Hacia un registro del inconsciente de las estructuras.
Entrevista a Francisco Navarrete Sitja

Tradicionalmente, el paisaje ha sido una de las temáticas constantes que atraviesan el inventario de la historia de la disciplina fotográfica. Pero desde hace ya un tiempo, hemos visto que el concepto “paisaje”, como convencionalmente se pensó desde la pintura y la fotografía parece ser desbordado por nuevos emplazamientos, que desencajan el marco acostumbrado desde el cual se concebía la representación del territorio. Apoyado en el uso de las tecnologías digitales y sus cualidades físicas y poéticas, el artista Francisco Navarrete Sitja ha desarrollado un profuso trabajo en el que intenta ofrecer una lectura de las diversas capas que componen y reconfiguran un lugar, reflexionando sobre lo que él denomina el “inconsciente estructural de las infraestructuras” y los modos en que los distintos dispositivos de registro o reproducción técnica articularían un tipo de sensibilidad y percepción singular que exceda la superficie de la imagen.

Recientemente se presentó en el Centro Cultural de España su última muestra individual curada por Rodolfo Andaur, Aparatos para un territorio blando, la cual nos sirvió de excusa para conversar sobre su trabajo.

Aparatos para un territorio blando es fruto de una beca de residencia otorgada por el Área de Nuevos Medios del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de Chile en 2013, en la que Francisco comenzó a explorar el desierto de Atacama, abordando las ambigüedades del cruce entre sus cualidades geográficas, atmosféricas y los emplazamientos técnicos que hoy constituyen este territorio en su dimensión simbólica y material. Su interés inicial se centraba en registrar la representación de la niebla “camanchaca” sobre las superficies naturales intervenidas por la industria minera, lo cual plasmó investigando las características lumínicas del territorio –el tornasolado, transparencias, claroscuro y velos naturales que ahí conviven- texturas y gradaciones cromáticas que daban cuenta plásticamente de la fragilidad de los ecosistemas, cambios climáticos, la alteración de imaginarios locales propios de la cosmovisión precolombina y la aparente atemporalidad del paisaje que el Desierto de Atacama ofrece.

En la exposición nos pudimos encontrar con fotografía digital, animaciones y audios; grabaciones capturadas mediante microfonía de contacto, tonos puros de larga duración, superposición de señales acústicas, sonidos de textura radiofónica; piezas sonoras que dialogaban con misteriosas imágenes, recreando así un espacio inmersivo, desde cuya penumbra lentamente los distintos signos visuales y sonoros se iban develando, recreando un entorno de una enrarecida belleza de resonancia distópica.

La experiencia inmersiva que propones en tu exposición sugiere una atmósfera nostálgica, como si nos introdujéramos en un territorio abandonado hace siglos, o  incluso lunar, extraterrestre, o más bien como si se tratara de un espacio temporalmente indeterminado que bien podría corresponder al futuro. ¿Hay una inclinación particular por esa poética de la ruina, del abandono, del desastre aséptico?

Si, me siento cercano a la poética de la ruina, pero esta vez a modo de epifanía. Pienso que en proyectos anteriores es posible palpar mi interés por la simulación de acabados e imaginarios que evocan cierto anacronismo de las imágenes a partir de la apropiación de filtros que se han instalado en el imaginario colectivo gracias a la proliferación de la imagen. En su mayoría filtros que han terminado por transformar todas las instantáneas en meros ejercicios de estilos preconcebidos para evocar una nostalgia a la que accedemos desde una nueva experiencia: a través del reconocimiento de patrones visuales y acabados que modelan nuestra conciencia colectiva sobre la formas en que se expresa materialmente el pasado. En aquellos trabajos me interesaba contraponer el exceso de detalle y fidelidad en la representación digital de determinados espacios, con ciertas calidades cromáticas asociadas a las prácticas y formatos de la fotografía análoga: representaciones gráficas confusas, imágenes imprecisas, desenfocadas, atenuadas, movidas, desaturadas y con exceso de texturas y viñetas aleatorias.

Detalle de la muestra Aparatos para un territorio blando. Imagen gentileza de Francisco Navarrete Sitja

Detalle de la muestra Aparatos para un territorio blando. Imagen gentileza de Francisco Navarrete Sitja

Ahora bien, en la propuesta inmersiva, piezas audiovisuales, animaciones, objetos e impresiones fotográficas que componen la exposición Aparatos para un territorio blando, me interesa jugar con esa relatividad que se genera entre la visualidad de lo representado y evocaciones temporales de las superficies e imágenes exhibidas.

¿Cómo concibes tu proceso de trabajo para articular esa poética?

En este caso específico, utilizo la posproducción de color, juegos lumínicos del material fotográfico recopilado y recursos formales de los objetos exhibidos para establecer un leve vínculo con la visualidad del Tech-noir; cine con alto contenido expresivo y fuerte estilización visual. Al utilizar como referentes este imaginario cinematográfico, mi intensión es ir contraponiendo y combinando diferentes plano compositivos, incorporando además recursos de la luminosidad pictórica en lo fotográfico y efectos cinematográficos de iluminación expresionistas propios del cine de ciencia ficción.

Captura de pantalla video de la exposición Aparatos para un territorio blando. Gentileza de Francisco Navarrete Sitja

Captura de pantalla video de la exposición Aparatos para un territorio blando. Gentileza de Francisco Navarrete Sitja

En este sentido, el Tech-noir es un referente visual muy potente a la hora de hablar de la ruina, pero no pensando en el pasado, si no en el devenir de un espacio geográfico instrumentalizado. Cabe destacar que el Tech-noir no sólo responde a la exigencia de otros universos posibles producto de la faceta distópica de las relaciones con lo artificial, si no que también expone imaginarios en los que la desolación, el aislamiento y la desadaptación son escenarios comunes a la hora de especular sobre las formas en que se expresa el futuro. Personalmente, me siento muy influenciado por sus atmósferas apocalípticas, insinuaciones virtuales, ambientes distorsionados, calidades enigmáticas y paletas cromáticas vibrantes. A través de ellas comienzo a imaginar cuál podría ser el futuro del desierto tarapaqueño a partir de su inminente expansión técnica.

En la sala integras figuras inquietantes que parecen palpitar con las vibraciones de la sala. ¿Qué es lo que te interesa de esos elementos aparentemente misteriosos? ¿Qué hay en ellos que te seduce?

Estos elementos son activadores de sensaciones que buscan generar descalces a la hora de intentar leer linealmente el espacio expositivo y el relato visual articulado por las obras que componen la muestra.   A través de estas ambivalencias del ambiente –vibraciones presentes en el trabajo con imágenes fijas impresas, imágenes en movimiento a ras de suelo y techo, paisaje sonoro y otros– busco generar un modo de aproximación y seducción contradictorio: la agitación visual o sonora de tal o cual elemento te invita a posar la atención sobre dicha pieza, pero también eyecta esa atención hacia fuera, irrumpiendo en la interpretación de la misma.

Proyección Liquén - Gentileza Franciso Navarrete Sitja

Proyección Liquén – Gentileza Franciso Navarrete Sitja

En el caso de las imágenes, estas vibraciones de las superficies me permite utilizar la imagen como un dispositivo que conspira contra sí mismo, en tanto no permite ser íntegramente visto, más si concebido como una representación volátil y etérea en la que poco a poco el referente representado se hace inestable y adelgaza tras cada agitación del mismo sobre un plano; sea bidimensional o tridimensional.

Asimismo, estas vibraciones materiales me permiten especular sobre cómo es posible hacer tangibles otras unidades de tiempo que no se relacionan con la extensión de un acontecimiento específico en la imagen, si no que se relacionan con las superficies y materialidades propias de los espacios explorados y su representación. Así, puedo referirme a estos entornos propiciando un flujo móvil, diferido y discontinuo, en que prevalece la plasticidad de las imágenes, texturas y fluidez en el recorrido expositivo, tomando conciencia de los fragmentos, montajes y simulacros desplegados en la exhibición.

Al ver tu trabajo, me dio la impresión de que tu inclinación por los dispositivos tecnológicos respondía quizás a que los soportes y lenguajes tecnológicos parecen más apropiados para abordar, en un ejercicio de develamiento, las estructuras tecnológicas que subyacen en aquellos lugares que te interesa explorar.

Si, así es. Poco a poco mi trabajo ha ido incorporando distintos soportes y lenguajes vinculados a la imagen contemporánea, sea en el campo la imagen fija o en movimiento, con sus múltiples combinatorias, relaciones espaciales y temporales, simulaciones y formatos de reproducción. En este sentido, con la insistencia y práctica del hacer, he ido comprendiendo el valor de estos elementos y recursos mediales a nivel material, reconociendo sus cualidades, relacionando las visualidades que se fosilizan en ellos y experimentando –formal y simbólicamente– sus posibilidades expresivas en determinados contextos. Ahora bien, siempre en correspondencia con un relato visual subjetivo, propio de la exploración de campo y experiencia sensible un entorno geográfico o espacio en especifico.

De esta manera, tras ir percibiendo la pregnancia de los soportes y lenguajes tecnológicos con los cuales he ido desplegando mi trabajo, también he comprendiendo su lógica mediadora, interesándome así en la interpretación de estos sistemas y reconociendo su capacidad de configurar –a nivel perceptivo– las interpretaciones que hacemos del entorno y modo en que dialogamos con los elementos que modelan –de forma tamizada– las nociones que tenemos sobre la naturaleza y el territorio. Por así decirlo, una vez reconocido el filtro –ya con la mirada focalizada, pero ciega– me pregunto por todo aquello que, superpuesto, es programado y velado sobre lo representado, la representación y el medio de representación utilizado.

Como tú bien dices, se trata entonces de un constante ejercicio de develamiento; un intento por hacer aparecer, percibir y reinterpretar las sucesivas capas que componen y configuran un espacio; imágenes y superficies que se hacen nocivas por su excesiva familiaridad. Esta lectura de capas la realizo tanto en el ámbito expandido de la práctica fotográfica, como en la representación sonora, exploración in-situ, experiencia de viaje e inmersión en los entornos y fenómenos atmosféricos que he estado explorando estos últimos tres años, a través de diversas residencias artísticas.

Captura de pantalla video de la muestra Aparatos para un territorio blando, de Francisco Navarrete Sitja

Captura de pantalla video de la muestra Aparatos para un territorio blando, de Francisco Navarrete Sitja

¿En qué momento del proceso es que entonces tomas partido por determinadas tecnologías como mediadores de representación?

En la exposición Aparatos para un territorio blando, todo el trabajo creativo y selección de la piezas a exhibir ha sido pensado a partir de un estrecho vínculo que establezco con la condición efímera del desierto y su representación, intentando así reflexionar sobre la construcción de la imagen paisajística y modulaciones de la mirada a partir de ciertas relaciones que establezco entre la densidad material de la niebla camanchaca, la superficie y densidad material de la imagen digital e imaginarios preexistentes vinculados al paisaje desértico.

Quizás, una anécdota lo explica mejor. Tras perderme y experimentar la invisibilidad absoluta del entorno debido a la densidad de la niebla y ráfagas de viento que se producen en el Oasis de Alto Patache, pude –una vez retirada la camanchaca– situar la mirada en aquellas locaciones del predio que no había notado antes, prestando atención a ciertas infraestructuras dispersadas en el lugar y que antes parecían intrascendentes; en su mayoría cuerpos metálicos y anodinos que, al ser velados y develados por la niebla, enunciaban un posible inconsciente estructural del entorno. Cada uno de los fierros, tensores, alambres y singulares estructuras ensambladas formulaban interrogantes para reconocer e imaginar el devenir técnico de este lugar. Pues bien, interpelado las capas que se superponían en el oasis, pude comprender cómo estas estructuras configuraban –desde su propia visualidad, artificialidad y autonomía– una experiencia, memoria e imaginario particular de este árido entorno.

Captura de pantalla, video parte del proyecto Aparatos para un territorio blando. Gentileza Francisco Navarrete Sitja

Captura de pantalla, video parte del proyecto Aparatos para un territorio blando. Gentileza Francisco Navarrete Sitja

Posteriormente, al decantar este ejercicio de observación en residencia, comprendí que esa idea y relaciones podían ser reforzada por los soportes digitales y lenguajes tecnológicos utilizados en la creación, producción y exhibición de la obras a exhibir dos años más tardes; pues estos cuerpos inorgánicos, al igual que la imagen y sus diversas formas de reproducción, funcionan como constelaciones de información e ideologías impregnadas en las texturas y formas de las infraestructuras técnicas. Ambas, tienen esa poderosa capacidad de configurar nuestra percepción del espacio. Ahora bien, el asunto está en revelar esas trampas que surgen entre la comprensión sesgada que tenemos de determinado lugar y su representación. Ahí es donde los dispositivos de representación y lugar representado convergen.

El resultado visual de tu trabajo hace que la noción de paisaje tradicional quede estrecha. El desplazamiento de la imagen como proyección nos permite detenernos en las unidades mínimas de luz que la ampliación exhibe como pixeles. Es decir, no vemos ese entorno explorado, sino que vemos de manera transparente los propios dispositivos de captura y reproducción que escoges. La cámara, el lente, la postproducción, e incluso aparatos para la reproducción de sonido. ¿Es para ti relevante el hacer transparente tus procedimientos técnicos?

Últimamente, a raíz de los proyectos y procesos que he estado teniendo en marco de residencias en entornos rurales –Colbún, Coliumo y otros–, he pensado mucho en los dos puntos que plantea tu pregunta, ideas que además están fuertemente relacionadas. Por una parte, ¿cómo me enfrento a la noción de paisaje?, y por otra, ¿qué significa para mí hacerme cargo de esta transparencia de los dispositivos con los cuales me aproximo al territorio desde el campo de la imagen?.

Respecto a la primera pregunta, efectivamente, la noción de paisaje tradicional –quizás por mi formación pictórica– se ha hecho estrecha en tanto se presenta como una idea pasiva y sesgada; poco dinámica pese a que la noción misma se ha ido ampliado a través de reflexiones de autores provenientes de otras disciplinas artísticas y campos del conocimiento. Por dar un ejemplo, Javier Maderuelo, quién al hacer las lectura de Augustin Berque comprende el paisaje como constructo social o elaboración mental que los humanos realizamos a través de los fenómenos de la cultura o bien W. J. T Mitchell, quien sostiene que el paisaje es un medio cultural que se construye a través de distintos agentes del contexto.

 Si bien mis experiencias y caminatas por diferentes locaciones están moduladas por la plasticidad de ciertos fenómenos climáticos, condiciones geográficas y micro relatos propios de los lugares en que me desplazo, mi intensión al abordar el territorio va más allá de su representación irrefutable a través de imágenes. No se trata de una idealización de la imagen paisajística o de un punto de vista cerrado o tal o cual sensación ante determinado espacio representado. Poco a poco me he ido percatando que mi acercamiento al paisaje –al estar mediado por la imagen– no es más que una excusa para hablar de otra cosa; cuestiones que sólo acontecen al imponerme una experiencia directa con la naturaleza; ejercicio de vivencias, observación y traducción que concluye –últimamente– en reconocer el valor de las materialidades y densidad de las superficies para referirme a un lugar, además enunciar cómo a partir de la mirada y las imágenes, aseveramos comprender las múltiples dimensiones de un espacio.

En este sentido, ahondar en el tópico del paisaje, me ha llevado a dejar de ser complaciente con la imagen y poner atención en la naturaleza de la representación. Pues bien, en ese entramado de subjetividades y simulaciones, encuentro un punto de fuga en que la locación geográfica y noción de territorio pueden ser liberados a la singularidad a través de la experiencia in situ y traducción de los signos que colecciono en ese ejercicio del desplazamiento. Mientras que la fuerza simbólica, profundidad y relato de las imágenes es utilizado para hablar de sus mediaciones, especulaciones e intereses propios, ahí es donde se puede establecer una pugna entre el aspecto indicial e icónico de la imagen, además de dar cuenta de su vaivén entre lo real y lo virtual, lo tangible e intangible, lo opaco y transparente, lo denso y lo blando.

Ahora bien, respecto a la segunda interpelación de tu pregunta, haciendo mención directa a la muestra Aparatos para un territorio blando –específicamente a la instalación audiovisual de tres canales que encontramos en la primera sala de la exposición–, tu impresión es más que precisa: luego de unos momentos frente a la proyección panorámica de gran formato, dejamos de ver el entorno explorado y comenzamos a prestar atención a las superficies y dispositivos que modulan la imagen; unidades mínimas de luz que ante la ampliación de la proyección se exhiben como pixeles que cambian, producto de sutiles desplazamientos espaciales por las diferentes locaciones, las variaciones lumínicas y aparición/desaparición del fenómeno de niebla sobre las locaciones e infraestructuras registradas. Pues bien, todo aquello que parece temporal y espacialmente continuo no es más que una simulación producida por una serie de efectos de superficie a partir de la articulación de diferentes manifestaciones materiales propias de la imagen digital.

Este tríptico audiovisual en particular, ha sido creado a partir de imágenes fijas en que se alterará el punto de vista, profundidad de campo y enfoque del dispositivo de registro fotográfico; secuencias construidas –simuladas–, a partir de la repetición de unas cuantas imágenes fijas que son permanentemente encuadradas sobre sí ; imágenes a las cuales además se le altera y varía levemente la exposición, nitidez y tamaño del grano fotográfico digital en la superficies de las mismas. De esta manera, una vez ordenados y superpuestos los fotogramas en línea de video, se puede conseguir un efecto de movimiento o vibración hipnótica del “aire” al interior de la imagen. Se trata de un efecto con acabado efímero similar al de la niebla, y que también genera esa sensación de pasaje entre los distintos planos.

En este caso, la repetición y superposición constante de una misma fotografía con sutiles diferencias, no es más que el pliegue y repliegue de la misma para dar la sensación de movimiento y continuidad a través de una operación de síntesis: generar continuidad a través de una ilusión. Se trata entonces de una serie de procedimientos simples que dan forma a un efecto que simula una ralentización extrema del tiempo; una relación de presencia y ausencia en la imagen; un espacio traslúcido en que busco hace convivir la niebla, la pérdida de referencia del entorno explorado, la densidad material de la imagen digital y sus múltiples mediaciones.

Ahora bien, más allá la instalación audiovisual de tres canales y otros formatos intermedios presentes en la exposición, todo el cuerpo de obra visual y sonoro que compone la muestra ha sido confeccionado y desplegado con la intención de hacer transparentes los diversos procedimientos técnicos con los cuales hago referencia a una posible representación del entorno desértico tarapaqueño y la calidad metarreflexiva de la camanchaca.

Vista de la exposición Aparatos para un territorio blando, de Francisco Navarrete Sitja

Vista de la exposición Aparatos para un territorio blando (2016), de Francisco Navarrete Sitja en CCE, Santiago

¿Intentas con ello establecer una suerte de correspondencia entre la materialidad del paisaje y la materialidad de la técnica digital?

A mi parecer hay una relación muy estrecha entre desierto y fotografía, específicamente entre las nociones que tenemos del paisaje desértico e imagen digital. Las locaciones registradas han sido por décadas confinadas a una idea de invisibilidad y falta de densidad propia impuesta por los órdenes productivos y extractivos del mercado. En este sentido, ambos, imagen digital y desierto, han sido reducidos a una idea estereotipada de vacío y virtualidad; nociones totalizantes que han modulado la forma en cómo percibimos este particular entorno. Imagen y desierto han sido eclipsados por el pensamiento técnico; definidos por su disponibilidad a través de la tecnología.

En este sentido, transparentar los trucos de la imagen permite que ciertas dimensiones hápticas y sensualidades táctiles propias de la geografía, actúen –en cierta medida– como disipadores de esa experiencia del vacío propia del advenimiento de la naturaleza en la excesiva racionalidad, construcción perspectiva de la imagen y linealidad de su relato. Al evidenciar los dispositivos y procedimientos propios de la representación en la imagen digital, es posible abrir una brecha para interpelar la forma en que nos aproximamos al territorio y apropiamos de la realidad. Insisto, imagen y desierto han sido definidos por su disponibilidad a través de la tecnología.

 

La muestra Aparatos para un territorio blando se realizó desde el 02 de agosto hasta el 02 de septiembre, 2016.

Centro Cultural de España, Santiago de Chile Av. Providencia 927. Metro Salvador