Nada Personal: relatos inconclusos

 

En esta propuesta de exhibición colectiva de egresados de la primera generación del Magíster en Investigación y Creación Fotográfica UFT, se extienden los límites de la fotografía para desplazar y desbordar el problema de la imagen como una fuente inagotable de relaciones y construcciones simbólicas que permiten reflexionar sobre nuestras sociedades, a través de operaciones materiales que cargan de significado el decir de las imágenes. La mayoría nacidos a inicios de la década de los ´90, una generación que vivió en tiempos de transformación política, tecnológica, familiar, social. no solo en el Chile post dictadura sino en el mundo entero post guerra fría; una generación que convivió entre recuerdos físicos/analógicos y lo efímero de los medios digitales en un momento relevante de nuestra historia reciente, que permite indagar no solo en la memoria familiar como una memoria social, sino que apela a tensionar lo individual con lo colectivo, lo público con lo privado, demarcando en ese sentido una transición frente a cómo entendemos la ficción y la realidad de las imágenes. Una suerte de memoria afectiva a través del archivo como construcción de nuestras identidades locales, pues Nada es Personal, después de tanto disimulo.

Es así como Erick Faúndez en El monstruo sin nombre usa el cuaderno escolar como objeto contenedor de los pequeños secretos de la infancia, convirtiéndolo en un objeto capaz de retener sueños, ideales, historias y desamores. La obra cita el cuento original (Monster, 1994) del mangaka Naoki Urasawa, que trata sobre un monstruo que, buscando su identidad en los otros, se queda solo. La reconstrucción de un archivo infantil con retazos de imágenes apropiadas -tanto de casas abandonadas como de recuerdos fortuitos- impregnadas en aquellas páginas de cuaderno por medio de traspasos, como si no se quisiera perder nuevamente el recuerdo de haber pertenecido a algún lugar, nos insiste que en la construcción de un álbum las imágenes pueden convertirse en un repertorio de nuestros deseos, nos permiten retener la ilusión de nuestra propia historia, aunque ésta no sea real, aunque no nos pertenezca. Nos vemos en los ojos de los otros; nos vemos también en sus imágenes.

Erick Faúndez, El Monstruo sin nombre, 2016

Erick Faúndez, El Monstruo sin nombre, 2016

Erick Faúndez, El Monstruo sin nombre, 2016

Erick Faúndez, El Monstruo sin nombre, 2016

Alejandra Saldivia también remite a una historia, en este caso cinematográfica. No es casual la relación referencial hacia las imágenes que circulan y construyen un imaginario, sobre todo de generaciones que son esencialmente visuales. En esta propuesta escuchamos diálogos de la película de Wim Wenders, Paris, Texas (1984) y observamos imágenes en duratrans como remembranzas de épocas en donde las imágenes de un sueño de “porvenir” se construían en la retina tintineante de las pantallas publicitarias; deseos de viajar, pero por medio de la fantasía. Historias cargadas con un halo de ficción y la siguiente resignación de que el mundo es los que vivimos a diario, sin escapatoria, solo nos queda el anhelo de las imágenes. I knew this people es una instalación del álbum biográfico de la autora, que se convierte en una puesta en escena sobre la búsqueda de un estado melancólico y de transitar a la deriva, para continuar viviendo.

Alejandra Saldivia, I knew this people, 2016

Alejandra Saldivia, I knew this people, 2016

Alejandra Saldivia, I knew this people, 2016

Alejandra Saldivia, I knew this people, 2016

Javier Pino en Puntos Cardinales insiste en el álbum personal, pero encuadrando las imágenes para convertirlas en fotografías de las fechas establecidas automáticamente por las cámaras, en donde los colores y ciertas informaciones abstractas de los cuerpos que aún se divisan pasan a leerse como los colores de una década (tanto por el tono del material analógico de principios de los 90, como por el tiempo y su descomposición en los propios albúmenes o cajas de zapatos donde estuvieron seguramente resguardadas estas fotografías familiares). Imágenes políticas/poéticas sobre una década de transición, tiempo del auge del consumo desmedido, los ideales adormecidos y la búsqueda de libertad en encuentros con la individualidad, quizás porque se creyó que lo comunitario ya no tenía sentido. Se podría hablar sobre un archivo “inútil”, que reconstruye una generación sin memorias, una década de paso; metáforas sobre la relevancia de pensar en el anonimato de los sujetos de un tiempo que pasa, mes a mes, minuto a minuto, sin ninguna notoriedad, pero con la relevancia de atestiguar un nuevo cambio de paradigma de nuestras sociedades.

Javier Pino, Puntos Cardinales, 2016

Javier Pino, Puntos Cardinales, 2016

Javier Pino, Puntos Cardinales, 2016

Javier Pino, Puntos Cardinales, 2016

En Dialécticas de lo Oculto: ensayos sobre uno y otro de Cecilia Coddou, nos sumergimos a un diálogo con la muerte, no solo una trágica que relata extractos de una guerra, invasiones indebidas que pretenden demostrar el poder de unos sobre otros, sino a nuestra propia insensibilidad humana. Al parecer hoy en día solo podemos comprendernos desde la condición de agotamiento humano, en donde vivimos sumergidos en nuestra propia existencia, en nuestros propios sinsentidos consumidos por los mass media. Las imágenes no son ingenuas, menos aquellas que circulan con propósitos de desinformarnos por medio de una editorialidad pauteada. ¿Será que estamos agotados de tanto mirar? Aquella supuesta realidad que le otorgamos a las imágenes la entendemos, en esta propuesta, como un engaño, pues vivimos en una constante trampa sobre lo que vemos.

Cecilia Coddou, Dialécticas de lo Oculto, 2016

Cecilia Coddou, Dialécticas de lo Oculto, 2016

Cecilia Coddou, Dialécticas de lo Oculto, 2016

Cecilia Coddou, Dialécticas de lo Oculto, 2016

 

Gabriela Herrera en Diario de un Viaje año II busca, cual arqueóloga, escudriñar la condición material/simbólica de ciertos libros, tanto a nivel de contenido literario como por el tiempo transcurrido y las condiciones atmosféricas de conservación que muestran las incisiones en dichos objetos. En este caso trabaja con La Odisea de Homero, utilizando la técnica de Van Dyke deja expuesto el libro al sol, quedando manifiestas las marcas del viaje, como si pudiéramos percibir la cartografía del sufrimiento a través de esas manchas únicas, irreproducibles, permitiendo que la historia se convierta materialmente en una hazaña singular. Mientras que en contraposición tenemos el trabajo de digitalización, sin más intervención que esa, del libro de la Misión Científica a Cabo de Hornos 1882-1883 (P. Hyades et J. Deniker; 1891), material resguardado en los archivos de la Biblioteca Nacional de Santiago, en donde el retrato de una indígena queda impreso de forma espectral por el paso del tiempo, en las páginas de aquellos que los miraron como seres exóticos. Indígenas del sur del continente que ya casi se han extinto por la ignorancia de muchos otros que no comprendieron su cosmogonía e invadieron sus espacios, vuelven a aparecer en éstas páginas, quizás por que siempre han convivido entre la tierra y el cosmos; no entre el poder y la avaricia.

Gabriela Herrera, Diario de un Viaje año II, 2016

Gabriela Herrera, Diario de un Viaje año II, 2016

Gabriela Herrera, Diario de un Viaje año II, 2016

Gabriela Herrera, Diario de un Viaje año II, 2016

Nada personal: relatos inconclusos

Galería Posada del Corregidor, hasta el 9 de junio.

Santiago centro, Chile.