Texto y entrevista realizada por la escritora y artista inglesa Jemima Walter 1.

Fragmented Dialogues (Diálogos Fragmentados) es una exhibición que enmarca el trabajo de los artistas Mario Fonseca y Mauricio Valenzuela, cuyas importantes contribuciones han sido claves durante el movimiento artístico de Chile durante los años setenta y ochenta. Esta muestra te transporta hacia una mirada más íntima de la política y sociedad latinoamericana durante los años de la dictadura chilena, donde la resistencia, la violencia y las convulsiones políticas forjaron sus actuales cimientos. El trabajo exhibido incluye una serie por Fonseca que se centra en los autorretratos parcialmente oscurecidos, así como documentales sociales de Valenzuela tomadas en niebla espesa y en condiciones de poca luminosidad. Tanto Valenzuela como Fonseca trabajaron en Santiago durante los años setenta y ochenta y a pesar de sus diferencias respecto a la estructura y cuerpo de su trabajo, ambos se centran en los temas de ausencia e identidad.

Mario Fonseca, Habeas Corpus, 1980.

Mario Fonseca:
A pesar de ser un artista formado y con experiencia, inicialmente eligió no seguir su propia práctica y promover las obras de otros artistas y poetas chilenos influyentes de la época como Eugenio Dittborn, miembros del grupo Escena de avanzada CADA, Paz Errázuriz y Alfredo Jaar.

– ¿Puedes darnos tu opinión sobre este periodo de la historia de Chile y como influyó en llevar a cabo esta práctica inicial?

Habiéndome retirado del ejercicio del arte en ese periodo de los 70 (esto es, entre 1973 y 1979), a la vez que estar viviendo del diseño y la edición, me acerqué naturalmente a los artistas que sí ejercían y puse a disposición mi infraestructura básica ya fuera para producir piezas gráficas o para directamente difundir su obra en la revista Bravo que dirigí entre mayo de 1979 y abril de 1980. A instancias de mi amigo y entonces gerente de mi agencia, Francisco Zegers, suspendí mi paréntesis en la práctica del arte ingresando a inicios de 1978 al curso de cine que impartía el Instituto Chileno Norteamericano de Cultura. Allí conocí a Alfredo Jaar, con quien nos hicimos amigos y juntos asistimos más adelante a un ciclo de conferencias que dio Nelly Richard en el mismo Instituto, donde pronto conocimos a varios artistas que daban inicio a lo que después se llamó la “Escena de avanzada”. Si bien no integramos ninguno de los grupos que se constituyeron entonces ni fuimos considerados más tarde como parte de esa “Escena” –más bien todo lo contrario–, fue en ese periodo en que volví a producir trabajos personales de arte, convergiendo pronto en la serie Habeas Corpus. Mantuve mi disposición hacia producir gráfica y difundir editorialmente la obra de artistas como los mencionados en la pregunta, y otros más, pero al presentarme más adelante no sólo como colaborador sino también como otro artista más, la receptividad cambió sustancialmente, en particular de parte de algunos artistas y teóricos de aquella “Escena”.

– Alfredo Jaar ha dejado su huella en el arte chileno, ¿podrías decirnos cómo ha influido Jaar en tu propio trabajo?

Con Alfredo fuimos muy amigos hasta mediados de los 90, en que nos distanciamos hasta hoy. Conceptual y formalmente su influencia en mi trabajo fue mínima, fue parte de un intercambio recíproco desde pautas personales que se enriquecían a partir del diálogo mutuo, aportando a ambas líneas de obra. Lo que fue fundamental fue su insistencia y perseverancia en que volviera a ejercer el arte, una porfía casi intransable de su parte. Gracias a ello, por ejemplo, decidí buscar un formato fácil de producir, que no me diera excusas como la falta de un taller adecuado o de materiales complicados; así produje la serie Habeas Corpus con piezas tamaño carta, susceptibles de producir sobre mi escritorio. Y los videos de esa época los produje con la cámara Sony Beta de Alfredo, que siempre puso a mi disposición.

Mario Fonseca, Habeas Corpus, 1981.

– Ya que tu trabajo se centra principalmente en la censura y la política de este período en la historia de Chile, ¿podrías explicar el tema de la desaparición en tus obras y del significado que tenía hacer un trabajo como artista en este momento?

Por más que se inserte en el ámbito conceptual de la época, Habeas Corpus y todo mi trabajo de arte ha tenido siempre una impronta emocional, donde lo intuitivo y lo espontáneo son ‘insumos’ permanentes. (Así ha sido también mi aproximación general al arte, desde crítico y curador, hasta coleccionista). Recelo de lo racional como de lo enciclopédico, de la cuadratura del círculo y, peor aún, de la cuadratura de la mancha. De tal modo que no tengo una explicación muy precisa para responder esta pregunta. Sí había una situación de acoso político, de represión amplia y arbitraria (el recurso de Habeas corpus era la única instancia disponible, y poco servía), de personas que ya no estaban pero estaban, de inseguridad individual, de autocensura preventiva arbitraria, azarosa, de andar con la espalda encogida, como sigo andando hasta hoy. Ocupé varias metáforas a partir de ese estado de situación, desde el rostro abierto, velado o agredido hasta confesiones escritas en negativo, invertidas y al revés. Desde el signo menos para tapar los ojos de un vivo hasta el signo más –la cruz– para tapar un muerto. El desaliento de poner el parche antes de la herida, que no evita la herida. Y en los videos, La reproduction interdite de Magritte.

El autorretrato es una obra fundamental en tu trabajo, ¿crees que el uso de sí mismo como modelo significaba que te estabas arriesgando al crear y exhibir el trabajo? ¿Estabas reflexionando sobre tu propia y futura libertad como artista?

¿Si no me ponía a mí, a quién ponía? Sólo yo podía ser todos y ninguno a la vez.

– ¿Cómo ves tu trabajo hoy en día y en qué proyectos estás trabajando?

A fines de los 80 empecé a trabajar imágenes espontáneas, con recursos técnicos mínimos, a veces fallados o vencidos, ocupando fuertes desenfoques para emular mi miopía, en fin, cuestionando la ‘veracidad’ de la fotografía y dándole espacio a la emoción. Mi producción ha sido por lo general intermitente y finalmente escasa, circunscrita a temas que surgen casi impensadamente, que desarrollo y que luego cierro hasta el próximo estímulo. De hecho, hace diez años que no he producido ninguna imagen nueva, si bien trabajé en el intertanto en la obra Next, una recopilación desde mi computador de fotografías involuntarias o fallidas, almacenadas como errores y a punto de eliminar, pero que decidí rescatar como fotografías efectivas, en cuanto mostraban “objetos iluminados”, y cuya indefinición les daba un nuevo valor ya fuera por su misterio o por sus formas y colores atractivos pero sin mayor ‘misión’ documental, 60 de estas imágenes ampliadas a lo que diera su formato en 300dpi (desde 6x9cm hasta 18x24cm) fueron expuestas en el Museo de Artes Visuales MAVI en 2017, en mi exposición Reflejo Involuntario. Le puse el nombre Next a la serie, pues ésta es la única palabra legible en una de las 60 fotos.

Mario Fonseca, La observación de si mismo, 1982.

 

Mauricio Valenzuela:
Desafortunadamente, el acto de tomar fotografías en público se volvió más político y peligroso que tomar fotografías en un estudio. ¿Sientes que estos actos te obligaron a tomar más riesgos como artista?

Ver las cosas en la distancia del tiempo lleva a crear ciertas categorías que en su momento y tiempo estuvieron cruzadas por lo cotidiano, como comprar leche para mi hijo recién nacido, o hacerme cargo de mi hijo mientras mi compañera trabajaba (yo estaba cesante). Mi familia es de izquierda, socialista, apoyaban al presidente Allende; tuve un primo hoy detenido desaparecido que era perseguido por el régimen y paraba en casa de mi madre, escuchaba sus historias. Este primo después de ser biólogo marino trabajaba llevando carretillas con barro para hacer ladrillos, un trabajo muy duro. Otro de mis mejores amigos de infancia detenido en esa época, hoy reconocido como victima de la dictadura, es el pintor Ignacio González, de hecho entramos en la pintura y el arte juntos. Creo que conocí personas que realmente ponían su vida en peligro, yo solo tomaba fotos en la calle, fotos tristes, fotos desoladas, que era como mi cámara y yo nos sentíamos

– ¿Podrías hablarnos sobre los peligros a los que se enfrentaban los fotógrafos de la calle en ese momento de la historia chilena debido a la dualidad y riesgo que conllevaba? ¿Cómo fue tu experiencia en esta atmósfera como fotógrafo? ¿Tienes alguna historia de algún artista conocido o propia?

Allanaron varias veces el lugar en que vivía con otros artistas, así que sé que es estar en la madrugada con toque de queda boca abajo en el cemento de una acera, escuchando mi respiración mientras las radios militares trasmiten mensajes en la noche. Las tres veces que me detuvieron fotografiando en la calle, una en Valparaíso con los fotógrafos Oscar Wittke y Felipe Riobo, otra en Alameda con calle República con un fotógrafo que se llamaba Juan Meza y finalmente en otra ocasión solo en el sector de Mapocho, las detenciones nunca duraron más de 6 horas. En la ultima, en la zona de Mapocho me “revelaron” el rollo.

Mauricio Valenzuela, Misa, 1982-83.

– En tus fotografías, ¿cómo crees que se cuestiona la censura y la libertad de expresión?

En el año 1983 luego de la primera protesta contra el dictador, realicé una serie de pequeñas instalaciones que fotografiaba en secuencia y cuestionaba explícitamente la censura y la dictadura, pero todas mis fotografías transitan por reflexiones con la censura: el exilio interior, la derrota, la soledad, la pérdida de parte de tu soberanía intima. Yo no fotografiaba la dictadura; la vivía.

– En contraste con el fotoperiodismo de la época, ¿crees que tus fotografías proporcionaron una reflexión más poética y reflexiva?

Creo que yo no me proponía las tareas del fotoperiodismo, yo no me planteaba la comunicación como objetivo, intentaba darme respuestas que me permitieran seguir adelante. En una exposición que realicé junto a Felipe Riobo para la presentación del libro en fotocopia Las Ediciones Económicas de Fotografía Chilena, los compañeros me criticaron la ausencia de contenido, mis fotografías según ellos no decían nada y desgraciadamente estaban en lo cierto, yo no me planteaba decir nada; solo fotografiaba.

– ¿Cómo ves tu trabajo hoy en día y en qué proyectos estás trabajando?

Mi trabajo hoy está como siempre…. un poco desorganizado. Oscar Wittke, amigo de toda la vida, dice que primero capturo fotografías y luego las pienso, pero trabajo en fotografías sobre Santiago. Sobre los proyectos, en octubre de este año iré dos semanas a Vaparaíso, al Festival Internacional de Fotografía FIFV, la ciudad del fin del mundo, del fin de la historia, del fin de la cultura, que reventará en cenizas purificándolo todo; primera vez que tomaré fotografías fuera de las cuatro cuadras donde se ha desarrollado mi vida. En septiembre asistiré al Landskrona Photo Festival…y actualmente está la exposición con Mario en Londres, en la Desmond Galery.

Mauricio Valenzuela, Niebla, 1980-1983.

Mauricio Valenzuela, Untitled, 1980

Detalle Fragmented Dialogues. Crédito fotografía: Colin Mills

 

Las opiniones vertidas son de exclusiva responsabilidad de sus autores. 

Todas las imágenes propiedad © artistas, cortesía de CF-LART

El trabajo de Mauricio Valenzuela y Mario Fonseca, en Fragmented Dialogues estará en exhibición hasta el 30 de junio de 2018, en Austin / Desmond Fine Art en Londres.

 

  1. Jemima Walter es escritora y artista en estudios de la imagen y fotografía. Licenciada en artes visual y fotografía en University of the Arts London. Actualmente ejerce como miembro contribuyente de las publicaciones de Spears’s and Cent Magazine