El cuerpo bajo asalto, el asalto del cuerpo: Entrevista a Érika Ordosgoitti

 

Érika Ordosgoitti (1980) es una artista visual venezolana. Su trabajo abarca performance, vídeo digital, fotografía y poesía. Ha recibido varios premios y becas, como el Premio Artista Joven de la Fundación MISOL de las Artes de Bogotá, Colombia, en 2014. Es co-productora y curadora de la Bienal Internacional de Performance de Caracas y directora general de P3 Plataforma de Performance. En Venezuela, es conocida principalmente por sus acciones en espacios públicos en las que muestra su cuerpo desnudo.

Sólo estoy siendo fue el título de la muestra individual de Érika en Oficina #1, Caracas, en 2012. Su trabajo entero podría ser entendido como una exploración de las implicaciones de esta afirmación: ¿Es realmente posible “simplemente ser”? “Ser” implica, entre otras cosas, existir en un cuerpo y ocupar un espacio. La artista vive entre Bogotá y Caracas, una ciudad cuyos espacios públicos se han vuelto cada vez más politizados y peligrosos a lo largo de las últimas dos décadas. Moverse a través de ellos, “simplemente ser” –artista, mujer, individuo queer en un entorno sexista, homófobo y militarizado–, es un desafío y un acto de resistencia. Érika utiliza el performance como principal medio de expresión, pero su producción está íntimamente ligada a la creación de imagen, tanto como registro documental de la acción realizada como a manera estrategia para obtener una imagen específica final –en este último caso, se refiere a la acción y registro como “foto asaltos”. En esta entrevista, Érika habla sobre su experiencia del espacio urbano y de la violencia, la noción de fotografía-asalto, y la creación artística como un acto fugaz de libertad.

Érika, ¿cómo le describirías el espacio público en Caracas a una persona que no esté familiarizada con la ciudad? Esto es crucial para entender el riesgo de que tu trabajo implica, y tu carácter como artista.

Abuso. El abuso es lo que define el espacio público en Venezuela: los ruidos fuertes, el desprecio por las reglas de tránsito y el desprecio por el espacio personal. La experiencia unificadora de los cuerpos femeninos en los espacios públicos de Caracas es el acoso sexual, especialmente los “piropos”. No importa si va vestida como una monja, si es menor de edad, incluso si es anciana: no hay escapatoria. Las mujeres están constantemente, injustamente obligadas a escuchar a las palabras viles dirigidas a ellas sin razón. En mi experiencia, ni siquiera les suele importar si voy caminando con mi hija.

Cuando trabajas en espacios públicos, a menudo realizas lo que has denominado “foto asaltos”. La mayoría de éstos implican fotografiar su cuerpo desnudo junto a estructuras icónicas de la ciudad. ¿Por qué empleas el término “asalto”?

Los foto asaltos son performances que llevo a cabo sin ningún tipo de anuncio, invitación o permiso. Son fugaces: un momento estoy allí y al siguiente ya me he ido. Si uno está haciendo algo “raro”, pero lo anuncia y publicita, no tiene el mismo efecto que si se toma a la gente por sorpresa –el nivel de confrontación es mayor.

¿La reacción de los transeúntes y espectadores es clave para el éxito de un foto asalto?

La reacción del público siempre es importante para mí, pero yo diría que es más relevante en el caso de los performances. En cambio, los foto asaltos son la búsqueda de una imagen, donde lo principal es conseguirla y salir con vida.

Foto asalto en el Museo de Arte Contemporáneo, Caracas, 2012

Foto asalto en el Museo de Arte Contemporáneo, Caracas, 2012

 

¿Caracterizarías tus performances en áreas públicas, incluyendo los foto asaltos, como formas de recuperar espacios?

Yo diría que se trata de un acto de reclamar, sí. Y añadiría que se trata de una forma un tanto violenta de reclamar.

En un correo electrónico previo a esta entrevista te comenté que, viviendo en Caracas, me esfuerzo por entender y aceptar la violencia que nos rodea. Me respondiste que “no estás en contra de la violencia.”

No rechazo la violencia; mi opinión es que es un derecho secuestrado por el Estado. Los animales y las plantas, por ejemplo, son violentos entre sí. El más fuerte se impone. Para nosotros, la civilización cambió eso: nuestros instintos se domesticaron. Nuestras necesidades básicas han sido cubiertas y no tenemos que luchar para conseguir comida o agua, en teoría. A pesar de esta “domesticación”, creo que es válido recurrir a la violencia si sentimos que nuestra integridad se ve amenazada, o para defender nuestro derecho a estar presentes en un espacio.

El término “foto asalto” sugiere directamente una agresión, juega en contra del sentido de “seguridad” de la gente.

Sí, mis performances son violentos de la misma manera que el graffiti es violento, por ejemplo. Se trata de subvertir los usos tradicionales de ciertos espacios y dejar mi huella en ellos. De todas maneras, creo que el arte es violento en sí mismo. Si el arte no me produce “shock” en algún nivel, considero que es “el arte malo”… lo cual está bien, porque, como decía Duchamp, todos tenemos derecho de hacer mal arte.

Sin embargo, como decías, sorprender a la audiencia no es el objetivo principal del foto asalto.

Lo más importante es obtener la imagen que quiero y no ser detenida, tirada en una celda, o forzada a una camisa de fuerza. El foto asalto tiene éxito cuando todo va bien. Pero muy a menudo termino dentro de un carro de policía o teniendo que bajar rápido del lugar donde subí porque el fotógrafo se asusta o intimida. O, por el contrario, el fotógrafo que me está ayudando me empuja a quedarme demasiado tiempo en el lugar para poder tomar más fotos, cambiar de lente, etcétera.

Esa es una observación interesante. Deseas capturar un momento muy específico, ofrecer una imagen que has concebido cuidadosamente, pero la intervención de otra persona te fuerza a participar en una dinámica de sobre-documentación. Siento que eso describe muy bien nuestros tiempos.

Sí, es como si ciertas convenciones de las prácticas de fotografía contemporánea interfirieran con el performance. También siento que las tecnologías de imagen están “evolucionando” hacia lo macro –tamaño más grande, mejor resolución– y esto permea todas las otras artes visuales. Esta obsesión por la calidad es alienante: no se puede mostrar una imagen que creaste con una cámara regular point-and-shoot y no con una RED, o algo así. ¡No estoy interesada en la hiper-resolución, estoy interesada en las metáforas! Los recursos técnicos no pueden definir el valor del arte. Tú puedes hacer una obra de arte poderosa, honesta y efectiva con prácticamente nada … con basura, incluso.

Foto asalto en la Pirámide de Mayo, Buenos Aires, 2009

Foto asalto en la Pirámide de Mayo, Buenos Aires, 2009

Tus foto asaltos y performances en espacios públicos tienden a ocurrir en dos tipos de entorno específicos y aparentemente contradictorios: monumentos emblemáticos de la ciudad y áreas urbanas ruinosas, inestables, marginales. ¿Es este enfoque binario una coincidencia, o es tu intención trabajar entre los extremos?

Nunca conceptualicé mi trabajo de esa manera, ocurrió de forma espontánea. La verdad es que me atraen las ruinas porque dejan al descubierto la sociedad. Los edificios –estructuras urbanas, calles, etc.– que nos rodean necesitan cuidado y mantenimiento constante, lo que hace que sean para mí ficticios. Las estructuras deterioradas, en cambio, revelan la verdad desnuda detrás de la ficción: son la clave para visualizar cómo el poder está funcionando realmente.

Por lo tanto, al moverte entre estos dos tipos de infraestructura, estás también explorando dos expresiones del poder.

Sí. Y cuando hago performance en los monumentos, traigo la inestabilidad de las ruinas al espacio de poder a través de mi cuerpo. Contrasto el ícono arquitectónico monumental, que es estable, con mi cuerpo, que está desnudo, vulnerable, y además está cometiendo “un crimen”. Según la ideología hegemónica, el monumento siempre es más valioso que mi cuerpo. Por ejemplo, una estatua desnuda se puede colocar fácilmente en cualquier lugar público, pero en cuanto yo me paro al lado de él, mi cuerpo desnudo se convierte en un problema.

Si un hombre se expusiera desnudo en espacios públicos como lo haces tú, ¿crees que recibiría el mismo tipo de tratamiento?

Me gustaría pensar que sí, pero sé que para un hombre las consecuencias serían peores. Al menos en Venezuela, los cuerpos de las mujeres son un producto que todo el mundo está acostumbrado a ver, usar y erotizar. Sospecho que la visión de los genitales masculinos en público sería aún más confusa para los transeúntes, e incluso para las autoridades, que la de mis genitales. En ese sentido, creo que un hombre tendría que enfrentarse a sanciones legales más estrictas.

Foto asalto en la Plaza de las Tres Gracias, Caracas, 2009

Foto asalto en la Plaza de las Tres Gracias, Caracas, 2009

Dices que la exhibición y erotización del cuerpo femenino está normalizada. En ese sentido, creo que, con tus foto asaltos, restableces las condiciones de esa mirada. Tú decides cuándo y dónde la gente ve su cuerpo (femenino, desnudo). Además, tienes pleno control sobre la imagen que se genera y difunde.

Estoy de acuerdo, pero es importante resaltar que yo no impongo nada en el espacio público. Cuando realizo un performance en público estoy proponiendo una serie de condiciones para la mirada, pero no puedo forzar a la gente a mirarme. Si no quieres verme, puedes voltear hacia otro lado. Por un lado, sí, definitivamente hay una intervención sucediendo, pero no estoy obligando a la gente a ver. En todo caso, estoy atrayéndola: pueden ignorarme y yo no les pediría que no lo hagan, pero he entrado en su campo de visión y los he hecho conscientes de mi presencia. Han sido perforados.

¿Qué cualidades definen a una obra de arte poderosa?

Para mí, una obra de arte surge de un entendimiento que se lleva a cabo como un evento de silencio; el trabajo es efectivo si también puede generar silencio en la audiencia. En lo personal, busco dejar a la gente sin palabras. Una obra de arte poderosa puede incluso sorprender y silenciar a su propio creador.

¿Te ha sucedido? ¿Has estado en medio de realizar un foto asalto y te has sentido superada por este silencio?

No tanto, porque durante los foto asaltos necesito una concentración de ninja. Mi mente está a mil kilómetros por hora, centrada en que no me detengan, o altere de cualquier pervertido que quiera hacerme daño. El silencio me sucede más cuando escribo poesía –o, mejor dicho, cuando vuelvo a poemas míos que había olvidado. Cuando regreso a uno de mis poemas y me siento profundamente conmovida, es casi como si otra persona lo hubiese escrito. Me deja pasmada.

Tus pensamientos acerca de la poesía me llevan de nuevo a lo que mencionaste: que no hay una relación obligatoria entre el valor de ciertas condiciones materiales de una obra de arte –resolución, escala– y su impacto emocional.

La poesía es el mejor ejemplo. ¿Qué se necesita para escribir poesía? Una pluma y un pedazo de papel. Tal vez una buena memoria es suficiente. Sólo necesitas palabras, y las palabras son gratis. Llegué al performance porque necesitaba crear poesía políglota. La fotografía es también una especie de poema –un aforismo o un haiku.

Trabajas con video y fotografía, pero tu trabajo se relaciona más estrechamente con el performance. ¿Por qué elegiste ese medio?

Elijo la acción porque, para mí, el arte está profundamente relacionado con la libertad, y la libertad con la acción. “Libertad” es un error lingüístico: un adjetivo se convirtió en un sustantivo. No existe si no se experimenta, y puedes llevar a cabo un acto de libertad, pero eso no te hace libre: sigues inmerso en un sistema opresivo, por lo que las experiencias de libertad son fugaces. La civilización es un sistema de ficciones. El primer paso hacia ser libre es tomar consciencia de las ideologías que me influyen y cómo el poder opera sobre y a través de mí.

Foto performance: Escalera de caracol en Macarao

Foto performance: Escalera de caracol en Macarao

¿Cómo podrías, por lo tanto, caracterizar una experiencia de libertad?

Existen dos “movimientos” implicados en la libertad. Uno es acerca de darme cuenta de lo que me influye ideológicamente o me oprime, y tomar la decisión de alejarme de ese pensamiento o inhibición. Esto se puede lograr al estar presente en el cuerpo: mantenerse alerta y activo. El otro movimiento es acerca de la necesidad de hacer algo con ese entendimiento que obtuve. Es entonces cuando creo algo. Sin embargo, pasado ese momento, luego vuelvo a operar bajo el discurso del poder… Es una lucha constante.

¿Qué significa la obra de arte si la libertad no puede ser un estado permanente?

Yo diría que es el cadáver de un evento de libertad. Pero también es una exhortación, dice: “Algo (un momento de libertad) pasó aquí, y podría ocurrir de nuevo!” Es una especie de manifiesto político, lo cual es contradictorio si tenemos en cuenta lo formal que es el mundo del arte.

Siento que el performance se ha subestimado históricamente en Venezuela, pero ha habido un resurgimiento del interés últimamente. ¿Estás de acuerdo?

En definitiva ha habido una revalorización positiva del performance recientemente. Produje la primera Bienal Internacional de Performance de Caracas el año pasado y la recepción fue muy excelente. El público y los curadores por igual están muy interesados.

¿Tiene alguna idea de por qué suscita nuevamente tanto interés?

Creo que es porque los artistas de todas las disciplinas están cada vez más interesados en el cuerpo como tema. Nuestra experiencia corporal en Venezuela es extrema en este momento. El cuerpo está siendo atacado por la violencia urbana –crees que puedes ser apuñalado o que te pueden disparar en cualquier momento–, la escasez de alimentos que genera hambre, la escasez de agua y productos que afecta tu higiene y salud. Tal vez necesitas un nuevo par de zapatos y simplemente no tienes dinero para comprarlos. El poder está operando directamente sobre tu cuerpo. Y si eres parte de la minoría que puede permitirse el lujo de comprar productos de cuidado personal y ropa, vives dentro de una burbuja de cristal.

[Érika y yo estamos en una cafetería, mirando hacia la calle. Un hombre se acerca a un cubo de basura en la acera frente a nosotros y comienza a excavar en busca de alimentos dentro de ellos –una escena cada vez más común en la ciudad]

Porque si ves a alguien comiendo de la basura, es como si tú estuvieras comiendo de la basura. Es lo mismo. Incluso si sólo lo estás mirando. Cuando hay violencia sucediendo frente a ti, también te está ocurriendo a ti.

 

Todas las imágenes © Érika Ordosgoitti
Portafolio de Érika Ordosgoitti: http://erikaordos.com/