Venezuela, 2016.
Museografía: Gaelle Smits.
Texto de sala: Natasha Tiniacos. 

Desde el 30 de julio al 30 de octubre, 2016

Pagina web Florencia Alvarado: http://florencia-alvarado.com/

nota

 

  1. Barcía, R. Diccionario general etimológico de la lengua española. Buenos Aires: Anaconda. Tomo1, 1945
  2. http://www.rae.es/
  3. Barthes, R. La cámara lúcida. Barcelona: Paidós, 2006, p. 29
  4. Fragmento extraído de diálogo establecido con la artista a través de Internet
  5. Soulages, F. Estética de la fotografía. Buenos Aires: La Marca, 2010. p. 227