El tiempo del artificio
A propósito de Ni lágrimas ni culpa de Zaida González Ríos

“Esta relación del deseo con la locura tiene lugar de forma privilegiada en la relación con la madre (…) Deseo loco, esta relación con la madre, ya que constituye “el continente negro” por excelencia”. Permanece en la sombra de nuestra cultura, es su noche y sus infiernos”.

Luce Irigaray, Cuerpo a cuerpo con la madre

 

Zaida González Ríos, Ni lágrimas ni culpa, 2016

Zaida González Ríos, Ni lágrimas ni culpa, 2016

Dos cartas manuscritas de amor y de pérdida. Un altar cuyo objeto de devoción es una fotografía de una deidad kitsch que escenifica una pietà o una madona post-humana cargando a un gato. A esto se agregan dos series de fotografías: una de ficción y artificio y la otra cotidiana y personal. Un poema de desamor. Un corazón de papel rojo colgando en medio de la sala de exposición. Y, sobre un pórtico de la misma sala, un marco visual que deja ver una fotografía de un cuerpo que se desdobla en dos: parte humana y parte animal, parte natural, parte invención. Estas son las imágenes-artefactos que toman lugar en la muestra fotográfica de Zaida González Ríos que lleva por título Ni lágrimas ni culpa y que por estos días se expone en la Galería del Instituto Arcos de Santiago de Chile.

Estas imágenes-artefactos no parecen tener otra intención que volver de otro modo sobre el tiempo y la fotografía. ¿Cuál es el tiempo de la imagen fotográfica? Roland Barthes en La cámara lúcida responde esa pregunta enlazando dos temporalidades: pasado y presente. La insistencia de “lo ya acontecido” en un tiempo que no le es propio, pero que sin embargo, le permite su realidad.
Ese diferimiento es el tiempo de la fotografía. Un tiempo que no es otro que el tiempo de la pérdida. No debiésemos olvidar que La cámara lúcida también es un diario de duelo. Mientras Barthes escribe este breve tratado sobre la fotografía, busca sin descanso en cajas, carpetas y armarios la imagen de su madre. Buscar lo inhallable y, sin embargo, dar con ella, con su madre: “Buscando la verdad del rostro que yo había amado. Y la descubrí” 1. Y es cierto, la fotografía de la pequeña niña junto a su hermano en el invernadero es su “madre”: en el desajuste, en el diferimiento y en el artificio.

Zaida González Ríos, Ni lágrimas ni culpa, 2016

Zaida González Ríos, Ni lágrimas ni culpa, 2016

Es, ahí, en la insistencia de la pérdida donde la vida parece aferrar su realidad. Es precisamente en la imagen, en su artificio, donde la vida —a pesar del tiempo y su decline— parece insistir. No debiéramos olvidar que esta realidad, su sentido, se narra siempre a dos voces entre verdad y artificio. Así lo es también en Ni lágrimas ni culpa.
En este nuevo trabajo de Zaida González Ríos, la imagen fotográfica no parece evocar sino huellas. La huella de la letra de una madre loca de dolor por la pérdida de su hijo. Huella del hundimiento, de la enfermedad y la locura, pero también huella del diferimiento del tiempo “ya sido” en el presente cuya realidad no parece estar lejana del artificio.
Este tiempo del artificio —el diferimiento— permite escribir a una madre en duelo una carta a su hijo muerto. En sólo en ese tiempo en que es posible el envío y la recepción vicaria de la misiva por tres gatos compañeros en la vida del hijo y en el duelo de la madre. Tal vez es por este orden vicario que la imagen fotográfica nunca se diga en la verdad, a pesar que el artificio sea tomado como tal.

Fragmento montaje (Imagen capturada del muro)

Fragmento montaje (Imagen capturada del muro)

Fragmento montaje sala

Fragmento montaje sala

Es en ese diferimiento, en ese tiempo del artificio, donde parece insistir la vida. Habría que indicar, aunque sea brevemente, que el tiempo del artificio si bien anuda pasado y presente en la “realidad”, ésta nunca podrá narrarse desde lo natural. Es por ello que el tiempo del artificio es un presente cuya humanidad no dejará de decirse desde los órdenes minoritarios de la ficción, del artefacto, de lo animal y, por supuesto, de la imagen. De aquí que las dos series fotográficas incluidas en la muestra —una que parece evocar el artificio (mujeres mitad humanas, mitad animales, por ejemplo) y la otra que parece ser el registro de la vida, su cotidianidad— no sean en absoluto antagónicas.

Ambas series, ficción y realidad, no hacen sino evocar ese tiempo del artificio que no es distinto a la pérdida, al duelo y al paso del tiempo. Tiempo del artificio, entonces, como tiempo de la vida misma, sin lágrimas, ni culpas.

Zaida González Ríos, Ni lágrimas ni culpa, 2016

Zaida González Ríos, Ni lágrimas ni culpa, 2016

Foto galería Arcos
SANTO DOMINGO 789 / SANTIAGO / CHILE

Galería de Arte el Zaguán
Desde el 23 de abril al 22 de mayo, 2017.
Avenida Manuel Rodriguez 752
San Fernando, San Fernando Chile

6 de octubre 2017
Galería Nemesio Antúnez
Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación
12:00 hrs

nota

  1. Roland Barthes, La cámara lúcida, Buenos aires, Paidós, 1989, p. 109