“Hombres no somos”: expansiones, fugas e ingresos desde el deseo y la negación

“En ese hiato, en el descentramiento del yo siempre impuesto y la complejidad de inventar un yo que se firma feminista, firma de un devenir, se instaura el feminismo como una práctica innovadora de sentidos.” Alejandra Castillo, el feminismo no es un humanismo.

Hombres no somos”, es el título de una intervención realizada a la exposición “(En)clave masculino”. Esta muestra corresponde a la actual curatoría que exhibe la colección permanente del Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA), institución cuyo rol ha sido resguardar la producción artística nacional con una perspectiva histórica no presente en el momento de su fundación, puesto que en dicho momento su labor consistía en instituir la noción de arte y ser un agente crucial en la configuración del campo artístico. “(En)clave masculino”, en palabras de su curadora Gloria Cortés, es un “análisis de la colección con una mirada relacional entre arte, política y género”, ejercicio inédito en nuestro país para revisar la colección de un museo, pero que cuenta con una larga data a nivel internacional, desde que el feminismo ingresa al arte en la década de los setenta. Por esta razón, a pesar de la larga data que tienen este tipo de trabajos, el ejercicio museográfico propuesto es pertinente, ya que constituye una puesta al día con las políticas de revisión crítica necesarias para pensar el museo y su colección hoy.

Intervención MNBA, 2016. Crédito registro: Diego Argote

Intervención MNBA, 2016. Crédito registro: Diego Argote

Las obras que componen la exposición se organizan bajo un eje crítico que busca visibilizar y cuestionar la masculinidad hegemónica en la esfera artística. El arte, al igual que las otras dimensiones que componen la sociedad, responden en su ordenamiento simbólico al patriarcado, razón por la cual resulta coherente que la predominancia sea masculina también en esta área. Las presencia femenina con respecto a los creadores constituye un porcentaje menor dentro de la colección del museo, como nos muestra la información dispuesta tanto en el muro como en el catálogo (en una operación muy similar a las que el colectivo de arte feminista Guerrilla Girls vienen desarrollando desde los ochenta). Es importante destacar que ese bajo porcentaje es concordante con el rol que históricamente se le ha asignado a la mujer, el que de hecho, no era compatible con ser artista y quienes superaban esta barrera, generalmente mujeres de clase alta, no eran reconocidas por sus pares masculinos y por tanto, su trabajo fue subestimado por la historia y la crítica de arte. Es por ello entonces, que “(En)clave masculino” instala el escaso trabajo hecho por mujeres que la colección recogió, en conjunto con la profusa producción masculina.

Intervención MNBA, 2016. Crédito registro: Diego Argote

Intervención MNBA, 2016. Crédito registro: Diego Argote

La exposición se articula en torno a siete núcleos temáticos: “linaje museal”, “el cuerpo masculino y el homoerotismo”, “androginia y frontera”, “poder y sumisión”, “el muro de las violencias”, “ejercicio voyeur” y “la patrilinealidad”. Estos nos dan cuenta de lo extensa e intensa que es la muestra por la variedad de tópicos que sitúa desde lugares que muchas veces se tornan complejos para el espectador. En términos generales, la propuesta nos invita a mirar la colección desde otra perspectiva, donde lo que prima es cuestionar la noción de masculinidad implícita en las piezas del museo.

En este recorrido propuesto reconocemos las obras que conforman la colección del museo, aquello que es característico del mismo, no obstante desde hace un par de semanas, la propuesta se encuentra atravesada por dos fotografías, un video y un texto, elementos todos que delatan su contemporaneidad y que conforman “Hombres no somos”, intervención mencionada al comienzo y que surge del libro “Inflamadas de retórica. Escrituras promiscuas para una tecnodecolonialidad” (Editorial Desborde, 2016) de Jorge Díaz, biólogo, escritor y activista del Colectivo Universitario de Disidencia Sexual (CUDS) y Johan Mijail, performer y poeta dominicano, ambos activistas de la disidencia sexual. En los muros del museo encontramos sus cuerpos, estos están retratados en una fotografía en blanco y negro a tamaño escala de Paz Errázuriz, quien nos muestra una vez más la captura propia de su vasto trabajo, donde al igual que con sus series de “Luchadores”, las travestis de la “Manzana de Adán” o “Circo”, evidencia con una sutil complicidad, las ficciones que organizan distintos deseos de comunidad. Estas fotografía fueron intervenidas por Felipe Rivas San Martín, artista visual y activista CUDS mediante tags de reconocimiento característicos de facebook en una referencia al origen de gran parte de los textos que componen el libro. El registro fotográfico fue realizado en el mismo museo, este espacio, que en una primera instancia recibió a ambos cuerpos desnudos, dispuestos para posar frente al implicado ojo de Paz Errázuriz, ahora exhibe en un gesto no presupuestado el resultado de un registro hecho originalmente para la portada y contraportada del libro. La dimensión de las fotos y lo erguido de los cuerpos desnudos no dejan de ser incómodas y disruptivas entre las clásicas poses de los cuadros y esculturas que la curadora releva como imágenes homoeróticas, que en la intervención comparecen como explícitas y negadas al mismo tiempo. De un modo similar, las imágenes se han vuelto in-soportables para facebook, plataforma que en lugar de posibilitar el reconocimiento de los autores como propone la intervención de Rivas San Martín, castiga con periodos de inactividad a cualquiera de sus páginas que difunda las fotografías, en especial a los perfiles virtuales de las autoras. Es importante destacar por qué escribo las autoras, a pesar de lo evidente que se vuelve lo masculino en los genitales expuestos en la fotografía. El libro está escrito desde un transfeminismo activista que se vale de un nosotras desplazado, que no les pertenece de acuerdo a la lógica de la lengua, de la heterosexualidad y de la biología con sus cuerpos sexuados, no obstante lo que persiguen ambas es torcer las lógicas imperantes y constituyentes.

Intervención MNBA, 2016. Crédito registro: Diego Argote

Intervención MNBA, 2016. Crédito registro: Diego Argote

Gloria Cortés, fue quien estableció un vínculo entre el museo y las autoras para hacer el registro, y en ese primer gesto hubo un compromiso con lo que ambas activistas buscaban. La irrupción en “(En)clave masculino” fue una apuesta de la curadora, que invitó a las autoras a participar, cuestión que ellas resolvieron desde la colectividad que convoca el activismo. Así también, es como se configura el lanzamiento del libro que se llevó a cabo el 13 de octubre en el MNBA y que contó con las lecturas de Cristeva Cabello, comunicador y activista CUDS, Alejandra Castillo, filósofa feminista y Nelly Richard, crítica cultural. En dicha ocasión Richard señaló un asunto clave en lo que concierne a la publicación: “Al decir ‘el ego es un error’ y al decirlo entre dos sin que sepamos quién es quién, Jorge Díaz y Johan Mijail violan el sello individualista y privatizador del sujeto que defienden la tradición humanista-burgués y la doctrina neoliberal. Lo tachan como una fatal errata del sistema de coordenadas que define el yo (lo propio) como algo inexpropiable. Jorge Díaz y Johan Mijaíl resuelven de partida orientar sus talentos creativos y su inteligencia crítica hacia el más que uno y, sobre todo, hacia el más que dos, es decir, hacia lo inabarcable de una suma de varios, de muchos, que empuja colectividades enteras hacia lo múltiple-excedentario.”

La intervención al museo opera de igual modo. La pregunta por el autor, asunto trascendente para comprender la producción artística contemporánea, queda diluida entre el video, las fotografías, la curatoría, las lecturas y un texto de muro que es parte del libro. Lo único preciso y certero es que “Hombres no somos”, una afirmación que a pesar de lo taxativa, se vuelve confusa porque sabemos que es la masculinidad el lugar de la hegemonía y el poder, el lugar deseado por una homosexualidad neoliberal y disputado por nuevas maneras de pensarla, sí, la masculinidad que tiene un artículo femenino enmarcándola y que es el asunto en torno al cual gira toda la curatoría de la colección del MNBA.

Intervención MNBA, video, 2016. Crédito registro: Diego Argote

Intervención MNBA, video, 2016. Crédito registro: Diego Argote

Fotografía de Paz Errázuriz, intervención Felipe Rivas San Martin

Fotografía de Paz Errázuriz, intervención Felipe Rivas San Martin

En el video de Daniela Miranda, observamos, entre imágenes superpuestas, a Jorge Díaz y Johan Mijail, caminando por la ciudad, siendo fotografiados por Paz Errázuriz, montando las fotografías, todo mezclado con el unísono de la lectura: “Te llaman hombre feminista y un impulso te lleva a decir: ‘No’”, escuchamos con fuerza mientras distintas intensidades y tonalidades repiten hasta el sin sentido la palabra “No”. Negación radical que se contrapone con lo bio-lógico, con lo que sabemos y con lo que nuestros ojos nos muestran al contemplar las fotografías de Paz Errázuriz, intervenidas por Felipe Rivas San Martín. Estas imágenes son un contrapunto con lo que oímos al estar en la sala, con lo que vemos alrededor, con las letras en rojo que vibran sobre la histórica pared que las sostiene. La intervención al museo es radical, puesto que actualiza desde el activismo la discusión instalada por la curatoría en la institución. Ya no se trata sólo de leer la colección a partir de un determinado marco teórico, sino que nos encontramos con prácticas que hoy transitan por las estrategias que el arte contemporáneo ofrece, pero que se arraigan en el activismo y las herramientas con las que el feminismo ha trabajado históricamente, puesto que el movimiento feminista de los ‘70, no se concibe sin su dimensión estético-artística. El libro que fue pensado, en parte dentro del espacio del museo se expande, se ramifica por sus paredes y posibilita otros ingresos que se constituyen como fugas de esta institución que recoge la noción más tradicional para las artes visuales en nuestro país. Mientras tanto, el transfeminismo se construye, se desborda y experimenta en cada acción, en cada alianza y en cada posicionamiento escritural.

Portada libro “Inflamadas de retórica. Escrituras promiscuas para una tecnodecolonialidad

Portada libro “Inflamadas de retórica. Escrituras promiscuas para una tecnodecolonialidad

 

La intervención “Hombres no somos” se presenta en el MNBA hasta fines de marzo, 2017.