Carolina Caycedo y el arte de la resistencia

Es preciso soñar pero con la condición de creer en nuestros sueños.
De examinar con atención la vida real, de confrontar nuestra observación con nuestros sueños,
y de realizar escrupulosamente nuestra fantasía.
V. Lenin

Carolina Caycedo es una artista visual nacida en Inglaterra y colombiana de formación. Su obra es ejemplo del trabajo que como ella realizan miles de personas en el mundo del arte: tomar la decisión de ser coherente con aquello que nos apasiona en la vida y vivir de ello. Cuando empecé a leer sobre Carolina y conocer su obra fotográfica me encontré con trabajos de distinta naturaleza, performances, fotografía digital, análoga, publicaciones editoriales, video-instalaciones, algunas obras crudas pero afables. Estaba realmente intrigada, tanto por conocer los motivos que se encontraban detrás de su trabajo, como por entender el relato que le acompañaba a ella como mujer, como artista, como persona. Finalmente nos logramos contactar y tuvimos una entrevista coordinada, un lunes 11:00am en Colombia, 9:00am Los Ángeles, ciudad en la que reside actualmente.

Tan pronto la veo, le explico que quiero escribir un texto en el que pueda hablar de su obra y de ella principalmente, lo que no le digo es que en realidad creo que uno de los grandes problemas del pleno ejercicio de la divulgación de las artes, en sus distintas formas, es la frialdad generada por el tremendo tecnicismo con el que, quienes pertenecemos al gremio, nos concentramos en la ejecución de las obras, como si olvidáramos que realmente detrás de cada una de ellas hay un motivo humano, y así, solo nos hacemos más distantes y aumentamos la brecha de distancia que existe entre la, mal llamada, “gente del común” y el “purísimo” mundo de las artes.

Bueno, así sin más y con una sonrisa cálida, Carolina me empieza a contar que efectivamente nació en Londres, en medio de un contexto conformado por migrantes de diversas nacionalidades; chilenos, colombianos, latinos en general y que desde este primer momento, o más bien gracias a ello, obtuvo una clara consciencia de la diferencia. También me habla sobre su abuela, quien pintaba al óleo y de su tía abuela que escribía poesía; mujeres que fueron de cierta forma su primer puente hacia el arte.
Con seis años de edad, exactamente en 1984, Carolina regresa a Colombia y encuentra un país totalmente distinto al mundo que conocía hasta ese momento, un lugar en el que “el volumen era más alto, la gente hablaba más duro, la ciudad tenía un volumen mayor… la vida tenía otro volumen”.

Estando en Bogotá, pasó la mitad de su infancia y el inicio de su vida adulta viviendo en el barrio de Galerías, participó en categorías femeninas de competencias deportivas, razón por la que pudo viajar a través de Colombia y asimismo, conocer el conflicto armado desde otras dimensiones; como por ejemplo, aquel enfrentamiento entre la guerrilla y el ejército colombiano que vivió en carretera, o ese 18 de agosto de 1989 cuando le contaron que habían asesinado a Luis Carlos Galán en medio de un viaje, día en el que conoció por primera vez la conmoción en la gente, vio cómo todos se unían en medio del desasosiego.
Con el tiempo, Carolina, que se había adaptado con facilidad a pesar de seguir siendo, como ella afirma, “la diferente, la que hablaba mejor inglés, la que era un poco distinta”; incursionó el mundo del teatro, haciendo sus primeros pinos en el Teatro Popular de Bogotá (TPB), escuela que para la época ya contaba con un gran prestigio gracias a la formación de sus fundadores, entre ellos Jorge Alí Triana, Jaime Santos y Rosario Montaña, quienes provenían de escuelas internacionales de teatro, especialmente de Checoslovaquia y Praga. Cuando llegó el momento de elegir una carrera profesional, teniendo en cuenta que para la época no habían pregrados de teatro en Bogotá, lo más cercano que encontró a este campo fue el programa de Arte de la Universidad de los Andes y como su familia “no era rica”, asegura la artista, decidieron reunir el dinero entre distintos miembros de la familia, con la promesa de que ella realizara el doble programa junto a Derecho… proyecto del que desertó desde el primer semestre.

Es en esta etapa, cuando en 1995, Caycedo se encuentra con el arte, “yo no sabía nada, allá lo encontré todo”. En ese momento se acerca a distintos lenguajes y soportes artísticos de los que destaca el performance, el movimiento fluxus y el dadaismo, la antropofagia y a algunos referentes directos como la artista performer Maria Teresa Hincapie y Gabriel Villamizar.

Centro estético: A toda mecha, Intervención urbana, 1997 -2000

Centro estético: A toda mecha, Intervención urbana, 1997 -2000

Aunque para entonces la violencia del narcotráfico empezaba a cesar con levedad incipiente, incluso desde la facultad de arte de la Universidad de los Andes, Carolina recuerda a varios compañeros amenazados quienes empezaron a abordar el campo del arte y la política, tratando principalmente la violencia urbana. Para ella la aproximación a este espacio de acción sucedió a través del colectivo Cambalache. El primer proyecto en el que se embarcó el colectivo  fue el “Centro estético: A toda mecha”, cortando pelo en las calles de, lo que era para entonces, El Cartucho; una de las zonas más peligrosas, abandonada a la suerte de la miseria en Bogotá y paradójica, no solo por su nombre que honra la belleza de las flores, sino por su ubicación, a tan solo unas cuadras de la Plaza de Bolívar, el Congreso de la República, el Palacio de Justicia y, desde luego, el Palacio de Nariño, residencia presidencial en Colombia.

Cambalache fue para Caycedo, en una sola expresión, el “tocar para romper barreras”, aprender a ofrecer su arte y hacerse vulnerable en el proceso. En el cartucho empezó a organizar momentos de trueque con los “ñeros”, que como bien lo explica “no les digo ñeros de forma despectiva, sino porque la palabra ñero viene de compañero y eso son”.  De allí nació lo que más adelante se llamaría El Museo de la Calle, una especie de vitrina sostenida sobre un carro de balineras, “El Veloz”, en donde mostraban objetos de todo tipo; desde pipas para consumir bazuco (pasta base de cocaína) hechas con tapas plásticas de gaseosas y esferos vic, hasta el objeto más extraño que encontraron, “una especie de bastón, con una cuerdita para colgárselo como un fusil en la espalda, no es que yo me haya colgado un fusil -risas-, …con una cabeza de un payaso de plástico en un extremo, adornado con muchas cosas de colores… era muy barroco, muy lindo… y en la punta un chuzo con el que te podían matar”.

Museo de la Calle (Olla por Hoyas), 1999. Foto Colectivo Cambalache

Museo de la Calle (Olla por Hoyas), 1999. Foto Colectivo Cambalache

Museo de la Calle- San Victorino Bogotá,1999 Foto Colectivo Cambalache

Museo de la Calle- San Victorino Bogotá,1999 Foto Colectivo Cambalache

El Museo de la Calle viajaría más adelante a distintos países en Europa como Italia o Francia y marcaría su iniciación en el abordaje del espacio público como lugar de reconocimiento y construcción de su obra.

Se puede decir que la fotografía se hizo presente en la vida de Carolina desde su formación en la Universidad de los Andes, en donde se introdujo a este lenguaje por medio de la foto-novela, “era una época de mucha experimentación”, cuenta, mientras asegura que nunca se aproximó a este como un soporte exquisito o elitista. Su primera foto-novela fue una historia de amor entre una pareja basada en dos amigos de ella, un estudiante de música y una estudiante de arquitectura, me cuenta entre risas y termina recordando de forma jocosa todas las foto-novelas que veía en esa época sobre dramas amorosos, incluso eróticos.

Para finales de los ´90 el mundo de la fotografía en Bogotá seguía siendo mayoritariamente análogo. El centro de Bogotá, sobre la avenida 19 y alrededor de la Universidad J. Tadeo Lozano, estaba invadido de estudios, recuerda Carolina, razón por la que aun hoy conserva cientos de películas sin revelar y hojas de contacto de los rollos. Incluso cuenta que en su estudio favorito realizó una serie de “selfies, lo que antes eran los autorretratos”, con distintos fondos que le dejaban usar los dueños del estudio y que aún no ha publicado.  Durante el 2000 regresa a Londres con la intención de darle uso a la nacionalidad británica para continuar sus estudios en el exterior y con el propósito -o quizás la necesitad implícita tras la muerte de uno de sus padres-, de hacer un “corte con el pasado”, como lo indica el nombre de su primera obra en video, grabada sobre una cinta en la que aparece a las orillas del río Thames cortando su pelo.

La Niña - Daytoday, 2005. Proyecto de intercambios personales 2001-2009

La Niña – Daytoday, 2005. Proyecto de intercambios personales 2001-2009

En Londres vivió la vida del migrante, trabajando en oficios “de segunda categoría” como aseadora, secretaria y hasta cuidó salas de exposiciones en la Tate Modern. Estando allí inició su obra Day to Day, un trabajo que construyó durante aproximadamente ocho años, que la acompañó desde su vida en Londres, sus años en Puerto Rico, hasta su llegada a Los Ángeles; y que se concentró en acciones de truque de servicios. De hecho, de allí nació el “banco de tiempo”, en el que intercambiaba tiempo y habilidades con otras personas, “intercambiabas una hora de limpieza por una hora de una consulta médica… el tiempo de todos tenía el mismo valor”, explica.

Londres trajo en su vida la participación en la galería “24/7” con la realización de una bandera enorme que permaneció colgada en la fachada de una casa, pues en esta galería lo que se exponía estaba 24 horas y 7 días a la semana disponible; nuevamente se encontraba en el espacio público. Allí mismo se reunió con otros artistas que actualmente hacen parte de su círculo más allegado y con los que realiza distintos trabajos como Beatriz López, actual directora de Instituto de Visión, Pablo León de la Barra, actual curador USB Map del Museo Guggenheim y  Sebastián Ramírez, director y fundador de “(bis) oficina de proyectos”, Cali. Posteriormente, Carolina vivió 7 años en Puerto Rico, de donde asegura que entendió y profundizó en el concepto de la descolonización, pues Puerto Rico es en sí un país que se encuentra y ha vivido permanentemente en una condición de descolonización ante Estados Unidos. A Puerto Rico llega paulatinamente tras su participación en las exposiciones PR0002 y PR004, y durante su estancia, además de conformar una familia, aprendió a vivir “en el borde…conocí la vida de la resistencia e interioricé realmente el concepto de la descolonización”.

Para 2013 Caycedo inaugura, durante su residencia artística del programa para artistas DAAD en Berlín (2012), el proyecto Be Dammed o Represa/Represión, en el que decide trabajar distintas series, empezando por Río Escalonado (2013), en donde realiza dos collage con fotografías encontradas, planteando un diálogo visual entre imágenes que asocian represas de agua con las compuertas abiertas, frente a situaciones de represión, específicamente frente a una imagen de la policía egipcia reprimiendo a un grupo de jóvenes durante la primavera Árabe en el Cairo (2011).

Río escalonado, 2013. Serie Menos que letales.

Río escalonado, 2013. Serie Menos que letales.

En la siguiente serie, The headlong stream is termed violent But the river bed hemming it in Is termed violent by no one, la artista muestra dos trabajos de casos de estudio basados en las comunidades que viven en el Quimbo, a las orillas del río Yuma (Magdalena) en el departamento del Huila, Colombia. Para esta Carolina se introduce en el campo de la fotografía satelital, pues su estancia en la residencia artística no le permite permanecer tiempo completo en Colombia desarrollando el trabajo, por lo que el proyecto está inminentemente marcado por un sentimiento de lucha contra la distancia.

Del primer caso de estudio resulta la videoinstalación Spaniards Named It Magdalena But Natives Call Her Yuma, en ella se puede ver al río Magdalena, mientras de fondo lo acompaña la voz de una niña que cuenta cómo solía ser ese espacio en su infancia. Acá el diálogo se construye entre los puntos de vista y las perspectivas sobre el territorio pues, cuenta Caycedo, que muchas veces las fotografías que adquiría por altos precios en los bancos de imágenes satelitales, correspondían exactamente a los terrenos en los que se encontraban las represas construidas por empresas internacionales en estos territorios. Lo que le ha permitido pensar que los puntos de vista son infinitamente diferentes e infinitamente distantes según el interés que los preceda o los ojos que estén mirando. Así, lo que para algunos es dinero, para otros significa la preservación de la vida misma.

Los Españoles la nombraron Magdalena, pero los nativos siempre la han llamdo Yuma, 2013

Durante la realización de Represa-Represión, la artista también trabajó sobre la perspectiva del poder, a través de la realización de videos que enfrentaban la perspectiva de la gente frente a “perspectivas extrahumanas”, es decir, de seres vivos no humanos que habitan estos ecosistemas y que capturó con tomas bajo agua. Más adelante en el 2014 Carolina participaría con la obra, Yuma, or the land of friends,en la 8va Bienal de Berlín, con un mural, esta obra habla de destructivas consecuencias culturales y ambientales, del deseo del hombre por dominar la naturaleza y, a su vez, de la complicidad del Estado.

Resulta inevitable preguntarle a una artista como Carolina, quien ha vivido y construido su obra mediante consecutivos momentos migratorios, ¿qué piensa de la migración? A lo que ella con firme certeza, tras un silencio casi efímero, responde: “Te hace una persona chingona, como dicen acá en Los Ángeles. Te da una fortaleza y pierdes el temor a lo nuevo, puedes enfrentar lo que sea. Te quita el temor y te hace tolerante y respetuoso el hecho de participar en tantos espacios…y humilde. Me gustaría pensar que soy una persona humilde. Siento que cualquier situación y cualquier persona tiene algo que enseñarme”.

_ Carolina y, ¿se puede vivir del arte?
“Sí. Yo vivo del arte, se puede, es difícil. Se necesitan tres cosas. Uno, trabajo duro, me gusta llamarme artista pero también entiendo que soy una trabajadora cultural, por eso para mí es importante que se me pague… soy muy consciente de que hay una cultura del inpago, por eso es que muy poca gente puede vivir del arte y por eso tengo que decirlo.
Carisma, también. Y por último, estar en el lugar adecuado con la gente adecuada… el mundo de redes… entender que si yo estoy bien, mucha otra gente está bien”.

_Y por último, se que es una pregunta amplia y compleja, pero ¿qué crees que le falta al arte?Con un gesto de sorpresa y dificultad, piensa en silencio y responde:
“…Falta una educación artística rigurosa desde edades más tempranas…Yo no la tuve, por suerte terminé en este mundo… El arte sigue siendo muy elitista, a pesar de que se ha abierto a otros contextos. No se trata de seguir un modelo para todos, sino de generar arte para cada contexto”.

Immigrants Influence Home Cultures 2004, Los Ángeles E.E.U.U

Immigrants Influence Home Cultures 2004, Los Ángeles E.E.U.U

 

Fotografía portada: Ríos Vivos, acción colectiva con Ríos Vivos Colombia, La Jagua, Huila, 2014

Carolina Caycedo (1978, vive en Los Ángeles) trasciende los espacios institucionales para trabajar en el ámbito social, donde participa en movimientos de resistencia territorial, economía solidaria y vivienda como derecho humano. La práctica artística de Carolina tiene una dimensión colectiva en la que actuaciones, dibujos, fotografías y videos no son sólo un resultado final, sino que forman parte del proceso de investigación y actuación del artista. A través del trabajo que investiga las relaciones de movimiento, asimilación y resistencia, representación y control, aborda contextos, grupos y comunidades afectados por proyectos de desarrollo, como la construcción de presas, la privatización del agua y sus consecuencias en las comunidades ribereñas.  http://carolinacaycedo.com/