“Metamorphosis of Japan. After the War” de la Fundación Japonesa en Bangkok: mirar el sol después del desastre bélico

Hiroshi Hamaya, 1945

Hiroshi Hamaya, 1945

Visité hace algunas semanas en el Centro de Arte Contemporáneo Rajdamnoen en Bangkok, la exposición fotográfica Metamorphosis of Japan. After the War, organizada por la Fundación Japonesa y curada por Tsuguo Tada y Marc Feustel. La muestra que finalizó el pasado 14 de Octubre, advierte un sugerente conjunto visual realizado por once fotógrafos japoneses que dan cuenta del período post-guerra comprendido entre el final de la segunda guerra mundial en 1945 y los juegos olímpicos de Tokio en 1964. Estas dos décadas representan en la sociedad japonesa tanto el renacimiento desde las cenizas de la devastación bélica y nuclear, como los indicios de una drástica transformación política y cultural que condujo al país a convertirse rápidamente en una potencia económica ya a inicios de los sesenta. La exposición se detiene a observar esos veinte años de metamorfosis mediante la mirada aguda, sin pausa y sensible de los once artistas, quienes mediante sus imágenes, nos remontan a un período clave no sólo para Japón, sino para lo que implicó aquella conversión en el globo entero, y en especial, para lo que hemos llegado a ser tecnológicamente en el tiempo presente como sociedades de consumo.

Metamorphosis of Japan. After the War, Japan Foundation, Bangkok

Metamorphosis of Japan. After the War, Japan Foundation, Bangkok

Metamorphosis of Japan. After the War, Japan Foundation, Bangkok

Metamorphosis of Japan. After the War, Japan Foundation, Bangkok

La exposición se articula en tres secciones que no establecen una cronología por años específicos ni por autor, sino por imágenes que se asocian arbitrariamente en los segmentos: “The aftermath of war” -Las secuelas de la guerra-, “Between tradition and modernity” -Entre la tradición y la modernidad- y “Towards a new Japan” -Hacia un nuevo Japón-. Esta disposición arbitraria permite que la muestra escape de la normativa histórica que reduce la imagen fotográfica como reproductora de una “verdad” o de “lo visible”, y da la posibilidad de entender las imágenes exhibidas desde el acto mismo fotográfico como una experiencia vivida que trasciende la captura como instrumento visual de documentación. Podemos pensar en el cuerpo de los fotógrafos moviéndose por aquellas zonas de incerteza, descubriendo mediante el aparato óptico las transformaciones de una nación que llevaba el fantasma de la masacre y la derrota bélica. Aquí los trabajos de Ken Domon e Ihee Kimura son claves para sugerir las dinámicas cotidianas de las personas como gestos de reconocimiento común, lugar por donde la fotografía parece infiltrarse como inconsciente de una identidad fracturada, dando cuenta del paso de la tragedia a la recuperación colectiva de la calma íntima. En todo esto, es de suma ayuda que la exposición, no intente actuar como montaje de archivo rescatado del pasado, sino mostrar desde la sugestiva inventiva de los fotógrafos japoneses, un país que se reinventaba a sí mismo entre su cultura ancestral y la imposición de las reglas éticas y económicas del capitalismo.

Ihee Kimura, Young men, 1952

Ihee Kimura, Young men, 1952

Ken Domon, Children looking at a picture-card show, 1953

Ken Domon, Children looking at a picture-card show, 1953

La primera sección “The aftermath of war” -Las secuelas de la guerra- contextualiza el estado cero y el caos en que quedó la población japonesa luego que los sistemáticos bombardeos de las fuerzas aliadas, redujeran a ruinas y territorios calcinados, los campos y las ciudades principales de aquella época. La aceptación de la derrota implicaba no sólo la ocupación territorial en manos de los aliados sino la conmoción de que los valores del sistema imperial japonés que gobernaba hasta ese momento, se habían derrocado y negado en sólo 24 horas de ocupación. En ese escenario las casas editoriales cumplieron una labor clave pues diversas revistas y periódicos censurados en el antiguo régimen, retomaron sus labores y comenzaron a informar emancipados de la propaganda militar, saciando las ansias de la gente por saber qué realmente acontecía. Esta faena editorial permite que persista el trabajo de diversos fotógrafos que ya venían realizando registros antes de la guerra -como Ken Domon, Hiroshi Hamaya, Ihee Kimura– y que también nazcan nuevos –Shigeichi Nagano, Ikko Narahara, Kikuji Kawada, Shomei Tomatsu… -. Con todos ellos se cimienta una gran camada de autores que dispararon su mirada sobre la dislocación del paisaje, la miseria en calles de Tokio y la dualidad experimentada por la gente: sentirse redimidos del estricto régimen anterior y sobrevivientes de la guerra, pero también presos ante un sistema ajeno violentamente impuesto.

Dicha sección “The aftermath of war” encabeza la muestra con la siguiente imagen:

The sun on the day of defeat de Hiroshi Hamaya, 1945

The sun on the day of defeat de Hiroshi Hamaya, 1945

La guerra terminó el 15 de agosto de 1945, ese mismo día, según nos cuenta el rótulo; Hiroshi Hamaya al oír en las noticias radiales el ansiado fin del conflicto, impulsivamente corrió hacia afuera y apuntó su cámara al sol de mediodía en el cielo de Tikada, Niigata. Una imagen muy simple que también podría ser de un día cualquiera, de cualquier época y en cualquier lugar del planeta, no obstante nuestra mirada como espectador permanece sobre ella, busca algo más. Si bien la historia hegemónica de occidente -en la conveniencia imperial y económica- relata que los japoneses se rindieron ante las tropas aliadas aquél 15 de Agosto, habrían dos factores significativos a considerar que impulsaron a aquella rendición, el primero los bombardeos incendiarios con resultados letales masivos en diversas ciudades, entre ellas Hiroshima y Nagasaki que días anteriores habían sido catapultadas con las bombas atómicas, y el segundo, que en esas mismas fechas previas, Rusia le había declarado la guerra a Japón y había comenzado a invadir su territorio 1. En todo este proceso de pactos y decisiones políticas el destello de las explosiones atómicas que destruyeron Hiroshima y especialmente Nagasaki, estaban en el trauma colectivo y en las secuelas físicas de los japoneses: la gente describía los cegadores ataques nucleares como “el sol que caía sobre sus cabezas”; ese mismo sol que en la tradición nipona simbolizaba el amanecer naciente desde el pacífico, se había convertido en una bola incendiaria que parecía anunciar el fin de los días. Un testimonio de Abe Spitzer, radio-operador que participó del primer ataque nuclear el 6 de Agosto sobre Hiroshima narra lo siguiente:

A nuestros pies, casi hasta donde abarcaba la vista, se extendía un gran incendio, un incendio como no habíamos visto nunca. Tenía una docena de colores y todos nos obligaban a cerrar los ojos. Más colores de los que yo imaginaba que existieran. Y en el centro, más brillante que cualquier otra cosa, una gigantesca bola de fuego que parecía más grande que el sol. En realidad teníamos la impresión de que, sin saber como, el sol se había caído del cielo y tras tocar el suelo empezaba a ascender otra vez, directamente hacia nosotros, muy deprisa 2.

Aquél imaginario apocalíptico había sido planeado por Estados Unidos apuntando su objetivo no sólo a la rendición incondicional japonesa, sino a construir una imagen que advertía al mundo entero y especialmente a Rusia, de su poderío tecnológico letal. Bajo este escenario, mirar el sol después del desastre bélico parecía tomar mayor sentido, no obstante la imagen de Hamaya más que interrogarse acerca del final de una despiadada guerra, probablemente anunciaba el inicio de otra, el de la Guerra Fría.

Takeyoshi Tanuma, Classical and modern costumes at the Sanja Festival, 1955

Takeyoshi Tanuma, Classical and modern costumes at the Sanja Festival, 1955

Las siguientes dos secciones “Between tradition and modernity” -Entre la tradición y la modernidad- y “Towards a new Japan” -Hacia un nuevo Japón- contextualizan el término de la posguerra y la mutación de mantener sus costumbres devastadas incorporando las nuevas formas de consumo y producción que se asomaban a pasos gigantes a una denominada “modernidad”. Mediante el tratado de San Francisco firmado en 1952 con EEUU se establece el fin de la ocupación del ejército aliado en territorio japonés, este acuerdo les permite convertirse nuevamente en un estado soberano aunque condicionado por la administración norteamericana. La base del sistema social japonés se remece y transforma, se promulgó una nueva constitución que ejecutó reformas agrarias, el restablecimiento de derechos laborales, la disolución de los conglomerados “zaibatsu”, la votación igualitaria de géneros y la libertad de expresión en los medios de comunicación. Todo esto bajo un prisma capitalista, provocó la promulgación de tratados de libre comercio y el desarrollo de un mercado industrial que rápidamente logró instalar a Japón hacia inicios de los sesenta, en una potencia económica reestablecida y global. Productos electrónicos de alta calidad como radios, televisores, lavadoras y equipos ópticos como cámaras fotográficas, se convirtieron en objetos principales en los hogares japoneses y en el mercado de la exportación.

Fue así como la autonomía de los medios de prensa y el perfeccionamiento tecnológico fotográfico -en dispositivos, películas, materiales y maquinarias- llevaron a Japón a convertirse en un nido fabricante de imágenes fijas y fílmicas, su alta precisión mecánica y óptica que ya se venía desarrollando algunas décadas anteriores con firmas como Canon, Nikon, y su accesibilidad de precio, situó a la industria fotográfica japonesa, como una atractiva alternativa a la fabricación alemana. En este contexto los fotógrafos orientales avanzaron con fuerza, su ojo se desenvolvía tan formal como críticamente; su mirada no era sólo estética, sino que, buscaba una narración plural y decidida. Las generaciones que habían experimentado los ensayos de guerra en su juventud ahora sacaban su voz mediante sus encuadres, Yasuhiro Ishimoto, Kikuji Kawada, Ikko Narahara, Eikoh Hosoe: sus imágenes eran fruto de un retrato político, un puente que permitía conectar aquella identidad desvanecida con los rasgos que se empezaban a dibujar. Todos ellos fotógrafos contemporáneos a Robert Capa, Henri-Cartier Bresson, Richard Avedon, Robert Doisneau o Diane Arbus, sin embargo como la “historia de la fotografía” está escrita desde occidente, los autores asiáticos son menos conocidos en el supuesto relato oficial de la memoria global del siglo veinte (siendo Ken Domon el más reconocido), no obstante con esta exposición podemos advertir la asertividad y la poética del dominio visual japonés que si bien es sabido, no deja de sorprender al observarse, diferenciándose de la mirada occidental al jugar con el detalle, lo mínimo, el despojo, lo agreste.

Izq: Hiroshi Hamaya / Der: Takeyoshi Tanuma.

Izq: Hiroshi Hamaya / Der: Takeyoshi Tanuma.

Podríamos pensar finalmente, por un lado, cómo hemos sido individuos supeditados a la concepción de un pasado que creemos aconteció con un contenido específico y que sin embargo, depende desde donde se le mire para entrever no la subjetiva “verdad”, sino los matices y bifurcaciones que la pluralidad de los relatos dejan brotar a través del tiempo 3. Por otro, de cómo la historia pasada define nuestra condición actual de lo permitido y aceptado, pues, aquella expansión industrial fotográfica japonesa durante las dos décadas de posguerra, es sin duda uno de los inicios de nuestra actual era de la imagen. Era donde gobierna la dependencia a los dispositivos de la visión, la abundancia de formatos visibles, la proliferación en la producción, transmisión y recepción de imágenes. Era donde aceptamos la sumisión a las pantallas y, con ellas, que las funciones perceptivas de nuestra mirada -y del propio cuerpo- estén siendo cada vez más automatizadas y controladas por un entorno donde prevalece la sociedad de los objetos.

*Detalle ultimas fotografías:  Izq: Hiroshi Hamaya, Woman planting rice, 1955 | Der: Takeyoshi Tanuma, Dancers resting on the rooftop of the SKD Theatre, 1949.

Metamorphosis of Japan. After the War 1945 – 1964
Japan Foundation, Bangkok.
Rajdamnoen Contemporary Art Center Bangkok, Thailand.
17 Septiembre – 14 Octubre 2016

Artistas: Yasuhiro Ishimoto, Kikuji Kawada, Ihee Kimura, Takeyoshi Tanuma, Shomei Tomatsu, Ken Domon, Shigeichi Nagano, Ikko Narahara, Hiroshi Hamaya, Tadahiko Hayashi, Eikoh Hosoe.

Fotografías cortesía de Fundación Japonesa de Bangkok y Paloma Villalobos.

nota
  1. Véase Hiroshima Nagasaki, Paul Ham (2011)
  2.  Citado en La historia silenciada de EEUU, Oliver Stone y Peter Kuznick (2015)
  3. “Ni seguiremos a los historiadores para quienes el tiempo se reduce al de la historia”. Didi-Huberman, Georges. Ante el Tiempo (2011)