Ojos digitales para un cuerpo vegetal
Sobre <<Yo, Híbrido>> de Diego Argote

“el cuerpo físico toma a la naturaleza, en este caso, la planta con su respectiva flor, mediante un acto de creación, para estamparla de manera particular y dar vida al nuevo ser; dejando vestigios, por medio de la representación fotográfica. Relacionando conjuntamente lo natural de una flor y lo personal de un cuerpo; en la concentración y plasmación de una imagen que reúne memoria”

Diego Argote

 

Las pantallas y la melatonina

Vivimos en una sociedad plagada de imágenes, contemporáneas a un clic, apenas un deslizar el cursor ya tenemos otra interfaz luminosa que nos activa la melatonina, al igual que las plantas que hacen fotosíntesis con la clorofila, golpes de agua y con la luz del sol, nosotras producimos melatonina en el brillo de la pantalla que nos alimenta y nos quita el sueño. La melatonina es una hormona producida por el cerebro y activada por la luz que controla el ciclo sueño-vigilia. Las luz de las pantallas nos chorrean melatonina. Pero la importancia de las pantallas son las imágenes en ellas. Porque ya hemos aprendido lo que los estudios visuales han querido decirnos hace un tiempo con particular insistencia: las imágenes tienen el poder de transmitir conocimiento. Creo que eso ya lo comprendimos y considero que estamos en un punto de no-retorno. Así lo explicitan las imágenes de las redes virtuales en las que nos movemos, los archivos que adjuntamos, las grandes cartografías que se encuentran en las calles y carreteras, los memes y los gifts (esas maravillosas imágenes en movimiento), entre otros. Porque las imágenes tienen la posibilidad de fabricar mundos, esto es, de construir las ecologías donde establecer relaciones y resistencias. Sin embargo, cuando la política—entendida como la organización de las sensibilidades en el espacio de lo común—se asocia peligrosamente a las imágenes para decirnos cuál es el mundo que deberíamos habitar, cuál cuerpo tener o qué hacer con él, es cuando deberíamos sospechar de ciertos discursos que construyen lo “real”. Debemos dudar de la construcción de ese “real” más aún cuando estas tecnologías de lo visible nos hablan siempre de una forma de vida únicamente heterosexual y cristiana. Trabajar en los territorios de la visión es acercarse a discusiones que nos muestren una interrupción a las formas tradicionales del conocimiento, para permitir un desvío óptico a la pureza clasificatoria del saber comercialmente disciplinario de ciertas imágenes.

Diego Argote, Yo Híbrido, 2016

Diego Argote, Yo Híbrido, 2016

<<Yo, Híbrido>>

Híbrido se entiende frecuentemente por unión, mezcla o sincretismo. Los híbridos nacen por entrecruzamientos genéticos que buscan generalmente promover una vigorosidad en sus mecanismos de reproducción para así mantener una renovación continua de los individuos y sus mejores características. Pero cuando la hibridez no consigue rescatar las mayores potencialidades reproductivas, es vista como estéril. Una asociación, la podemos ver como un híbrido producto de una mezcla ya conocida. De esta manera cuando en la política (en su relato biológico) se organiza una asociación ilícita pareciera que los marcos de acción se desorganizaron. Y todo esto pareciera yermo para la política de la reproducción. Esa que cree que el cuerpo es solo propio, único y que asume a la identidad como su propia materialidad. Un cuerpo solo uno, que luche por y para sí. Un cuerpo sano. Algo así como una inmunología representacional del yo. Ese que confía aún en el nombre propio.

En <<Yo, Híbrido>> de Diego Argote se evidencia esta desconfianza con el cuerpo propio puesto en ofrenda como representación de otros. Un espejeo identitario que se desplaza hacia un alter-ego hermafrodita. Porque las fotografías aquí expuestas nos hablan de la presencia de un cuerpo, un miembro vegetal incrustado.

<<Yo, Híbrido>> propone una cámara que interroga aquel espacio tradicional del paisaje como soporte de una naturaleza deformada por saturación o contraste de blanco y negro. Diego trabaja el blanco y negro en saturaciones extremas, como ejes antagónicos del lente óptico de la publicidad tecnicolor.

Diego Argote, Yo Híbrido, 2016

Diego Argote, Yo Híbrido, 2016

En las fotografías podemos ver tanto fragmentos de naturaleza como representantes del reino fungi, flores, rosas, mosquitos, hojas organizadas o paisajes espejeados donde la línea parece más difusa de lo que nos ha enseñado nuestra cultura de los límites, engañando así todo aquello que hemos aprendido como frontera. En su conjunto, estas fotografías prescinden de lo humano.

Muchas veces he escuchado de los fotógrafos decir que todo su trabajo es siempre un auto-retrato. Así, Diego representa un auto-retrato encarnando flores, hojas y paisajes en blanco y negro. Devenir planta, parece que quiere decirnos. Este trabajo se asocia a lo post-humano al establecer las conexiones de estas imágenes con ecosistemas como política de posición, por enfocar su mirada más allá de lo humano y su presencia devastadora. La teoría post-humanista no es sólo una forma sofisticada para evidenciar el hedor de una sociedad desafectada con lo humano, ni un nuevo nicho de trabajo para académicos hippies sino sobre todo es una manera de decirnos que lo “humano” como lo conocemos hasta ahora ya no nos completa ni el relato ni las imágenes. La convergencia de especies y las maneras de convivencia entre diferentes formas de vida animal y vegetal nos da la posibilidad de romper con el relato antropocéntrico masculino que queremos eliminar de nuestras letras.

Los hongos, las plantas, las algas, los helechos y los musgos son importantes formas de vida que se burlan de la condición heterosexual de la reproducción para permitirnos imaginar otras formas de existencia. Formas de existencia con las que Diego Argote en su trabajo <<Yo, Híbrido>> se compromete como principal motor de mirada.

Si los fotógrafos comenzaron como artistas que retrataban la sensibilidad urbana, en esta serie Diego tiene la sutil agudeza de entregarnos imágenes que nos transportan hacia los espacios del paisaje natural de un ecosistema que guarda para sí muchos secretos que sólo una atenta mirada podría recoger. <<Yo, Híbrido>> hace un giro a la mirada urbana comprometiéndose con unas formas naturales que nunca se muestran en armonía sino más bien en el riesgo de su propio antagonismo, del día a la noche y del fragmento a la totalidad, de la hiperluminosidad a la opacidad extrema, del azar al patrón de crecimiento organizado.

Diego Argote, Yo Híbrido, 2016

Diego Argote, Yo Híbrido, 2016

Habría que advertir que las flores retratadas en esta serie de fotografías no corresponden a una manera dulcificada y comercial de la belleza, sino que a una trágico desconsuelo de vegetales cortados, torcidos, quebrados, secos expuestos a la cámara como si este pequeño flash les permitiera el último respiro de vitalidad agonizante. No hay aquí una primavera soleada y tranquila, hay aquí la gravedad de una naturaleza que renuncia a exhibirse cómoda, fresca y multicolorida.


Ecosistemas y fotografías

Un ecosistema se conforma de la realidad física (la tierra, el agua, la disponibilidad de nutrientes, minerales o la iluminación del sol) pero también de las relaciones que las especies establecen entre ellas como un hipervolumen ecológico donde el mutualismo, la simbiosis, el parasitismo o la competencia funcionan como tramas tróficas que generan el nicho ecológico de la existencia. De esta manera, estas imágenes muestran un ecosistema que no representa una naturaleza en equilibrio, sino más bien unas relaciones inter-específicas que muchas veces atentan en el terror de su inestabilidad que muta. Un ecotono que pone en tensión no solo a sus propias comunidades o poblaciones sino que sobre todo, desplaza o espejea la presencia de los cuerpos.

Las imágenes tienen la posibilidad, de la misma manera que la tiene predominantemente la palabra escrita, de transmitir conocimientos sobre nuestra actual situación del poder. Es por eso que Diego Argote elige la fotografía—la más realista de las artes miméticas de la representación—como soporte a través del cual expresar su desconfianza a las convenciones tradicionales del cuerpo. Así, hace un cambio de cuerpo a cuerpo, cuerpo animal-cuerpo vegetal, cuerpo humano-cuerpo planta para decirnos que siempre es importante desconfiar de la materialidad esencialista que nos asigna la clasificación biológica.

En un horizonte artístico donde todo pareciera ser instalación forzosa, Diego nos invita a un recorrido outside del territorio para explorar en las huellas que quedan de organismos con género extraviado. Un paisaje natural, en el que paradójicamente se entrecruza toda la vigorosidad de aquello que insistimos en llamar vida—sus bombas fotosintéticas y anillos resonantes—pero también los andamiajes de una muerte que inhibe la respiración orgánica desde un sur construido sobre la base de su aniquilamiento.

En la última fotografía que cierra este trabajo podemos observar un pasar del uso de la imagen fotográfica a las tecnologías de visualización de la industria biomédica con sus pantallas fotoeléctricas y sus sombras electrónicas engañando el ojo acostumbrado a diferenciar imágenes técnicas de artísticas .

¿Qué significa aquí entonces hablar de fotografía cuando la técnica utilizada no es una cámara de visualización artística? Hablamos de fotografía principalmente por ese complejo desajuste que compromete a una imagen a estar en ese espacio repartido entre técnica y estética. Como técnica, representa una lógica positiva de un dato logrado mediante mecanismos racionales. Como estética, interviene un imaginario registrado que responde a situaciones contextuales, a una “revolución de los sentidos”. La fotografía se aleja de las otras artes de la imagen (la pintura, la escultura) gracias a la posibilidad de “pasar de los grandes acontecimientos y personajes a la vida de los anónimos, encontrar los síntomas de un tiempo, de una sociedad o de una civilización en los detalles ínfimos de la vida ordinaria, explicar la superficie por las capas subterráneas” 1.

Diego Argote, Yo Híbrido, 2016

Diego Argote, Yo Híbrido, 2016

Soy un biólogo celular que ha vivido su juventud entre pantallas microscópicas estudiando los mecanismos celulares y moleculares por los cuales las células cancerosas emigran de su nicho primario, diseminándome en un fino proceso hacia otros espacios donde proliferan y promueven el crecimiento. Estudiando paso a paso qué es lo que te puede matar en un mes o en diez años: todo esto mirando imágenes.
Siempre he pensado que éstas dicen más que la presencia o ausencia de proteínas, su localización celular o el número de nuevas estructuras de locomoción. Que hay algo más que cambios morfológicos, porque las imágenes que uno mira, devuelven la vista hacia uno mismo, “lo que vemos, nos mira” pero tendríamos que pensar que nos mira como una obra visual de pérdida. Dicho de otra manera, cuando ver es perder.Todo está allí.
Y es bajo esta pérdida que Diego estableció para su trabajo unos “Ojos digitales” por la unión táctica–óptica de la cámara con los organismos retratados, las plantas e invertebrados, en las múltiples interfaces de agua, aire, vidrio y otros medios, a través de los cuales óptica ocurre entre arte y ciencia.

Porque finalmente ahí está la potencia política, poética y estética de este primer trabajo <<Yo, Híbrido>> de Diego Argote que vuelve la mirada sobre aquellos espacios desolados por la ausencia, enfocando su mirada en la pérdida de lo humano, desorganizando las técnicas, presentándonos un auto-retrato de flor hermafrodita quebrada, actualizando así los debates sobre el arte y su compromiso en una sociedad que sólo utiliza la fotografía para mirarse ególatramente en la presencia fugaz del instante humano.

nota
  1. Rancière, Jacques. El reparto de lo sensible. 1ª ed. Santiago: Editorial Lom, 2009. Pág. 40