Sueño de la Razón, o la fotografía sudamericana como posibilidad

Sueño de la Razón es una Revista de Fotografía Sudamericana. El equipo infatigable de fotógrafos que produce y se encarga de la curatoría de cada número se auto-describe como una Plataforma Editorial Colectiva. Inspirada en estas dos tríadas (Plataforma Editorial Colectiva // Revista de Fotografía Sudamericana) quiero proponer tres ejes y aventurar en torno a cada uno, breves lecturas o más bien, tres formas del elogio. Lo de los ejes se me ocurrió combinando los conceptos que forman cada tríada. El primer eje, que dejaré para el final, lo conforman el par Plataforma y Revista. Este eje se sostiene en los principios de horizontalidad, transversalidad y circulación. El segundo eje, Editorial y Fotografía, corresponde a la visión propuesta en cada número y a las imágenes mismas que son el corazón o la razón de ser de este Sueño de la Razón. El tercer eje, Colectiva y Sudamericana, tiene que ver con el modo de trabajo y con el espacio de enunciación.

Comienzo con el eje central: Editorial y Fotografía. En distintas ocasiones, he escuchado a Andrea Jösch, una de las editoras de la revista, referirse a la necesidad de promover, fomentar y desarrollar una pedagogía de la mirada. En una entrevista con Luis Camnitzer, publicada en el número sobre Propaganda, Andrea vuelve sobre este concepto, el que define como la “introducción, en la enseñanza formal, del problema de la lectura, traducción e interpretación de las imágenes”. El primer elogio tiene que ver precisamente con esta cuestión: El Sueño de la Razón, y que me perdone Goya, no solo produce monstruos, sino que también, en el caso de esta revista, potencia y fomenta esta pedagogía de la mirada. ¿Cómo? Mediante la proposición de líneas editoriales que absorben distintas problemáticas del momento presente y las muestran en clave fotográfica, pero sin simplificarlas ni estereotiparlas, sino que más bien enfatizando su complejidad y densidad. Las varias y diversas obras fotográficas incluidas en cada número señalan la imposibilidad de abordar y re-presentar estas problemáticas de manera definitiva, así como las continuidades y discontinuidades que existen entre el pasado y el presente, continuidades y discontinuidades que se hacen aquí visibles gracias a la puesta en circulación de importante material de archivo y sus correspondientes aproximaciones críticas.

Fotografía: Rikio Sugano. Centro de la Imagen, Lima, Perú. Número 4, Viagem, Revista Sueño de la Razón

Fotografía: Rikio Sugano. Centro de la Imagen, Lima, Perú. Número 4, Viagem, Revista Sueño de la Razón

Las series incluidas en el Tomo II representan, cuestionan, parodian, imaginan y se aproximan a cuatro problemáticas/temáticas—Viaje, Frontera, Propaganda, Ciudades Maravillosas—desde diferentes ángulos, perspectivas, experiencias y posiciones. El número sobre Viaje, por ejemplo, hila distintas tramas: miradas coloniales, experiencias migrantes, economías y modos del turismo, exploraciones de territorios, pueblos y paisajes. Algunas tramas ponen en tensión afectos, otras llaman la atención sobre los efectos (económicos, geopolíticos, socioculturales) del desplazamiento. Doy un ejemplo (demás está decir que los escasos ejemplos que evoco son una mínima parte de un corpus extenso y variado—los cuatro números reúnen, en más de 500 páginas, aproximadamente 85 series fotográficas). En el texto que presenta “Esperanza,” serie fotográfica de Luis Sergio, leo que desde el 2012 el Estado chileno ha procesado y aprobado más de 120 mil visas de residencia a inmigrantes, un tercio de ellas a ciudadanos peruanos. Las fotos de Luis Sergio relatan el viaje que emprende un inmigrante, Ormeño Cochachín Gómez, desde Perú hacia Chile. El viaje de Ormeño no tiene nada de particular: es similar al viaje que miles de migrantes emprenden cada semana, cada mes, cada año, no un viaje sino varios, desde Perú al sur y de vuelta a Perú, viajes en plural marcados por la expectativa y la esperanza, la soledad y la inseguridad. Pero las fotografías de Luis Sergio evitan el dramatismo, el estereotipo. La cámara se enfoca en cambio en la cotidianidad de la experiencia migrante: las fotos me muestran a Ormeño haciendo la maleta junto a sus hijos, despidiéndose de su familia en el terminal de buses, hablando por teléfono en un centro de llamados, y mirando una imagen en la pantalla de su celular, una imagen de dos niños, probablemente sus hijos. En esta última foto, nuestras miradas coinciden. Yo miro aquello que Ormeño mira, aquello que Ormeño, indudablemente, extraña.

Luis Sergio, serie Esperanza. Número 4, Viagem, revista Sueño de la Razón

Luis Sergio, serie Esperanza. Número 4, Viagem, revista Sueño de la Razón

Varias teorías piensan la fotografía desde su condición itinerante, destacando la capacidad del medio de desplazarse y circular de archivos a diversas plataformas y soportes. Una pedagogía de la mirada como la que Sueño de la Razón fomenta, una que opera a partir de y en torno al medio fotográfico, no deja de ser crítica en este respecto, es decir, no deja de señalar la tensión inherente a la experiencia del desplazamiento. Las distintas miradas reunidas en el número de Viaje nos muestran las varias facetas de la migración y la itinerancia, nos enseñan que no todo desplazamiento es deseado ni buscado, que por cada viaje que busca satisfacer intereses, curiosidades o placeres, hay otros tantos, miles, que se emprenden por necesidad u obligación, que la exploración está ligada históricamente a la explotación y al dominio económico y que en estos tiempos neoliberales estas dinámicas se mantienen y se siguen expandiendo a escala global. Algo similar ocurre con el concepto de Frontera. Las series reunidas en este número no solo tematizan o exploran los diferentes efectos de la frontera en términos geopolíticos, económicos y culturales (frontera norte/sur, campo/ciudad, la discriminación o exotización del otro, la mitificación del paisaje), una labor ya extensa, sino que también proponen otras formas de imaginar y emplazar la experiencia del borde: este es el caso de Ampo, de Javier Venegas, una serie de retratos en blanco y negro a personas albinas. Ampo es el blanco resplandeciente, absoluto, la ausencia de color. Si Venegas imagina el concepto de frontera como el límite de la luminosidad y el color, en “Antofagasta/Hitos”, Erika Ewel emplaza el borde norte/sur en la construcción de tres hitos fronterizos, los cuales erige a partir de materiales (piedras volcánicas de los Andes, guano y arena chilena (antes boliviana) y tres fotos tomadas por su bisabuelo, extraídas, desplazadas del álbum familiar.

Violette Bule, serie Caracas_Emmental. Número 7, Cidades Maravilhosas

Violette Bule, serie Caracas_Emmental. Número 7, Cidades Maravilhosas

Aprovecho estas ideas sobre la expansión y el des/emplazamiento del concepto de Frontera para desplazarme yo también, para cambiar de eje: Colaborativa y Sudamericana. Como indicaba al comienzo, este eje tiene que ver con el modo de trabajo y con el espacio de enunciación. Se trata de un trabajo editorial que nunca se realiza en singular, sino que convoca lo múltiple, lo heterogéneo y que da como resultado una diversidad de propuestas, definiciones y aproximaciones a cada una de las problemáticas. No hay un modo de definir la Propaganda, ni la Ciudad, ni la Frontera. Tampoco hay un modo de definir la identidad o el territorio sudamericano. En este sentido, me gustaría polemizar aquí con algunas de las ideas planteadas por un ilustre de la fotografía (pueden leer la entrevista que Andrea Jösch y Luis Weinstein le hacen en el número de Frontera). A diferencia de lo planteado por el entrevistado, no creo que el calificativo Sudamericana en Revista de Fotografía Sudamericana opere en términos descriptivos (esto es lo que hay), prescriptivos (de aquí sí, de allá no), ni que sea un concepto vacío, un mero accidente o circunstancia (para el entrevistado, ojo global, el que la mayoría de los artistas que formaron parte de una selección de PhotoEspaña comisionada por él hayan sido españoles es una mera circunstancia). El calificativo Sudamericana es una declaración, un reconocimiento ineludible (y por lo demás honesto): pensamos, hablamos, creamos, aprendemos y observamos desde cierto lugar, o mejor dicho, desde ciertos posicionamientos. No se trata, ciertamente, de posicionamientos fijos ni estables; tampoco se trata de posicionamientos homogéneos, compartidos por todas en todas partes. Sin embargo, negar que estos posicionamientos existen, ignorar que estos orientan nuestro hacer y nuestro pensar (hablo a propósito de orientaciones y no de determinaciones) no es más que reproducir discursos de pretensión globalizante. Este universalismo versión siglo XXI—todas somos habitantes de la iconoesfera—ignora la especificidad, los matices y las diferencias a veces radicales de la experiencia de la globalización en distintos territorios, lugares, comunidades. Tanto los editores de Sueño de la Razón como las fotografías publicadas en ella comparten este hablar, crear y pensar desde y sobre un espacio (Sudamérica), un espacio cuya definición y bordes (geopolíticos, imaginados) están en tensión constante. Quizás, el Sueño de la Razón (y que me perdone Goya nuevamente) es también el Sueño de Sudamérica, Sudamérica propuesta aquí como concepto, territorio, espacio y tiempo, debatido y debatible, cuestionado y cuestionable, pero no por eso, imposible.

Andrés Durán, serie Mirador. Número 6, Propaganda.

Andrés Durán, serie Mirador. Número 6, Propaganda.

Concluyo esta breve presentación/elogio volviendo al primer eje, Plataforma y Revista. La fuerza de esta revista reside en su propuesta curatorial, una propuesta que cruza y hace dialogar, visualmente, archivos fotográficos y obras recientes, provenientes de distintas partes del subcontinente. Estos cruces y puestas en diálogo evidencian los principios que sostienen el proceso colaborativo de la plataforma editorial y la revista: horizontalidad, transversalidad y circulación. La revista, asimismo, no solo facilita la puesta en circulación; en su etimología latina, Revista hace referencia a algo cíclico, algo que se repite: volver a ver, volver a ser visto. En este sentido, la fuerza del Tomo II reside la posibilidad que nos presenta de poder volver a ver estas cuatro revistas, de nuevo. Quiero por eso evocar en este último elogio, el placer (irrefutable, repetible) implicado en el gesto de dar vuelta y vuelta a las cientos de páginas que conforman este gran Tomo II y poder volver a ver, todavía otra vez, más y más fotografías. Además de las continuidades temáticas que justifican la edición conjunta (no hay viaje sin fronteras, no hay frontera sin ciudad, no hay propaganda sin ciudad maravillosa, etc., etc.), las series fotográficas que cierran cada número presagian o adelantan la temática del número que sigue, dándole a este Tomo II todavía otra forma de continuidad. Propaganda, por ejemplo, termina con una serie de Pablo Hare sobre la práctica vernácula de edificación de monumentos en plazas y espacios públicos en Perú. Los fantásticos dinosaurios que se erigen en las plazas de Cusco y Arequipa presagian el último número, Ciudades Maravillosas, un número dedicado a la ciudad como espacio de teatro, de encanto, de memorias que se sedimentan en la urbe, de mapas mentales. Y a propósito de placeres y maravillas, y con esto termino, solo me queda pedir que este Sueño de la Razón no despierte, que siga soñando y cruzando fronteras, que siga explorando y señalando la ruta visual de las ciudades, comunidades y paisajes de este subcontinente, que siga creando archivos para el futuro.

Pablo Hare, serie Monumentos. Número 6, Propaganda, de la Revista Sueño de la Razón.

Pablo Hare, serie Monumentos. Número 6, Propaganda, de la Revista Sueño de la Razón.