2° Lugar concurso internacional de ensayos realizado por revista Atlas.

Cuerpos dóciles. El cuerpo, la disciplina y su representación en las memorias anuales y fotografías del Liceo de Señoritas de La Plata (1926-1938)

Por:Inés Fernández Harari y Luz Fernández (Argentina)

 

Adentrarnos en el Archivo Histórico de la Universidad Nacional de La Plata

La reciente creación del Archivo Histórico de la Universidad Nacional de La Plata, ofreció a la comunidad académica la oportunidad de reflexionar sobre las formas en las que se construye la memoria institucional. Así, una de las cuestiones que se hace necesario pensar en plena organización de los fondos documentales, es la manera en la que los diversos testimonios del pasado se ordenan, se relacionan entre sí y se presentan.
Atendiendo a ello, nuestra propuesta de trabajo consiste en la vinculación de dos corpus documentales que, si bien fueron producidos desde una misma institución en una misma época histórica, actualmente se hallan desligados y ubicados en espacios físicos distintos. Se trata de las memorias anuales producidas por el Liceo de Señoritas entre fines de la década del veinte y principios de la del treinta, actualmente bajo custodia del Archivo Histórico de la UNLP, y los conjuntos fotográficos del mismo período que el Liceo guarda en su propio edificio. Por memorias anuales nos referimos a un tipo específico de informes que antiguamente [ 1.  Las memorias recuperadas por el Archivo Histórico de la UNLP comprenden el período que va de 1926 a 1968] los colegios dependientes de la Universidad elevaban a la Presidencia para dar cuenta de fenómenos tan diversos como la composición del alumnado, la asistencia de estudiantes y profesores a clase, los préstamos y las adquisiciones de la biblioteca, las excursiones realizadas, los mejores promedios y el mantenimiento de la disciplina.
Las fotografías, por otra parte, suelen retratar tanto a alumnas como a profesores llevando a cabo sus actividades académicas ordinarias.

Clase de Física, sin fecha.

Clase de Física, sin fecha.

La obtención de estas imágenes, a diferencia de lo que ocurría con las memorias, no estaba motivada por una exigencia de la administración de la Universidad, sino que derivaba más bien de una necesidad interna del colegio.
En estas páginas desarrollaremos una propuesta de lectura de los documentos mencionados a partir de la elaboración de una serie que vincule textos e imágenes sobre la base de tres categorías o núcleos temáticos: cultura física, plan de estudios y organización del espacio.
Siguiendo la línea trazada por Peter Burke 1, evitaremos considerar a las fotografías como meras ilustraciones de aquello que los documentos escritos afirman, e intentaremos atender, por el contrario, a sus propias lógicas de producción, a las particularidades de su contexto de surgimiento y a la ideología de la que son portadoras. En este último punto nos valdremos de los aportes teóricos de Nicos Hadjinicolaou, según el cual un complejo ideológico puede hacerse efectivo en la imagen no tanto desde su contenido explícito, sino más bien desde su combinación específica de elementos formales y temáticos.
Cabe destacar, por último, que además del provecho que ello implicaría para la reconstrucción de las prácticas del Liceo, la vinculación del acervo fotográfico mencionado a las memorias o balances anuales contenidos en el Archivo Histórico de la UNLP constituye una forma de poner en valor el patrimonio visual del colegio.

Cuerpo, disciplina y género en el acervo documental del Liceo de Señoritas

La creación del Colegio Superior de Señoritas fue dispuesta por las autoridades de la Universidad Nacional de La Plata a través de una ordenanza en el año 1905, y estuvo motivada por el alto índice de inscripciones que se recibían en el Colegio Nacional—por aquel entonces único secundario mixto dependiente de la UNLP. 2. Los planes de estudios, reformados al menos dos veces durante la década del treinta, preveían cinco o seis años para la obtención del título secundario. Durante ese tiempo las señoritas recibían una formación variada que les otorgaba, por un lado, aptitudes acordes con la visión que la sociedad patriarcal tenía de la mujer (cuidado de los niños, cocina, ciencias domésticas), y por otro, la preparación necesaria para ingresar a la Universidad.
Las memorias anuales y estadísticas constituyen valiosos documentos para acercarnos al modelo educativo y a las prácticas de control y disciplinamiento que el Liceo sostuvo durante el pasado siglo. Desconocemos cuándo este tipo de balances dejaron de producirse y por qué, pero está claro que, en tanto colegio preuniversitario, la presidencia de la UNLP requería la redacción de estos informes para mantenerse al tanto de la actividad anual de sus dependencias. Muchos de los datos allí volcados eran de índole administrativa, tales como el número de profesores contratados, las inasistencias y los promedios de los alumnos, las adquisiciones de recursos materiales (libros, modelos para las clases de biología, etc.) o la cantidad de lectores que concurrían a la biblioteca. Estos datos pueden parecer irrelevantes, meras cuestiones cotidianas que atañen a un momento específico del colegio y en las cuales carece de sentido indagar. Sin embargo, descubrimos en ellos ciertas huellas que nos permiten reconstruir un sistema de prácticas institucionales. Detrás de esas cifras y esos gráficos, ¿cuál era el modelo de alumno defendido por la institución? ¿Cuál era el valor de la disciplina y la aplicación al estudio? Y por último, ¿cuáles eran los sistemas de regulación de la conducta? Estos documentos, lejos de ser meramente descriptivos, albergan expectativas y presupuestos sobre lo que debe acontecer en las aulas y fuera de ellas. Es en ese contexto que la inclusión de las fotografías como dimensión de análisis nos parece pertinente, justamente porque tras su fachada de objetividad hallamos verdaderas construcciones visuales cuyo objetivo, presumiblemente, es el de dar cuenta del cumplimiento de las expectativas trazadas, independientemente de su concreción en la realidad. Esto significa que debemos cuidarnos de considerar a las imágenes como reflejo de lo real. Ellas albergan, desde luego, un momento de verdad, pero éste no es reducible a su contenido explícito, sino que se desprende de las conexiones que podamos establecer entre las imágenes, su función y el contexto institucional que les dio origen. Nuestra manera de establecer esta conexión es a través de las memorias anuales del colegio. En referencia a la naturaleza indicial de la fotografía y su capacidad para hacernos creer en la inmediatez del mecanismo, John Tagg afirma que:

Cada fotografía es el resultado de distorsiones específicas, y en todos los sentidos significativas, que hacen que su relación con cualquier realidad anterior sea algo sumamente problemático, y plantean la cuestión del nivel determinante del aparato material y de las prácticas sociales dentro de las cuales tiene lugar la fotografía (Tagg, 2005: 8).

Atendiendo al pensamiento de Roger Chartier y Louis Marin, podemos comprender los balances y las fotografías como representaciones, entendiendo por ello el conjunto de mecanismos que construyen y hacen inteligible la identidad y la manera de ser en el mundo de un grupo social. Pero en tanto representaciones, ambos dispositivos implican una doble dimensión: una transitiva o transparente, por medio de la cual esa representación hace presente algo ausente, y otra reflexiva u opaca donde lo representado se presenta representando algo (Chartier, 1996: 80).
La transitividad de la imagen, la exhibición de una presencia, convive entonces con una dimensión opaca, con aquello que no se dice pero se hace igualmente presente bajo formas teatralizadas. En otras palabras, las fotografías del alumnado y los profesores desarrollando sus actividades al interior de la escuela pueden pasar por inmediatas y transparentes, pero si atendemos a su dimensión reflexiva, a lo que no se explicita, inferimos que desde la composición misma de la imagen, a través de recursos como la simetría, la repetición regular y la disposición ordenada de los cuerpos en el espacio, se halla plasmado también un modo de pensar y estructurar la vida institucional. Ahondar en la opacidad de la imagen requiere en gran medida la articulación de estas fotografías con aquellos textos que forman parte de las prácticas discursivas del colegio, es decir, las memorias anuales, teniendo siempre presente la irreductibilidad de un dispositivo a otro.
En los documentos escritos es posible distinguir una serie de rasgos constantes que hacen al discurso de la institución y sus objetivos sobre el alumnado. De esta manera, cuando en 1905 se decide fundar el Liceo de Señoritas, uno de los compromisos que la institución asumió fue el de atender a la formación de la mujer en un espacio que tuviera en cuenta “las disciplinas mentales del sexo femenino”. (AAVV, 2001: 14).
En lo que atañe a las memorias anuales, tal vez el rasgo más llamativo sea la reiterada referencia a la disciplina, categoría que cuenta con un apartado especial en cada informe. En un documento de 1930, por ejemplo, se asegura que:

El liceo se desenvuelve en orden perfecto (…) durante el año no se ha registrado caso de indisciplina o falta alguna que merezca aplicación de sanción extrema, teniendo la cooperación de los padres, tutores o encargados de las alumnas, quienes son llamados al establecimiento para subsanar cualquier deficiencia siempre a favor del colegio y del alumnado.

En el mismo tono, otra memoria de 1926 manifestaba que:

No queda en la escuela elemento revoltoso ni díscolo, éste si lo hubo terminó con las medidas disciplinarias empleadas y con la constante vigilancia, cumpliendo el alumnado con las disposiciones de orden interno. La mayor tarea se impone a las horas de entrada y salida para evitar el encuentro de los desfiles y durante las horas de clase al bajar a los laboratorios, en que toda vigilancia es poca para impedir molestia entre ambos establecimientos

Este último pasaje recuerda la afirmación de Foucault de que la disciplina procede ante todo de la distribución de los individuos en el espacio. El principio de la división en zonas, que asigna a cada individuo su lugar, evita las distribuciones por grupos y la tendencia a la aglomeración. Esto permite vigilar constantemente la conducta de cada sujeto, apreciarla, sancionarla, medir las cualidades o los méritos. El cuerpo entra así en un mecanismo de poder que lo explora, lo ejercita y lo somete (Foucault, 2008: 160-161).
Las fotografías, podríamos pensar, intentan materializar esta distribución esquemática y perpetuarla como modelo estable. Aún cuando se trata de imágenes de trabajo en el aula o en el campo de deportes, todo posee un orden y un lugar definido. La calculada disposición de los cuerpos y su postura determinan, en su regularidad, un ritmo que pareciera escapar a todo azar. La escuela se presenta así como fuera del continuum de lo cotidiano para enmarcarse en un tiempo-espacio diverso.

Laboratorio de Biología / Laboratorio de Minerealogía, sin fecha.

Laboratorio de Biología / Laboratorio de Minerealogía, sin fecha.

En este punto nos parece pertinente rescatar ciertas nociones formuladas por Nicos Hadjinicolaou en Historia del arte y lucha de clases. En esta obra el autor defiende la idea de que toda producción de imágenes es una práctica ideológica, aunque su ideología no debe buscarse en el contenido explícito que esas imágenes albergan, sino más bien en su presentación, es decir, en su combinación específica de elementos formales y temáticos. Desde esta perspectiva podría pensarse que la manera particular en que los cuerpos retratados son puestos en escena, su alineación y simetría, construyen desde el plano de la imagen un discurso respecto del control y la disciplina esperada en las alumnas, discurso que, estando en consonancia con las expectativas volcadas en las memorias y, por tanto, de acuerdo con la ideología dominante al interior de la institución, podemos calificar como ideología en imágenes positiva (Hadjinicolaou, 1974: 14).
Siendo nuestra premisa el establecimiento de una relación entre fotografías y memorias a fin de desentrañar una serie de prácticas institucionales, surge indefectiblemente la pregunta en torno a la organización misma del archivo: ¿De qué manera pueden articularse imágenes y textos para dar lugar a nuevas lecturas? Consideramos que existe una complementariedad entre ambos dispositivos, y es ella la que nos impulsa a vincularlos, recuperando en el camino el valor de la imagen como documento.
Si, como sostiene Foucault, la historia ha cambiado de posición respecto del documento, entonces su tarea deja de ser la de interrogarlo y extraer de él conclusiones respecto de la veracidad de los hechos del pasado. El objetivo es, en cambio, definir el propio tejido documental a través del establecimiento de series y la descripción de relaciones (Foucault, 2010: 16).
Desde esta perspectiva proponemos la elaboración de una serie—es decir, un sistema de relaciones entre los documentos—fundamentada en tres categorías: cultura física, plan de estudios y organización espacial. Los ejes que las atraviesan y les dan coherencia como conjunto son los conceptos de disciplina, cuerpo y género.

Cultura física

Considerando que es nuestra intención cartografiar las prácticas de disciplinamiento al interior del Liceo de Señoritas, no podemos pasar por alto la asignatura que se halla más estrechamente ligada al cuerpo, su adiestramiento y corrección: la gimnasia, educación física o, como se la solía denominar en los planes de estudios del colegio, cultura física.
En nuestro país la incorporación de la mujer a la práctica de ejercicios físicos en el ámbito escolar fue posterior a la del varón, y su eventual inclusión a principios del siglo XX estuvo guiada por un ideal de feminidad que determinó las actividades a realizar y sus fines. De esta manera, mientras los varones llevaban a cabo ejercicios corporales destinados a aumentar su fuerza muscular, las mujeres debían abocarse al desarrollo de la coordinación y el ritmo. Esta distinción estaba motivada no solo por constataciones de tipo fisiológico, referidas a las distintas capacidades de los sexos, sino también por cuestiones de índole moral e ideológica. Las actividades que la mujer realizara debían ser en todo caso decorosas: el refinamiento, la delicadeza y el encanto debían primar por sobre el vigor o la fuerza, cualidades éstas asociadas a la virilidad, al cuerpo masculino. De ello da cuenta el apartado “Cultura física y estética” recogido en la memoria de 1926, donde ya podemos apreciar que ambos elementos—el físico y el estético—se hallan inextricablemente unidos. Las observaciones volcadas en ese informe permiten conocer cuáles eran las cualidades que más se apreciaban en las alumnas: la gracia de los movimientos, la gestualidad y la expresión de distintos estados emotivos.
El hecho de que la gimnasia no se dirigía solo al cuerpo sino que también se relacionaba estrechamente con la moral y con una determinada construcción de género queda expresado en las palabras de Lidia Peradotto, directora del Liceo desde 1920 hasta 1923, según la cual la cultura física persigue por objetivos la “educación del organismo, la disciplina de la voluntad y la regulación de la acción en lo que esta tiene de humano y en lo que esta expresa de modalidad sexual” (AA.VV, 2001: 377).
Ahora bien, ¿Qué dimensiones de análisis posibilitan las imágenes para la comprensión de este fenómeno?
Las fotografías escolares tomadas en el contexto de las clases de educación física evidencian distintas poses y ademanes que remiten a la situación de retrato. Esta particularidad es relevante desde el momento en que la pose, en tanto se percibe como artificial o poco espontánea, tiene la capacidad de aludir directamente al dispositivo fotográfico; nos permite, en otras palabras, pasar por alto (al menos parcialmente) la transparencia del enunciado.

Alumnas en patio interno, 1936

Alumnas en patio interno, 1936

Clase de Educación Física, 1937

Clase de Educación Física, 1937

En este conjunto fotográfico advertimos con facilidad que el lenguaje corporal de las alumnas está regulado y controlado, no solo por la institución escolar, sino por todo un entramado social que ejerce su influencia desde la primera infancia. Tal como señala Scharagrodsky:

No existe nada natural en un movimiento, una postura, un gesto, un desplazamiento, una mirada o una sensación. Ni la biología ni la fisiología determinan los comportamientos corporales. Son las lógicas sociales, culturales y familiares, en el marco de singulares tramas institucionales, las que modelan el cuerpo (Scharagrodsky, s/f: 2)

Las imágenes, en tanto portadoras de ideología, participan de esta normativización al sistematizar ciertas poses y perpetuarlas. Un claro ejemplo lo constituye la manera de flexionar las piernas juntas dejándolas caer grácilmente a un costado en el retrato grupal de las señoritas, expresión de cierto recato y pudor.

Planes de Estudios

En el artículo 6° de la ley 1420, que sancionó en 1884 la educación primaria obligatoria, gratuita y gradual, se establecía el dictado de un núcleo de materias obligatorias para el conjunto de los alumnos: Lectura y escritura, Aritmética, Geografía, Historia, Moralidad y urbanidad, Higiene, Idioma nacional, Ciencias matemáticas, físicas y naturales, Dibujo, Música vocal y Gimnasia. A este grupo de asignaturas comunes se sumaban otras dirigidas a nutrir las aptitudes que se creían propias de cada sexo: “Para las niñas será obligatorio, además, el conocimiento de labores de manos y nociones de economía doméstica. Para los varones el conocimiento de los ejercicios y evoluciones militares más sencillas, y en las campañas, nociones de agricultura y ganadería”.
Si bien esta ley se corresponde con la enseñanza del nivel primario, sienta el modelo a seguir por la educación secundaria, que por entonces no tenía carácter obligatorio.
Hacia la primera mitad del siglo XX la inclusión de la mujer en el nivel secundario tenía amplia aceptación. No obstante, desde los modelos de enseñanza y los planes de estudios las distinciones de género se mantuvieron intactas. En este sentido, el hecho de que el Colegio Nacional se escindiera del Liceo de Señoritas es síntoma de este afán por establecer una educación diferenciada para hombres y mujeres.
Los planes de estudios emergen como los documentos más reveladores al momento de analizar esta distinción. De ello dan cuenta las memorias recuperadas, donde se hallan mencionadas una serie de materias destinadas a brindar a las señoritas una formación de acuerdo al rol establecido para la mujer en la sociedad. Entre ellas se destacan Ciencias domésticas, Puericultura y Cultura física y estética. Ya nos hemos referido a las particularidades de esta última asignatura y sus implicancias en la construcción de género. En lo que respecta a las dos primeras, podemos apuntar como característica común el hecho de que ambas estaban destinadas a brindar a la mujer herramientas para desempeñar sus funciones al interior del hogar como esposas y madres. No hallamos en el archivo imágenes que den cuenta del desarrollo de esas asignaturas. Sin embargo, contamos con otras pertenecientes a las clases de cocina y vendaje, asignaturas que mantienen ciertas continuidades con los objetivos de las primeras y que permiten aproximarse a uno de los fenómenos que atañen a la conformación de esta serie: la implicación del cuerpo en las actividades escolares, ya sea como objeto sobre el cual se ejerce una acción o como tema de estudio. Las fotografías de las clases de vendaje ofrecen un interesante ejemplo de intersección entre ambas variantes.

Clase de Cocina, 1938

Clase de Cocina, 1938

Clase de vendaje, 1926

Clase de vendaje, 1926

Organización espacial

Como bien referimos anteriormente, en las memorias anuales puede constatarse una voluntad de disciplinar el cuerpo y la conducta a partir del ordenamiento de los elementos propios de cada asignatura en el espacio. Son particularmente elocuentes a este respecto las imágenes de las aulas tomadas en ausencia del alumnado. Por primera vez nos corremos del género del retrato y atendemos a la representación del espacio per se. La imagen funciona en estos casos como registro de las instalaciones (de su pulcritud y organización, de las condiciones materiales del dictado de clases) y, al mismo tiempo, como postulado ideológico, ya que percibimos en ellas una idea respecto de cuál es el ambiente más propicio para el aprendizaje. El hecho de que cada alumno tenga un lugar asignado al interior de las aulas (tal como evidencian los números inscritos sobre los pupitres) nos remite nuevamente a la necesidad de controlar los cuerpos, de limitar de su libre movilidad en favor de un examen preciso.

Aula de dibujo, sin fecha

Aula de dibujo, sin fecha

Las fotografías permiten, además, conocer dos tipos distintos de organización espacial. El primero de ellos se asienta sobre una distribución del alumnado en hileras paralelas, de suerte que el profesor a cargo pueda recorrer el aula de un extremo al otro con facilidad. El segundo tipo tiene como característica principal la cuadriculación del espacio, procedimiento que conduce a la separación de los cuerpos en unidades diferenciadas y dificulta la interacción entre pares. En ambos casos los objetivos perseguidos se revelan idénticos: fijar un esquema de distribución de los individuos a fin de garantizar una vigilancia constante de sus conductas. El primer tipo posibilita un examen cercano y total, ya que habilita a que la figura de autoridad domine el centro del recinto pero también pueda recorrerlo en su totalidad. El segundo, por otra parte, encuentra su fortaleza en el proceso de división que permite un examen de tipo individualizado.

Clase de Geografía,1938

Clase de Geografía,1938

Clase de física/ Clase de Biología, sin fecha

Clase de física/ Clase de Biología, sin fecha

A modo de conclusión

A través de este breve trabajo hemos intentado demostrar la necesidad de establecer una vinculación entre dos corpus documentales—memorias anuales por un lado y fotografías por otro—asociados a la historia del Liceo de Señoritas. Ambos conjuntos fueron producidos aproximadamente entre 1926 y 1938. El recorte temporal operado estuvo guiado por una correspondencia cronológica entre fotografías y textos, así como por el deseo de dar cuenta de una serie de prácticas institucionales de época ligadas al ejercicio del poder sobre los cuerpos. Así como los textos contenidos en las memorias expresaban, de manera abierta, una serie de expectativas respecto de la disciplina de las alumnas, las imágenes elaboraban, desde su propio lenguaje, una puesta en escena capaz de materializar el orden y la conducta esperados. Desde esta perspectiva consideramos ambos dispositivos—visual y textual—como complementarios, no porque uno pueda servir como evidencia de lo que otro asevera, sino porque cada uno de ellos, en su heterogeneidad, aporta elementos diversos e igual de significativos para acercarnos al fenómeno estudiado.
La serie documental aquí esbozada, organizada en función de categorías clave y ejes transversales, no constituye, de momento, más que una propuesta de lectura posible. Creemos, sin embargo, que puede servir como base para el desarrollo de otras iniciativas futuras, tales como plataformas digitales o exposiciones vinculadas al acervo del Archivo Histórico de la UNLP, entendiendo que la fortaleza de tales documentos reside en el modo en que pueden vincularse de modo sistemático.

Bibliografía

BURKE, P. (2005). Visto y no visto. El uso de la imagen como documento histórico. Barcelona: Crítica.
CHARTIER, R. (1996). Escribir las prácticas. Buenos Aires: Manantial
FOUCAULT, M. (2008). Vigilar y castigar, Buenos Aires.Siglo XXI: 2008.
FOUCAULT, M. (2010). La arqueología del saber, Buenos Aires:Siglo XXI.
HADJINICOLAOU, N. (1974). Historia del arte y lucha de clases. Buenos Aires: Siglo XXI.
AA.VV. (2001). Nuestro Liceo, La Plata: UNLP. Liceo Víctor Mercante.
TAGG, J. (2005). El peso de la representación. Barcelona: Gustavo Gili.
SCHARAGRODSKY, P. (s/f). El cuerpo en la escuela. Buenos Aires: Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología.

Fuentes

Memorias anuales del Liceo de Señoritas correspondientes a los años 1926, 1931, 1932, 1938 (Archivo Histórico de la Universidad Nacional de La Plata)

Ley n° 1420 de Educación Común

Fotografías institucionales del Liceo de Señoritas (Liceo Víctor Mercante)

nota

  1. Visto y no visto. El uso de la imagen como documento histórico. Barcelona: Crítica, 2005
  2. La última promoción mixta del Colegio Nacional egresó en el año 1909.  La incorporación de nuevas alumnas terminó en 1906, continuando en el colegio solamente las que ya habían comenzado sus estudios y se hallaban en 3º, 4º y 5º año