2054 de Francisco Papas Fritas

 

Francisco Papas Fritas, intervención sobre fotografías, 2016

Francisco Papas Fritas, intervención sobre fotografías, 2016

En el tiempo del secreto no hay cuerpo. Este tiempo de lo no dicho, de los cuerpos olvidados, no parece tener otro movimiento que el de la flecha que rauda escapa hacia el futuro. Para el tiempo del mañana, estos cuerpos, sus memorias y heridas no serán otra cosa que un añoso legajo cuya forzada confidencialidad les ha arrebatado el habla. Este tiempo adelantado del secreto sólo es nómina y cifra. El secreto no es sino otro nombre del poder.
El tiempo del poder está en la proyección y en el cálculo. No es de extrañar que el tiempo del neoliberalismo se describa en la especulación, en el juego de la compra y la venta que se confía en el tiempo venidero para acrecentar ganancias. Así también ha sido el tiempo de la democracia de los gobiernos de la Concertación y éste de la Nueva Mayoría, que no han cesado de desplazar hacia un incierto porvenir la justicia social. Habría una afinidad electiva entre el orden democrático que se inicia con los gobiernos de la Concertación y el orden neoliberal. Esta afinidad no sería otra que la temporalidad descrita en la palabra “futuro”. Tiempo de malls, de supermercados y de la democracia corporativa. Una democracia que ha desalojado de su definición la idea del gobierno del pueblo para sustituirla, en cambio, por el gobierno de las elites económicas tanto nacionales como extranjeras. He ahí su único interés, he ahí su único orden.

En este movimiento de la progresión que hace calzar democracia y futuro se termina por borrar huellas, vestigios y memorias. Es por esta temporalidad —que el progreso impone— que el tiempo presente se narra en un guión que no cambia, siempre predecible, que se confía ciegamente a los procedimientos y a la figura de la alternancia. Alternancia de las efemérides que obliga a cambiar mercadería en el supermercado, alternancia que obliga cambiar el bloque político en el gobierno de común acuerdo a los intereses político-empresariales. Todo aquello y con fuerte necesidad de suprimir el pasado, ya sea por ser considerado índice de conflictos no resueltos, ya sea por ser percibido como caduco. De ahí que si bien la temporalidad del orden de la democracia elitista-corporativa sea el futuro, su realización no es otra que la de un eterno presente.
Es por esta lógica de la anticipación, que no parece ser distinta a la lógica del neoliberalismo, que si bien el secreto de los archivos del Informe Valech nos conduce al año 2054; la desclasificación estatal de éstos tendría lugar, sin embargo, en un presente atemporal que ha roto todo lazo con el pasado. Ese otro tiempo de la huella y el vestigio, pero que también es posibilidad de otra política, y de otros cuerpos, queda suprimida en el tiempo venidero del 2054.

Francisco Papas Fritas, 2054, Galería Metales Pesados

Francisco Papas Fritas, 2054, Galería Metales Pesados

No estaría errado insistir que esta época es la época de la desaparición. Desaparición de los cuerpos, de las memorias y de la justicia por la imposición del horror/terror de un futuro-presente del secreto. Así, el secreto no sólo implica imposibilidad de conocer hechos y nombres. No sólo implica imposibilidad de la justicia. El secreto es también, y sobre todo, cancelación del propio “presente”. Aquí es necesaria una salvedad, no hacemos referencia a ese presente-eterno, sin tiempo, de ofertas comerciales y de rutinas eleccionarias sino que, por el contrario, al “presente” cuya realización, forzosamente, debe mirar al pasado, a sus historias, voces y políticas. Esa vuelta, esa detención, esa mirada hacia atrás es la que impide el secreto.

Esta urgente detención y giro hacia el pasado es lo realizado por el artista visual Francisco Papas Fritas junto a ex presos políticos del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) en el proyecto Desclasificación popular (2015). Un proyecto de arte que busca interrumpir la suspensión del tiempo impuesta por el secreto de Estado interviniendo el propio mecanismo de silencio desplegado por la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura creada por el decreto supremo Nº 1.040 en el año 2003. En un pliegue dispuesto, aunque inadvertido, en la Ley número 19.992 —que establece reparaciones, beneficios y también el secreto— Francisco Papas Fritas junto a ex presos políticos y a un grupo interdisciplinario de investigadores y activistas advierten la posibilidad de utilizar el propio dispositivo del silencio para dar a conocer los testimonios que forman parte del Informe de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura (Informe Valech).

En el artículo 15 de esta ley se impone el secreto, pero también su torsión. Ahí se lee: “Mientras rija el secreto previsto en este artículo, ninguna persona, grupo de personas, autoridad o magistratura tendrá acceso a lo señalado en el inciso primero de este artículo, sin perjuicio del derecho personal que asiste a los titulares de los documentos, informes, declaraciones y testimonios incluidos en ellos, para darlos a conocer o proporcionarlos a terceros por voluntad propia”. Dos sentidos contrapuestos. La imposición del secreto, por un lado y el derecho individual de “apropiar” la propia vida, sus historias, declaraciones y testimonios por otro. Prohibición y posibilidad.

Es en la contraposición de estos dos sentidos donde se emplazan en contigüidad arte y política. En este lugar polémico, en el que la ley es disputada por la propia ley, Francisco Papas Fritas hace del arte un lugar propicio para la intervención política. Intervención que no sólo puede ser descrita como una operación crítica que busca poner de relieve un orden de dominio y opresión sino que, también, como un dispositivo visual que no busca otra cosa que la transformación del orden existente. Esa y no otra es la intención de la instalación Desclasificación popular cuya inauguración tuvo lugar en Matucana 100, el día 26 de septiembre del año 2015.

El proyecto de Desclasificación popular es un proyecto de arte que tiene como objeto la transformación de este orden político que se ha cimentado en el secreto y el olvido. De ahí que esta instalación busque ser un mecanismo de intervención, un modo para acceder al pasado. La instalación es simple: un video trasmitiendo una serie de entrevistas sobre los derechos humanos; un árbol seco y colgado a las afueras del reciento museal casi interrumpiendo el tránsito de los despreocupados asistentes/espectadores; y un manual de desclasificación que lleva por título Desclasificación popular. Este último es la pieza que activa un complejo dispositivo que no solo pone en tensión lo que se entiende por arte sino que también lo que se entiende por política.
Esta peculiar pieza del engranaje del dispositivo de desclasificación indica los pasos a seguir para hacer públicos los archivos que se han mantenido en secreto como, a su vez, la manera en que estos pueden ser desclasificados evitando las sanciones penales impuestas por la Ley 19.992. La plataforma de divulgación y desclasificación es una página web de uso y conocimiento público. En este gesto, en el de asumir al asistente/espectador como un activista político y un hacker, la escena del arte se vuelve una escena política en la que la propia distinción entre espectador y activista queda suprimida. Es por ello que el dispositivo visual desplegado en Desclasificación popular sea igualmente un dispositivo político. La escena del arte continuando e interviniendo más allá de su escena, más allá de su instalación. El arte y la política vueltos indiscernibles. Sólo por ese punto en contacto entre arte y política —o, más bien, por la continuidad del arte en la política y de ésta en el arte— es que es posible enmarcar dentro del proyecto de arte Desclasificación popular la presentación un recurso de protección para desclasificar los testimonios del Informe Valech. Cabe ser indicado que el día 2 de agosto del año 2016, la Corte de Apelaciones de Santiago falla positivamente y acoge el recurso de protección que abre la posibilidad de poner fin al secreto. ¿Dónde empieza el arte, dónde acaba la política? El propio dispositivo visual desclasificación popular se resiste a operar en la distinción y la clasificación, su proceder está más cercano a la infiltración y el contagio. Así ocurre también en la instalación 2054 de Francisco Papas Fritas.

Francisco Papas Fritas,2054, instalación con espejos y archivos, 2016

Francisco Papas Fritas,2054, instalación con espejos y archivos, 2016

Esta instalación, que lleva por título el año del supuesto fin del secreto, consiste en un conjunto de cuadros que en su mayoría no tienen más imagen que la del reflejo, otros, los menos, contienen piezas de los archivos de los testimonios de aquellas y aquellos que sufrieron de prisión política y tortura durante la dictadura militar que se inicia en Chile con el Golpe de Estado del año 1973. Es relevante consignar que estos archivos fueron recuperados mediante el dispositivo visual de desclasificación popular. Cerca de ellos, otra serie de imágenes con las fotografías oficiales de quienes han gobernado Chile desde la 1990 hasta hoy; más los afiches del SI y del No de la campaña electoral de 1989. Solo una alteración mínima: ambos afiches del Sí y del NO están invertidos, volviendo visible la siguiente leyenda: is on. Más claramente se deja leer: The Secret is on. El secreto está, el secreto es visible, el secreto a plena luz.

Cercana a aquellas imágenes que vuelven explícito el secreto, se exhibe un video-performance cuyo foco de atención no es otro que un cuerpo. Un cuerpo violentado. Este es el cuerpo de Francisco Papas Fritas quien simula ser parte de una escena de tortura. Esta escena se entrecruza con una sesión de tatuaje que va escribiendo letra a letra un testimonio del Informe Valech sobre la espalda del artista. Un cuerpo —el de la tortura y el del artista— que pese a su fragilidad resiste al silencio impuesto por la lógica del secreto inscribiendo en sí un testimonio del horror. Más aún, un cuerpo que trae de vuelta al presente historias, memorias y heridas. Un cuerpo que no parece ser distinto de aquel árbol seco de Villa Grimaldi emplazado en Matucana 100 durante la instalación Desclasificación popular. Un cuerpo, entonces, como un lugar de resistencia y memoria. Nuevamente, aquí, el arte insistiendo más allá de su escena. ¿Dónde la vida? Tal vez en el archivo que hace que la vida insista a pesar del secreto. Tal vez, en la imagen de un cuerpo que registra en sí un relato de violencia. ¿Y dónde situar el arte? Quizás precisamente, ahí, en el entrecruzamiento de dos registros de la materialidad: la letra y la imagen. Es en ambos registros donde se describe un cuerpo. Es en ambos registros donde se sitúan, polémicamente, la vida y el arte.

Es en la torsión, en la posibilidad de una segunda lectura polémica, que 2054 más que ser sólo el año propuesto por el Estado chileno para la desclasificación de los archivos del Informe Valech se vuelve una clave de acceso al presente. Un presente que se describe en dos planos: uno, el del secreto; el otro, el de la resistencia política de la desclasificación popular. Ambos planos, sin embargo, se articulan en el número 2054.
Para el secreto es el año de la desclasificación estatal y el vaciamiento del sentido de la política. Vaciamiento y también borradura de la memoria como en la serie de cuatro imágenes de la instalación 2054 en la que el tiempo y el secreto terminan por borrar las huellas de la violencia e imponer el silencio sobre nuestro pasado, sobre nuestros cuerpos. El tiempo del secreto es el futuro-presente. Para la resistencia política estética, 2054 es la cifra que inicia el movimiento del dispositivo político visual de la desclasificación popular. Su tiempo es el presente-pasado. Esta configuración temporal es la de los nombres, memorias y vidas. Es, también, el tiempo del archivo, del arte y la política.

Link artista Francisco Papas Fritas

 

Galeria Metales Pesados

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