FIFV 2015: Proyectos Fotográficos e Ideas en Expansión

 

El Festival Internacional de Fotografía en Valparaíso, FIFV 2015, cumple cinco años desde el momento en que un grupo de fotógrafos tuvo la idea de generar un festival de fotografía pensándolo esencialmente como una instancia productiva. Así, los talleres para fotógrafos, las brigadas de trabajo (intervenciones en la ciudad) y los visionados de portafolios, componen el esqueleto central de una gama de actividades que tiene como motor de producción a las generaciones de fotógrafos más jóvenes y emergentes; que lo observan como una instancia de crecimiento, contactos y circulación de proyectos. El Festival dirigido por Rodrigo Gómez Rovira, Nicolás Wormull y Miguel Ángel Larrea, reúne en el periodo de varias semanas, instancias creativas junto a la difusión de exposiciones, citas en torno al fotolibro y encuentros con especialistas de la fotografía nacional e internacional. Estas características lo han constituido año tras año, como un espacio indispensable de visibilidad para la fotografía especialmente documental. Sin embargo, aunque el FIFV desde sus inicios mantiene este carácter, en esta última versión se ha visto una apertura a otras prácticas de la fotografía contemporánea, lo cual le ha dado a esta versión 2015 una densidad insospechada. Como sucedió con algunas charlas y varias exposiciones alojadas dentro de las actividades del Festival, pertenecientes a colectivos y artistas residentes en la ciudad, que amplían el lenguaje y el discurso crítico de la imagen.
Respecto al programa, hay varios proyectos que queremos rescatar.

Javier Álvarez/Patricio Miranda, Bitácora

Javier Álvarez/Patricio Miranda, Bitácora

Uno de ellos es el diálogo fotográfico denominado Bitácora, que apunta a una correspondencia visual entre los fotógrafos Javier Álvarez y Patricio Miranda, quienes en su calidad de turistas y trabajadores foráneos a la ciudad de Valparaíso, se entregan a un relato compartido; el de narrar –se en tanto sujetos, simultáneamente a la duración del festival. Las fotografías subidas a la web del FIFV, revelan detalles cotidianos, imperceptibles, correspondientes al estatuto de lo transitorio. Así, los retratos, rastros, residuos, fragmentos de cuerpos irreconocibles, son subidos a la red- tal una Bitácora- produciendo una síntesis visual del día a día; un ensayo visual de lecturas efímeras acerca de lo extraño y lo poético de la cotidianeidad.

Exposición de libros, CCPV. Crédito fotografía: Javier Alvarez

Exposición de libros, CCPV. Crédito fotografía: Javier Alvarez

Otra particularidad este año, es la concentración de producción en torno a los libros y fotolibros. A partir de una convocatoria latinoamericana, el FIFV recibió más de 350 ejemplares para ser exhibidos en las salas del Centro Cultural Parque de Valparaíso, ex Cárcel. Un paseo a esta muestra da cuenta de una gran variedad de títulos, texturas, producciones y estéticas, que de otro modo se haría muy difícil de acceder y conocer. Se destacan algunos libros históricos que debieron ser exhibidos asegurados por vidrieras por su valor tanto comercial como único, entre estos, el emblemático Valparíso de Sergio Larraín y sus distintas re- versiones inspiradas en él, hechas durante distintas versiones del Festival (D’Agata, Gómez Rovira, etc). También cabe mencionar las compilaciones de fotografía mexicana, boliviana, brasilera y peruana. La publicación de la Bienal de arte de 2014 de la Bienal de Perú, los libros de Walter Carvalho, González Palma, Adriana Lestido; el potente “ AH! Los días Felices , historia de un hoyo y cuarenta relatos inconclusos”, de Carlos Altamirano; la muestra Archivo 21, Madres del Museo Nacional de Bellas Artes de Argentina; libros emblemáticos de la fotografía documental chilena, además de libros-ensayo; fanzine, diarios y libros de artistas emergentes, que experimentan con las materialidades y formatos de sus publicaciones.

Revista Fiifv

Revista Fifv

Esta actividad en torno a los fotolibros genera igualmente una contención que se ve reflejada en la cantidad de lanzamientos de libros de autores chilenos, que propicia a través de esta instancia, una actividad específica de difusión para la obra de autores nacionales. Por otra parte, el FIFV es en sí mismo un productor de fotolibros y publicaciones, resultado de los talleres que se realizan cada año por invitados extranjeros. Hay que mencionar que estos libros destacan por su diseño y calidad de edición, y que en muchos casos, son producciones realizadas en un marco de taller para jóvenes emergentes.
Dado el valor que el Festival le otorga a los fotolibros , crearon el espacio DJ Book como un lugar de presentación de libros. Este año se invitó a varios fotógrafos relacionados con editoriales para que hablaran de sus libros más preciados, entregando datos interesantes y percepciones compartidas a través de una gran pantalla que va proyectando la acción del relator –DJ- al interactuar con los libros reseñados. Otro punto que podemos señalar es el de la culminación de la biblioteca FIFV, en Buenos Aires 824, que da la oportunidad de generar a través del tiempo, una proyección y punto de encuentro para los distintos participantes al Festival. Un lugar que permite a todo el público, revisar las ediciones y encontrar libros de interés. La marcada predilección en este soporte, tiene por objetivo según los directores, potenciar el fotolibro como un soporte duradero; un cuerpo visual fotográfico que pueda además ser difundido e internacionalizado.
Dentro de las exposiciones que logramos apreciar al inicio del Festival, llama la atención una muestra situada en el segundo piso, en el pasillo exterior del Centro Cultural Ex Cárcel. Esta era resultado de una residencia realizada en Sète, France, por cuatro fotógrafos: Paula López Droguett, Nicolás Wormull, Tomas Quiroga y Cristóbal Olivares, quienes fueron invitados al Festival Frances Image Singulaire a exponer y trabajar. La muestra muy bien planteada en términos espaciales, pese a la dificultad del lugar se presentaba como una narrativa consecutiva entre una fotografía y otra; lo que entregaba lecturas adicionales a la mirada de los autores. La gran ampliación de las imágenes magnificaba los pequeños detalles del texto de algunas fotografías, extendiendo el significado entre texto caligráfico e imagen; e intercalando las imágenes en una simbología ambigua, poética y abismal, que conecta a los últimos acontecimientos vividos por inmigrantes en Europa. Varias de las fotografías montadas cruzan escenarios marinos con documentos personales, sábanas y retratos, que dejan percibir un horizonte en conflicto. Destaca la curatoría, el montaje y texto del francés Gilles Fabier, director del Festival ImagesSinguliares

Cristóbal Olivares, Residencia Image Singulaire, Sète, France. CCPV

Cristóbal Olivares, Residencia Image Singulaire, Sète, France. CCPV

Igualmente relevante resulta la exposición de Alberto García Alix y el diálogo entre los textos de los integrantes de taller de fotografía realizados por el FIFV a un grupo de mujeres presas. El cruce entre las fotografías capturadas durante un mes por García -Alix en Valparaíso, -que bajo su mirada nada se revela sin profundidad y densidad- producen un aguijonazo indescriptible frente a las palabras testimoniales de quienes carecen de libertad, montadas frontalmente a las imágenes de García -Alix y de manera impecable. Sin duda una de las muestras relevantes a destacar.
También merece especial mención la muestra fotográfica “Íconos de la ilusión” de Mabel Arancibia, curada por Alfredo Madrid en otra de las salas del Centro Cultural. La exposición revela la iconografía que cubría los muros de los prisioneros cuando el parque cultural funcionaba como cárcel. Ahora las imágenes montadas en los muros del centro cultural, recortan y retratan como palimpsestos las historias e iconografías de los internos, otorgando profundidad histórica y memoria al espacio. Esta muestra abre un componente crítico y necesario dentro del Festival, como punto en una ciudad que tiene siempre una historia que contar y develar
Para finalizar, dos proyectos que nos parecen singulares. El primero, la exposición “Mortal “de Carlos Silva y Nicolás Jacson, por ser una de las exposiciones que corresponde a artistas residentes en Valparaíso. Con un montaje que destaca por lo pulcro, Mortal es un ejercicio de edición; cada artista edita al otro, proponiendo un diálogo site- especific pensado para Espacio Blanco. En este, la vocación con la imagen, la captura y los dispositivos establecen conexiones aparentes en torno a la autoría y el relato fotográfico.

Carlos Silva/Nicolás Jackson, Mortal, Espacio Blanco, Valparaíso.

Carlos Silva/Nicolás Jackson, Mortal, Espacio Blanco, Valparaíso.

El segundo es el workshop titulado “Capturando lo invisible, fotografía y Patrimonio Inmaterial”, impartido por Verónica Soto Carvajal a estudiantes y profesores de educación básica de diversas regiones, desde Chiloé hasta La Serena. El grupo de estudiantes que no supera los 13 años, compuesto por Carlos Ahumada, Damián Craig, Daniela Gallardo, Josefina Alarcón, Kevin Cuevas , Patricio Araos y Pilar Montecinos, tenían la misión de producir fotográficamente un mural de 1,50 x 14,60 mts, para ser instalado en el muro exterior de Balmaceda Arte Joven Valparaíso.
El propósito del taller impartido, fue en palabras de Verónica Soto: “Una instancia para conocerse, interrogarse por la fotografía, la imagen, sus capas de significado, los sueños y la idea de que la educación en el lenguaje visual es una de las tareas pendientes de la nueva formación de seres humanos”.

Workshop con estudiantes de enseñanza básica, Mural ( Fragmento) 1,50 x 14,60 mts, Balmaceda Arte Joven Valparaíso.

Workshop con estudiantes de enseñanza básica, Mural ( Fragmento) 1,50 x 14,60 mts, Balmaceda Arte Joven Valparaíso.

Para ver el resto tendremos que darnos una vuelta por las exposiciones inauguradas recientemente, que pertenecen a las brigadas fotográficas inauguradas en Plaza Victoria de Valparaíso, curada por Miguel Ángel Larrea y Romina Resuche y los talleres de los fotógrafos Alberto García Alix en el CCE Santiago, Juan Manuel Castro Prieto, Claudine Doury y Paolo Verzone; estos últimos en El Internado y Casa Plan de Valparaíso.