El Archivo telemático a través de la arquitectura de las plataformas de Facebook e Instagram

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Las estrategias arquitectónico-visuales de las redes sociales de Facebook e Instagram poseen una estructura archivística determinante para la confección, localización y distribución de la información (imagen, texto, audio, o video). Su estructura se presenta de forma símil a un panóptico, donde las celdas serían un análogo a cada posible ventana del chat localizada en la barra derecha de la plataforma facebook; por otro lado, en el caso de Instagram,  la plataforma cumple una función modificadora, interviniendo la imagen en su formato y en los filtros anexados a ésta. Ambas plataformas proponen un ambiente de instantaneidad e intensa ansiedad. Las imágenes son infinitas y su posibilidad de compartir o registrar son aún mayores, generando un ambiente diverso, hiper-conectado y homogéneo. Dichas características son netamente aparentes, las estrategias de estas redes no se diferencian en las comunicaciones unilaterales que se llevan a cabo con la televisión o en la publicidad, las cuales además, generan sujetos totalmente alienados. En este caso específico, cabe hacer hincapié en la idea del panóptico, donde el disciplinamiento y el control están regidos específicamente por la técnica de estas mismas plataformas. Todas estas características intervienen en las subjetividades de los sujetos, ya que aquellas estructuras modifican la información o los signos allí alojados. No solo sus estructuras técnicas intervienen en esta subjetivación, sino que además, las cadenas de consumo a las cuales pertenecen; transformando cada una de estas plataformas como un medio más donde el rating virtual influye en ellas.

Es sabido que a partir del surgimiento de las técnicas telemáticas –como el internet–, el consumo de televisión y la forma de hacer publicidad ha dado un giro sustancial, centrándose específicamente en el consumo comunicacional de experiencias, sobre la venta de objetos; por ello, el mercado de estas plataformas, resulta mucho más rentable que los dos ya mencionados. Por lo mismo, existe un trabajo arduo y amplio en las empresas y multinacionales en tener una actividad persistente a través de estas redes. Un ejemplo que evidencia dicho punto, es la conformación de un nuevo cargo comunicacional en dichas empresas, y que se refiere al comunity manager; quien administra las redes sociales dirigidas a la interacción con los usuarios de estas redes. Esta labor, produce y genera la continuidad de la línea productiva, finalizada en el consumo, donde la televisión o la publicidad no pueden administrar por si solas aquellos objetivos. Aquella participación de estas empresas parte por el entendimiento de las mismas plataformas, confeccionando y produciendo desde el lenguaje característico de estas propias redes. Como sabemos, el lenguaje es una de las instancias más importantes ligadas al poder, lo cual se análoga o más bien relaciona directamente con este panorama. El lenguaje de los usuarios es cohesionado y modificado para formar parte de estas plataformas, generando así, sus propios códigos de interacción y experiencia virtual.

Cada uno de los puntos aquí señalados se relacionan con la modificación de las subjetividades de los usuarios de ambas redes. Tanto Facebook como Instagram han logrado coaptar el mercado específico de las dos producciones más importantes a nivel internacional. En Facebook, se vive la híper-conexión  e instantaneidad de quienes participan en ellas, presentando un Archivo Telemático sin fronteras, con la creación de archivos infinitos, auto-editables y con acceso remoto; por otro lado, Instagram, logró generar o modificar el mercado productivo de la imagen virtual, generando el material archivable con características particulares muy bien definidas, tanto en soporte formal como en su contenido significado.

Ambas plataformas se alternan y complementan generando un ambiente con subjetividades características, donde resulta casi imposible no ser tocados por algún eslabón de la cadena productiva (producción, distribución y consumo). A partir de estas experiencias es que podemos asegurar que nos encontramos frente a un archivo telemático, caracterizado por la acumulación deliberada de información a través de técnicas digitales o de la telemática que producen una homogeneización de los contenidos allí alojados.

Michael Ulrich

 

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Dentro de las reflexiones sobre la Modernidad[1], se ha encontrado un constante cambio en distintos ámbitos sociales, de los cuales, el punto de partida para ello puede ser la tecnología, y dentro de estas la cámara fotográfica. Ésta irrumpe en la vida social modificando la relación que el hombre había tenido con la imagen, generándose una democratización y autonomía del manejo –tanto del aparato como del producto  o imagen–. Las primeras cámaras fotográficas poseían valores altísimos y dificultades técnicas en sus manejos, por ende, dicho proceso estaba enfocado en un sector minoritario que lograba financiar este aparato o, que podía pagar a un fotógrafo algún retrato. Este panorama se desarrolló entre 1826 y 1920, donde en este último año, ya se desarrolló una cámara fotográfica en menor formato, en que a pesar de sus altos costos, ya no existía una dependencia tan extrema. Justamente, el hito que elimina la dependencia absoluta en relación al fotógrafo, y que logra una democratización de gran impacto, fue en 1925 con la obtención del fotomatón moderno (máquina fotográfica que por un dólar realiza la toma de 2, 4, 6 u 8 fotografías en secuencia.), dicho adelanto elaborado finalmente en 1925 es analogable al proceso de producción fotográfica masificado que actualmente vivimos, donde un gran porcentaje de la población posee una cámara fotografía debido a su bajo costo o, incluso por la incorporación de ésta a otros dispositivos como; el teléfono, computador o incluso televisores.

Ambos estados (dependencia y autonomía) pueden ser leídos como proceso imbricados al sujeto, donde Debord, en primera instancia –relacionado con la dependencia– nos habla de la extrema unilateralidad del dialogo que genera la última forma de alienación del sujeto. Es decir, al momento de producirse una dependencia unilateral en que el sujeto demanda y recibe –sin entregar nada a cambio– se produce una comunicación frustrada, que prontamente, en la segunda etapa (digitalización de la fotografía y manejo democrático del dispositivo fotográfico) nos propone un cambio, donde la relación del sujeto predomina sobre el objeto, produciéndose aparentemente una reestructuración de éste.

Esta investigación es abordada desde un problema de homogeneización y estandarización cultural a través de dos redes sociales, las cuales; por un lado producen signos (instagram); y por otro, los alojan (Facebook). Este fenómeno de contenido y contenedor resulta totalmente analogable al sistema archivístico. Para poder entender dicha analogía y equivalencia, emplearemos dos autores claves para la definición de la noción de archivo; por un lado Jacques Derrida (1998), quien nos dice que todo archivo está conformado por un archivante y, por su contenido. Ambos se encuentran totalmente relacionados, donde inmanentemente presentan correspondencia. Según Derrida “la estructura técnica del archivo archivante determina asimismo la estructura del contenido archivable” (1998, p.24). En el caso de las plataformas o interfaces web, nos encontramos con que el archivante es la plataforma como medio, y que su archivo es el contenido. Ambos, se encuentran en total relación, incluso, podríamos decir que el medio se transforma en el mensaje (MacLuhan, 1988; Groys, 2008). Por otro lado, Boris Groys nos dice:

El archivo es una máquina de producción de recuerdos, una máquina que fabrica historia a partir del material de la realidad que no ha sido recopilado. Y este proceso de producción tiene sus propias leyes, que deben ser observadas por todos los involucrados en él. (Groys, 2008, p. 14)

Al igual que el archivo planteado por Groys, las plataformas sociales y sus estructuras actuales, están condicionadas para archivar recuerdos, momentos y trazos fugaces, que intentan ser inmortalizados a través de ellas. Es decir, dichos fragmentos apelan por ser parte de una verdad real, teniendo la “capacidad de representar, al menos durante un tiempo, el entero ámbito profano exterior al archivo, sugiriendo con ello que ha cumplido con aquella vocación de exhaustividad” (Groys, 2008, p.16). Esta Vocación de exhaustividad planteada por Groys “obliga al archivo a ir siempre en busca de lo real, es decir, de lo pasajero, actual e insignificante” (Groys, 2008: 15). Esta misma característica es observada por sus usuarios como una “realidad sensible a domicilio” (Nora y Minc, 1992, p.132).

Al separar nuevamente la plataforma y sus contenidos, nos enfrentamos a dos fenómenos; por un lado, el contenido apela a la verdad o sea, al real; y por otro, la plataforma es aquella que ejerce el poder sobre dicha verdad[2], en palabras de Michell:

Lo que sorprende a Foucault es la estrecha relación que se produce entre verdad y poder, si un enunciado logra un contenido de verdad suficiente poderoso, la posibilidad genealógica de un nuevo campo de relaciones de poder y dominación se hace presente, hasta llegar a determinar incluso las formas en que durante toda una época, dicha dominación se va a ejercer, es decir, los términos en que un determinado estado de dominación se va a implantar material, institucional e históricamente. (Michell, 2006, p.6)

Tal como evidencia Foucault en palabras de Michell, la relación entre verdad (Contenido-archivo) y poder (plataforma), determina las formas de dominación que son ejercidas en una época especifica[3], por lo tanto: ¿Cuáles son las estrategias de dominación que se emplean en la actualidad?, ¿En que difieren estas estrategias a los planteamiento de Debord o Baudrillard? ¿Se complementan, contraponen o son avalados? Para, comenzar a acercarnos a las respuestas de estas interrogantes, podemos constatar que la primacía de la experiencia, funciona como el gran método de consumo y, por ende, de inserción del poder en la sociedad. (Baudrillard, 2009 – Foucault, 1979)

En la actualidad, nos encontramos con un mundo no sólo de bienes y servicios, sino que de nuevas experiencias, en este caso, mediante la virtualidad a través de las plataformas sociales. Estas se caracterizan por emplear métodos flexibles y homogéneos, en que el usuario emplea una libertad virtual, o como decía Baudrillard:

cada uno de nosotros se ve prometido a los mandos de una máquina hipotética, aislado en posición de perfecta soberanía, a infinita distancia de su universo original, es decir, en la exacta posición del cosmonauta en su burbuja, en un estado de ingravidez que le obliga a un vuelo orbital perpetuo, y a mantener una velocidad suficiente en el vacío so pena de acabar estrellándose contra su planeta originario.  (Baudrillard, 2001, p 12)

Esta noción expuesta por Baudrillard, puede ser ejemplificada en su totalidad con las plataformas de Facebook e Instagram, las cuales se presentan como estructuras libres, de objetivos benéficos para la comunicación; amparadas en entregar eficacia, instantaneidad y cercanía con sus usuarios, permitiendo la posibilidad de plantear y generar un relato particular, construido a través de la serie de signos establecidos por la misma arquitectura del sitio. Es decir, a simple vista suena coherente y benéfica la generación de redes destinadas a la inmediatez comunicacional, pero al insertarse en ellas, uno puede ir develando el aparato disciplinante y condicionador que controla y manipula un nuevo sistema de producción.

Estas redes presentan a los usuarios como creadores, consumidores y espectadores, que a pesar de ensimismarse en este espacio virtual, y sentirse hiperconectados, caen dentro de una lógica reduccionista en torno a su propia identidad, limitando y mediando su ser a través  de la pantalla y las redes. Todas estas características desencadenan una sociedad homogénea, disciplinada, clasificada y amparada bajo estas nuevas tendencias de relaciones y experiencias[4].

La principal experiencia que entregan estas redes es la omnipresencia en torno a los otros miembros de la red. Cada uno de los participantes se expone a la observación consensuada y aleatoria, fabricando efectos homogéneos de poder (Foucault, 2005) de cualquiera de sus miembros, o sea, podríamos denominarlo como un constante juego de miradas, en que posiblemente el espacio virtual sea construido a partir de esa observación, generando productos consumibles y amparados en tópicos efímeros y reactualizables.

Uno de los términos analogable a este observador omnisciente, es el panóptico de Bentham, expuesto por Foucault en una de sus teorías que devela las estrategias de control y disciplina en la sociedad. Este dispositivo en su esencia, se caracteriza por una observación poco clara desde el punto de vista del observado, ya que jamás podía estar consciente si era o no mirado, es decir, este se regía por esa posible incertidumbre. Actitud que provoca un condicionamiento eficaz, frente al encarcelado, ya que éste, actúa constantemente como si lo estuvieran observando, garantizando el funcionamiento automático del poder. Por lo mismo, esta estructura disciplinar se caracteriza por no “recurrir a medios de fuerza para obligar al condenado a la buena conducta, el loco a la tranquilidad, el obrero al trabajo, el escolar a la aplicación” (Foucault, 2005, p.206).

A partir de la suscripción de los usuarios en estas redes y la interactividad global, surge una visión panóptica y totalitaria. Cada uno de sus usuarios tiene la capacidad de observar las construcciones y elaboraciones de su entorno, por lo tanto la plataforma invita a ser partícipe del voyerismo social, siendo uno mismo –cada usuario– observado, clasificado y encriptado como un dígito para el consumo inmediato. Específicamente en el caso de Facebook, nos encontramos con una arquitectura construida para cumplir con símiles relación al panóptico, sus estructuras están distribuidas y/o diseñadas para producir un consumo e interacción eficaz de sus usuarios. Un ejemplo de ello, es la barra lateral derecha de esta plataforma, en la cual aparecen una serie de usuarios conectados. Hasta el año 2010, esta barra no existía, en el 2011 la barra sólo presentaba a los conectados, en el 2012, me informaba quienes estaban conectados y en qué momento tenían sus interacciones. Y actualmente (2015) no solo me muestra mis red de “amigos”, sino que además, me propone observar a usuarios próximos a mis redes. Este panorama es observable como una modificación en pro del voyerismo social, donde cada modificación genera una atracción por las interacciones ajenas, produciendo además a la exposición de redes que apelan a la mundialización (Mattelart, 2007).

Cada modificación realizada en las plataformas, está pensada para acrecentar diariamente las visitas, junto a ello se utilizan una serie de estrategias que desencadenan una atmósfera de ansiedad (Brea, 2010) generando una mayor interactividad y por ende un mayor consumo de “experiencias” en la plataforma. Uno de los elementos permanente que surge a través de esta ansiedad de elevar el rating virtual, es la fotografía. Esta se caracteriza por ser elaborada o proyectada para ser consumida, por lo tanto podríamos denominarla como una imagen pornográfica (Gubern, 2005). A raíz de que el consumo de ciertas imágenes va mutando constantemente, la producción de estas imágenes cambia de igual forma. No existen micro mundos evidentes, sino que más bien, la masa de ellas produce que se eliminen o velen aquellas posibles diferencias (Debord, 1998).

Junto a la variedad y cantidad de imágenes emitidas por estos medios se une la constante necesidad de existir de sus usuarios, es decir, dentro de la red podemos ver la obsesión por demostrar nuestra existencia (Baudrillard, 2001) mediante la auto-representación. Un gran porcentaje de la población virtual que participa en estas redes, confecciona o distribuye cientos de imágenes diariamente, un análogo a la antigua pintura del grafiti, la cual se caracterizaba por cumplir una labor similar al mensaje en la comunicación. Tanto las imágenes como el grafiti, claman por un receptor. Pero la multiplicidad, nos produce una imagen plana donde no existe mirada. “Para que exista mirada, es preciso que un objeto se vele y se desvele, desaparezca a cada instante; por ello la mirada presenta una especie de oscilación” (Baudrillard, 2001, p.75). En variados casos de imágenes nos encontramos con; temáticas, ángulos de toma, encuadres, colores muy característicos y símiles entre ellos, que dependen de cuestiones del mainstream más que proposiciones personales, es decir, la producción de estas imágenes puede llegar a perder la libertad con el objetivo de ser aceptadas y consumidas por otro.

Dentro de las teorías del consumo expuestas por Debord y Baudrillard nos encontramos constantemente con el excesivo fetichismo en torno a la mercancía.

Éste es el principio del fetichismo de la mercancía, la dominación de la sociedad por “cosas suprasensibles aunque sensibles” que se cumple de modo absoluto en el espectáculo, donde el mundo sensible se encuentra reemplazado por una selección de imágenes que existe por encima de él y que al mismo tiempo se ha hecho reconocer como lo sensible por excelencia”  (Debord, 1998, pp. 51-52).

En el caso de las redes sociales, la mercancía es pura virtualidad, la imagen transparente sin porosidades, sin densidad en forma ni fondo, y si existiera por casualidad una imagen que posee características reflexivas, se pierde dentro de las infinidades de vínculos e híper-redes existentes. Uno de los cambios más importantes dentro de la era de las nuevas tecnologías es justamente la naturalización de la imagen (Brea, 2010). Esta se encuentra en nuestro paisaje cotidiano, no nos sorprende ya que intuimos el contenido de esta. Para ello, Brea nos propone:

Si añadimos la determinante importancia política que conlleva la propia presencia de esos nuevos dispositivos y <<maquinas de la visión>> en la redefinición del tejido social de la convivencia ciudadana, favoreciendo el establecimiento de nuevas dinámicas de enorme alcance político en cuanto a las relaciones de poder, control, ordenación y gobernanza de lo social, resultaría poco menos que imposible incurrir en sobrevaloración del impacto y la importancia que todo ello posee. (Brea, 2010, p.115)

A raíz de esta propuesta –realizada por el autor– es donde se une la necesidad de generar los estudios visuales. Es decir, si entendiéramos las actuales condiciones de producción de imaginarios visuales –como el arte– y, a la vez pudiéramos relacionarlas con un régimen de producción, distribución y recepción, seriamos capaces de hacer ejercicios críticos en torno a la era de las tecnologías y los nuevos medios. Para ello es sumamente necesario que las metodologías o el análisis teórico empleado en estas investigaciones surja y complemente las investigaciones ya realizadas, muchos de los autores que han analizado parte de los procesos que actualmente estamos viendo, han fallecido o están detenidos en procesos particulares de sus propias investigaciones. Por lo mismo, resulta necesario emplear dichas tramas, para continuar entrelazando y construyendo partes actuales. Como sabemos, la excesiva tecnologización produce que todas las investigaciones contengan un desfase inmanente a su objeto de estudio, específicamente por la movilidad extrema de este, donde al finalizar dichos procesos el objeto puede haber cambiado de forma sustancial.

Escrito el 30/08/15 – Editado el 04/08/17

Referencias bibliográficas

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_________. (1979) Crítica de la economía política del signo. México; Siglo XXI

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_________. (2009) La Sociedad de Consumo. Madrid, España; Editorial Siglo XXI

_________. (1985) El sistema de los objetos. México; Siglo XXI,

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GROYS, B. (2005) Sobre lo nuevo; Ensayo de una economía cultural. Valencia, España: Pre-textos

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GUBERN, R (2005) La Imagen Pornográfica y otras perversiones ópticas, Barcelona: Anagrama

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MATTELART, A (2006) Diversidad cultural y mundialización. Barcelona, España: Paidós

MICHELL, Jorge (2006) El Círculo de Foucault y la Producción de Subjetividad en Revista Ojo de Buey Nº13. Santiago, Chile: Editorial Galería Ojo de Buey

SCOLARI, C. (2004) Hacer Clic; hacia una sociosemiotica de las interacciones digital. Madrid, España: Gedisa

nota

[1] El proceso de la modernidad también es conocido por su extrema homogeneización o estandarización cultural, o en palabras de Foucault la modernidad bloquea la voluntad de ser uno mismo. (Foucault, 1988).

[2] En este caso, la relación de poder que es analogado con la plataforma, se relaciona directamente con que ambos ejercen y modifican. En el caso especifico de la plataforma, su arquitectura modifica y direcciona la disposición de sus elementos, ésta funcionaría como una grilla determinante de los archivos ahí alojados.

[3] En palabras de Déotte diríamos “los aparatos modernos configuran la sensibilidad común que por tanto hacen época” (Déotte, 2012, p.12)

[4] Una de estas “nuevas” experiencias se relaciona justamente con la capacidad de archivar. Acción espontánea que fue vaticinada por el informe de Nora y Minc por el año 1978. (Nora y Minc, 1992, p.115)