Por Felipe Díaz 1

Durante años el fotógrafo Brian Gunn (Inglaterra) 2 se ha dedicado al activismo por la defensa de los animales, involucrándose desde la fotografía en su liberación y difusión de contenido. Para lograr su objetivo, Gunn se vale del uso de la imagen fotográfica como recurso, sin embargo, el trabajo que realiza contiene una dificultad extra, y es que todas sus fotografías deben ser tomadas desde la furtividad, lo que lleva a que su labor sea enormemente peligrosa, pues no puede ser descubierta por quienes trabajan en dichas instituciones, y por quienes desean mantener un status oculto sobre esta realidad.

La fotografía, y el producto que se desprende de esta (como imagen) ha posibilitado la visibilización del encierro animal en los laboratorios y dependencias de investigación. Si no fuera por la fotografía (y todo registro de captura visual, como también lo hace el video) no se podría obtener, mostrar y masificar una realidad que la industria cosmética o las transnacionales con laboratorios químicos, médicos y de belleza, desean mantener en secreto.

El mismo Brian Gunn, en comunicación personal por correo electrónico, menciona que sus fotografías son libres de circular por las diversas redes sociales, ser impresas para ser mostradas en marchas o convocatorias, e incluso, cumplir el fin de la denuncia para exponer justamente, las aberrantes prácticas a las que los animales son sometidos. En este contexto, la fotografía como fuente documental sigue siendo uno de los principales inventos tecnológicos que actúa como “aliado”, puesto que la documentación fotográfica en las condiciones en que Brian Gunn la realiza (furtivamente y solo con afán de denuncia) ha entregado garantías valiosas sobre el testimonio que desea hacer circular.

En el presente artículo, propongo pensar la imagen fotográfica como un arma, y entenderla, al igual como lo hace un arma tradicional, que la fotografía “se dispara”. En base a esto, la función de la cámara fotográfica —una vez capturada la imagen—, persigue la denuncia, es decir, un fin y una forma de comunicación con el receptor para la visibilización del mensaje y la esperable liberación. La fotografía como “arma” logra dar cuenta de aquello que ocurre y en este caso, evidencia lo que se nos oculta, pues, como bien menciona Susan Sontag, “el registro de la cámara incrimina” (18) y, a la vez, expone.

El activismo fotográfico de Brian Gunn permite comprender las imágenes fotográficas en su rol de documentos, ya que estas actúan, como bien menciona Boris Kossoy, como “fuentes de información histórica” (24) que nos deja observar lo que, en principio, no debe ser documentado. En base a esta consideración, las fotografías de Gunn deben ser entendidas “como medio de archivo y como fuente de prueba” (Tagg, 81) que no debe, ni puede, ser apartado (o dejado en segundo plano) al momento de estudiar y analizar estas imágenes, debido a que “tienen un testimonio [documental] que ofrecer” (Burke, 177).

Mirar el gran componente de imágenes que Gunn ha logrado capturar no es fácil. Cargadas con un fuerte componente de registro, que no solo alude al testimonio visual de la violencia en contra de los “sujetos para experimentación”, estas imágenes por el simple hecho de observarlas provocan desazón y rechazo debido al “poder” ético-emocional que encontramos en las imágenes y que se ajustan, una vez más, a lo mencionado por Kossoy, cuando plantea que “la fotografía es un intrigante documento visual, cuyo contenido es al mismo tiempo revelador de informaciones y detonador de emociones” (23). No obstante, precisamente este es el centro de la intención que subyace a la práctica de Gunn, donde se intenta demostrar una compleja maquinaria de poder que implementa la precariedad, el desinterés y la anulación a la que son sometidos los animales encerrados en los laboratorios.

¿De qué forma entonces, la fotografía de Gunn ha roto o ha fragilizado esta barrera que normaliza la violencia? Por medio de la exhibición de las imágenes fotográficas que, al momento de ser expuestas, se sitúan bajo la lógica de que “las fotografías procuran pruebas” (Sontag, 18). Este punto, así como toda imagen que busca denunciar algo en la esfera social se vuelve central. Las imágenes resultan ser pruebas, más allá de la vulnerable relación entre “realidad” y mundo digital (donde lo digital interviene y altera), la acción fotográfica y la masificación digital de las imágenes en las interfaces cibernéticas produce consideraciones éticas y políticas con relación a los animales no humanos.

Este tipo de consideraciones desde hace algunos años vienen siendo estudiadas y analizadas por grandes pensadores como Corine Pelluchón, Peter Singer, Martha Nussbaum y Tom Regan, quienes se inmiscuyen en los debates sobre derecho y ética. Y en este papel la fotografía se ha vuelto imprescindible, cumpliendo un rol fundamental al volverse la imagen fotográfica, evidencia y constatación. Sin estas imágenes que no persiguen otro fin que solo el de “dar cuenta de algo”, el asunto sería totalmente distinto. Se necesita de las imágenes, aunque éstas no deseen verse y no deseen ser difundidas en los espacios cotidianos de lectura e información.

Como se mencionó anteriormente, el mundo científico que investiga y experimenta con animales queda resguardado dentro de cuatro paredes, lo que permite el maltrato y el sometimiento más doloroso y aberrante. En parte, la imagen fotográfica logra romper la hermeticidad de las grandes compañías e instituciones, y, a la vez, permite una representación gráfica que se complementa con argumentos de corte ético y político. A modo de ejemplo, Peter Singer, en un capítulo de su libro “Liberación Animal”, presenta ciertas imágenes fotográficas de animales que son usados para la experimentación. En base a estas representaciones visuales, Singer elabora sus argumentos, centrándose desde la imagen y la filosofía en la capacidad de sentir que los animales tienen. Sin las fotografías, la construcción de argumentos no tendría la misma fuerza y persuasión. De hecho, es a partir de estas fotografías desde donde los debates políticos se han nutrido enormemente para intentar modificar las acciones que, en nombre de la ciencia y los humanos, se cometen diariamente. Ocurrió en España durante el último año cuando miles de personas observaron por medio de fotografías las condiciones de vida presentadas en el laboratorio “Vivotecnia” (un centro de experimentación con perros Beagles y otras especies), lo que motivó toda una serie de masivas protestas e investigaciones hacia dicha institución.

Es pertinente destacar, en el ámbito de la filosofía política, al filósofo italiano Giorgio Agamben, como quien ha planteado algunos conceptos filosóficos y políticos al momento de entender a aquella “vida a quien cualquiera puede dar muerte sin cometer, con ello, homicidio”. Su concepto de nuda vida, es una vida que entra en la diferenciación que el propio filósofo establece entre la bios y zoé 3,  y que condiciona el comportamiento que tenemos hacia los otros. Si bien, Agamben plantea toda su filosofía en relación con la especie humana, es posible hacer conexiones con la situación de los animales, pues estas vidas son contempladas como meros objetos sin valor, y a las cuales podemos matar por centenares y millones sin recibir un castigo por ello. En el caso de los laboratorios ocurre sistemáticamente en grandes cantidades y en todas partes del mundo.

Fotografía de Brian Gunn

En el plano de la imagen, en una de las fotografías podemos observar a dos individuos de bata blanca dentro de un laboratorio. Mientras uno de ellos sostiene con su mano a una rata (uno de los animales más utilizados en la investigación), ambos parecen estar alegres y destendidos, ajenos al devenir de la rata, que, obviamente, va en tránsito a ser objeto de experimentación y sufrir una posterior muerte. Mientras, para los investigadores esto no parece ser un problema mayor, sino, únicamente, un proceso rutinario y casi administrativo. Otra fotografía de Gunn revela una carretilla que contiene tres cuerpos de perros muertos, y que son trasladados, como quien mueve de un lugar a otro una bolsa llena de basura. Estos, como bien diría Richard Ryder, son “víctimas de la ciencia”, que hace uso de ellos para viviseccionarlos y someterlos a dolorosos tratamientos mientras están vivos; inyectándoles compuestos mortales y matándolos cuando ya no son útiles. Lo mismo ocurre con simios, gatos, ratones, aves, y distintos animales que son sometidos a la experimentación.

De manera paradójica (y terrible), sucede que, en muchos casos, los experimentos a los cuales se les somete, al fin de cuentas, no son considerados como pruebas válidas y tampoco ya tienen sustento al haber otras formas de adquirir estadísticas en tratamientos, etc. Al conocerse a través de las fotografías esta realidad, se han generado fuertes cuestionamientos a estos centros de investigación, pues se siguen cometiendo grandes sufrimientos de manera completamente innecesaria. Del mismo modo ocurre cuando observamos una de las fotografías donde se muestra a un conejo dentro de una jaula, éste tiene su abdomen rojo producto de la sangre, y al cual se le han aplicado una serie de pruebas. El animal, según lo comentado por Gunn, está en “recuperación”, pues ha experimentado mucho dolor. En la imagen es posible observar que el pelaje en su abdomen ha sido arrancado para dejar la piel expuesta, y así, testear los productos de una mejor manera. Según lo dicho por el fotógrafo, el conejo no fue tratado por un veterinario, sino que solo se dejó dentro de este lugar, a la deriva, esperando su recuperación o muerte. Si sobrevive, será utilizado para otro experimento.

 

Fotografía de Brian Gunn

Fotografía de Brian Gunn

El uso de la fotografía se encuentra en todos los ámbitos de la vida humana, como archivo, arte, documento, mero registro, pruebas, etc. En el caso de las fotografías de Brian Gunn, la evidencia sobre las prácticas que las industrias realizan sobre los animales de manera donde “todos pueden matar, y no recibir castigo alguno por ello”, profundiza el pensamiento antropocéntrico que justifica los crímenes de la ciencia como “contribución a la humanidad”. En base a esto, no podemos quedar ajenos a los postulados presentados por el “Antropoceno”, que dentro de sus análisis críticos presenta los riesgos de la “mirada dominante” ejercida por la especie humana, en la cual encontramos un posicionamiento por parte de estos que se sitúan como el eje central del mundo.

Desde el siglo XVI, el filósofo Michel de Montaigne en su ensayo titulado “La Apología de Raimundo Sabunde”, presenta dicha vanidad que tiene la especie humana de considerarse como un ente superior. Para hacer frente a esta condición, el análisis de las imágenes fotográficas nos lleva por un muy buen camino con relación a la crítica de la conducta humana, pues pone en evidencia el alto grado de violencia y crueldad que se ejerce en estos recintos de experimentación. Por estas razones, el activismo de Gunn, al hacer uso de la imagen fotográfica como medio de denuncia, es fundamental. La imagen fotográfica nos muestra las condiciones de vida, el estado físico y la situación en la cual se encuentran, pero también nos da a conocer las emociones de estos al encontrarse en este estado, ya que cuando observamos las imágenes podemos percibir la mirada que expresan al momento de ser fotografiados, y que en la mayoría de los casos son miradas y actitudes de tristeza y angustia.

De la misma manera, en el activismo fotográfico de Gunn se agrega una consideración no menor, y es que en su trabajo se puede analizar la importancia de la “agencia animal”, como aquello que se debe instalar a la base de la discusión, tanto teórica como práctica. La instalación de una agencia intenta modificar la imperante dominación e importancia que tiene lo humano con relación a los demás seres existentes, y se propone realizar un análisis crítico, no solo desde lo histórico-cultural, sino también desde las imágenes, especialmente desde la forma de observar una imagen, en este caso, fotográfica.
Cuando hablamos de “agencia animal” nos referimos a que se debe tener una observación de los animales como seres que participan activamente dentro de las imágenes, intentando, con esto, apartar la histórica desvalorización que se tiene hacia ellos, y que los sitúa como simples individuos al servicio de la ciencia y los avances médicos. La entrega de una agencia provoca un cambio de paradigma, puesto que el animal, dentro de la imagen, ya no es considerado como un mero utensilio, sino que es un ser al cual las acciones que ahí ocurren le afectan.


A manera de conclusión, resulta importante destacar que, para el activismo por la defensa de los animales, la fotografía se ha instalado como uno de los peldaños principales, y más fundamentales, dentro de la lucha por la liberación de estos. Observar lo que ocurre dentro de las instalaciones modifica nuestra postura en muchos sentidos, tal y como le ocurrió a Lev Tolstoi cuando visitó un matadero en Rusia, quien al presenciar el nivel de violencia y sufrimiento de los animales cambió su alimentación, y abogó por la liberación de los toros y corderos encontrados ahí. De la misma manera, la imagen fotográfica nos permite exponer aquello a lo cual no podemos acceder por nuestra cuenta, debido a la hermeticidad de los laboratorios, y que gracias a estas imágenes nos podemos hacer conscientes de lo que ocurre. Por estos motivos, en este artículo he decidido destacar el trabajo de Brian Gunn, quien con su activismo, astucia y valentía ha logrado infiltrarse por espacios prohibidos y clausurados a la mirada pública. Ha logrado, como bien se menciona en su página web 4 “destapar el velo que cubre a dichas instituciones”, exponiendo la fortaleza de las imágenes que documentan, ya que, siguiendo lo que menciona la filósofa Susan Sontag, “algo que sabemos de oídas, pero de la cual dudamos, parece demostrado cuando nos muestran una fotografía” (Sontag, 18).

Bibliografía:

-Agamben, Giorgio. “Homo sacer. El poder soberano y la nuda vida I” Trad. Antonio Gimeno Cuspinera. Valencia: Pre-Textos, 1998.

-Burke, Peter. “Visto y no visto. El uso de la imagen como documento histórico”. Trad. Teófilo de Lozoya. Barcelona: Crítica, 2001.

-Kossoy, Boris. “Fotografía e Historia”. Trad, Paula Sibilia. Buenos Aires: Biblioteca de la mirada, 2001.

-Montaigne, Michel de. Ensayos. Trad. Constantino Román y Salamero. Paris: Garnier

Hermanos, 1912.

-Ryder, Richard. “Victims of Science. The use of animals in research”. London: Davis-Poynter Limited, 1975.

-Singer, Peter. “Liberación animal”. España: Taurus, 2018.

-Sontag, Susan. “Sobre la Fotografía”. Trad. Carlos Gardini. México: Alfaguara, 2006.

-Tagg, John. “El peso de la representación. Ensayos sobre fotografías e historias”. Trad. Antonio Fernández Lera. Barcelona: Editorial Gustavo Gili, 2005.

-Tolstoi, Lev. “El primer peldaño. Y otros escritos sobre vegetarianismo”. Trad. Joaquín Fernández-Valdés. Barcelona: Kairós, 2017.

  1. Licenciado en Filosofía y Magister en Estudios de la Imagen, Universidad Alberto Hurtado. Magíster en Filosofía y Cultura Moderna, Universidad de Sevilla
  2. Quien es secretario general de la International Association Against Painful Experiments on Animals. (IAAPEA)
  3. Para Agamben, bios es distinto a zoé, puesto que la primera determina, según el filósofo, una forma de vida más propia (como por ejemplo la política), mientras que la segunda se establece como esa vida común que no se diferencia ni es particular
  4. https://animaltestingpictures.com/