Tráficos y otros poemas de Shile. En Nube Gallery, Santa Cruz, Bolivia.

 

Aquí se prefiera hablar de transfrontera que de frontera, de sociedades transfronterizadas más que de sociedades de fronteras. Creemos que existe un sujeto de transfrontera, hombres y mujeres que tienen una mentalidad que ha sido capaz de incorporar al otro, que ha logrado una identidad que, sin ser contradictoria con la identidad nacional, la supera al integrar otras identidades.
Sergio González1

 

Al mirar las portadas de diversos periódicos de distintos lugares de Sudamérica, me percato de todas esas crónicas que nos invaden sobre la actual contingencia política de América. Crónicas que han expuesto, tanto las reflexiones de algunos conflictos ideológicos, como de procesos transculturales que han aparecido cíclicamente desde hace más de un siglo. Muchos de estos escritos han remarcado las distintas territorialidades que emergen dentro de muchas de las naciones que conforman este continente y dentro de las cuales aparecen diferencias con los del norte, centro y sur.
Ante estos preceptos, vemos en algunos puntos del continente, un par de conflictos que exponen históricas pugnas geopolíticas –por lo general promovidas por las Fuerzas Armadas– las que aparecen como cuestionamientos inapelables a la forma en cómo se han construido las narrativas fundacionales de la mayoría de los países americanos.
Con toda la información que he leído y releído hasta el día de hoy, soy capaz de puntualizar que América, junto a sus dramas bilaterales y multilaterales, ha conservado historias que están impregnadas de una política sistemática en torno a la hostilidad. Sí, una hostilidad que por lo general aparece cuando han sido catalogados algunos territorios, que en algún momento de la historia pertenecieron políticamente a otras naciones. Son varios los casos que podemos mencionar. Pero frente a estos hechos, también es importante recalcar las justificaciones de nuestras Fuerzas Armadas sobre la forma en cómo han producido una conflictiva expansión territorial. Al ver y escuchar a buena parte de nuestras autoridades políticas especular acerca de una serie de mitos sobre quiénes son los héroes de la historia, los dueños del territorio; cuáles son las razas predominantes y quiénes han sido la carne de cañón frente a los cientos de conflictos bélicos que nos rodean, entendemos que su orientación obedece a una postura nacionalista, estrictamente, ligada a lo marcial. Un asunto que ha estado creando enfrentamientos innecesarios y que tiene como uno de sus principales objetivos justificar cómo se ha construido un proceso cultural que va arraigando un cierto tipo de hostilidad nacionalista, para perpetuar una identidad que debe lidiar con una cultura transfronteriza, como es la que se evidencia en el norte de Chile.

Vista general, lado izquierdo obra de Gonzalo Cueto.

Vista general, lado izquierdo obra de Gonzalo Cueto.

Las pugnas por el territorio son parte fundamental del relato identitario de esta parte de América y por sobre todas las cosas son la razón que lleva a que se movilicen ideas, que de forma abrupta, buscan consolidar un espacio geográfico que glorifique el trabajo de las Fuerzas Armadas. Una lógica que indaga comprender a un vecindario inestable y que junto a todas sus secuelas han engendrado una gran cantidad de historias que concitan el interés social y político.
El norte de Chile y sus fronteras están agobiadas, enfrentando los aprietos que viven a diario al aceptar los programas impuestos por las ideologías que mueven a los gobiernos de turno. Una característica que se ha incrementado con el transcurso de los años. Por lo que estos dilemas que aparecen en estos territorios enclavados cerca de la frontera confirman, automáticamente, que el límite de Chile es un tema no resuelto. El límite de Chile es una utopía que se ha impregnado de una dominación por una geografía inexistente y que está cada vez más regulada por la ficción. Cartografiar esta coyuntura, colinda con otras fronteras que aparecen transfronterizadas y que en la mayoría de los casos están emparentadas con el dictamen que ya había sido construido por algunas geografías humanas ambulantes de los Andes.

En palabras del historiador Sergio González: “Un territorio es complejo por la calidad y cantidad de sus flujos transfronterizados como lo podría ser la sub-región andina, pero ésta ha sido simplificada por la geopolítica decimonónica, que se ha transformado en un clivaje al desarrollo”2. Entonces si un territorio es un espacio complejo y mediado por la cultura, frente a los hechos históricos y quimeras que Chile promociona hacia varios países, se pone en cuestión, a través de la reflexión de un grupo de artistas chilenos, a los genuinos propietarios de las historias transfronterizadas y a quienes se les ha entregado la responsabilidad de inscribir las leyendas acerca de una geografía, que yace en medio del evaporado paisaje de gran parte de este rincón de Sudamérica.

Hasta ahora reconocemos que Chile ha marcado, con sus símbolos tricolores, la frontera que los separa de Perú y Bolivia. Por lo que el cordón fronterizo andino ha localizado sus dinámicas multilaterales estrictamente maqueteadas por un lenguaje en torno al capital, que con su actuar compulsivo ha unido diversas cosmovisiones que tratan de enfrentar las peripecias que ha escrito el relato desolador de la posguerra y la posterior re-colonización de estos territorios. Situación que pasa a formar parte del estricto vínculo que ha generado la herencia colonial, impuesta por otros imperios, que como ya sabemos, han estado observando desde otros continentes.

Vista general, lado derecho obra de Claudio Correa

Vista general, lado derecho obra de Claudio Correa

Con estos engranajes de ideas, más la postura que para este caso construye una curadoría, he creado un espacio que he denominado Shile. Por momentos, Shile es una diáspora que puede ser movida a cualquier lugar y que tiene un verdadero sentido cuando es desplazada más allá de las fronteras. Y aunque esta es una exposición para una galería de arte, creo que es desde aquí donde acercamos conductas e imágenes que han sido interceptadas por todo lo que rodea la consolidación y expansión de un trozo de tierra. Una dinámica cultural que Chile ha luchado por sostener pero que sin embargo le ha sido imposible a la hora de expandir una territorialidad única y exclusiva. Ya vemos que todo va mutando dentro en las fronteras.

Lo que observamos en este Shile, va interpelando a los mismos mitos que construyen una nación y reclaman un pasado, ya sea precolombino, colonial o salitrero, por ejemplo. Es ante estas circunstancias, que desvelamos lo que nos incita a fantasear con otro país, un país donde conviven seis historias, seis mapas y seis introspecciones, enmarcadas dentro de un esquema expositivo que nos seduce y nos invita a sobrellevar con ironía y humor el implacable actuar de nuestros países, que están siendo manipulados por una filosofía marcial y neoliberal.
Ahora, si nos enfocamos en las relaciones chileno bolivianas, sabemos que éstas muy pocas veces han compartido bajo el alero de un espacio cordial. Más bien, esta relación parece estar sentenciada a la enemistad, sobre la base de los entredichos y amenazas que provienen de uno y de otro lado de la frontera. Asumiendo estos tópicos, los artistas chilenos Claudio Correa, Gonzalo Cueto, Patricia Domínguez, Andrés Durán, Francisca García y Javier Rodríguez, descomponen una relación bilateral que pasa a construir los más intrépidos relatos ante el desconcierto que ha significado la lucha, sin éxito, por modificar la territorialidad de algunos espacios andinos que aparecen entre el imaginario colectivo de Chile, Perú y Bolivia.

Francisca García, Misterios del Lago Titicaca.

Francisca García, Misterios del Lago Titicaca.

 Francisca García, Misterios del Lago Titicaca

Francisca García, Misterios del Lago Titicaca

Para especificar en estas posturas artísticas, tanto Patricia Domínguez como Francisca García, inscriben ciertas poéticas relacionadas a las leyendas y mitos que podemos extraer de hitos importantes dentro de la geografía andina. Además estas mismas imágenes han construido sendos sellos identitarios para países como Bolivia y Chile.
Francisca García influenciada en sus propias interrogantes en torno a la generación y manipulación de imágenes y sonido –relacionadas con diversas temáticas como la historia, la literatura, la ciencia y el paisaje–, crea, Misterios del Lago Titicaca, un video y tres impresiones que continúan con su investigación sobre el paisaje, el color y los mitos a través de imágenes realizadas con una cámara termografía. En este caso, García ha elegido como escenario al Lago Titicaca, referente indiscutible de mitos, leyendas y creencias populares, que aún no se han podido comprobar fielmente. Imitando el formato documental, esta narrativa entrelaza información científica, creencias y hechos ficticios que nos llevan a enfrentar una historia que no está muy alejado de aquellas justificaciones arbitrarias sobre quiénes inscriben la historia.

En el caso de Patricia Domínguez, su propuesta A la fuente de vienes, al mar de gracias (Video HD, sonido estéreo 7 minutos 52 segundos, 2016) reflexiona sobre cómo las ilustraciones naturalistas del siglo XIX contribuyeron a determinar una identidad para la nueva república de Chile a nivel físico y político; disgregando territorios ya unidos por las culturas ancestrales, especialmente en el Norte. A través de la programación de un código digital, Domínguez visualiza las reproducciones de ilustraciones naturalistas del “Atlas de la Historia Física y Política de Chile”. Todas estas imágenes realizadas en trupán y pintadas con tierras de colores por un aficionado, aparecen siendo desestabilizadas por el código ya creado, un efecto que permite recorrer erráticamente, intentando desarmar, abrir y agujerear el territorio chileno para proponer nuevos territorios. Todo lo que aparece nos presenta mundos que coexisten (o coexistieron) pluralmente en lo que hoy llamamos Chile. Además el video contiene una melodía que fue encontrada y transcrita por el musicólogo Samuel Claro Valdés en 1974 dentro de un monasterio Jesuita en Bolivia e interpretada más tarde para la obra “Antología de la Música Colonial en América del Sur”.

Patricia Domínguez, A la fuente de vienes, al mar de gracias

Patricia Domínguez, A la fuente de vienes, al mar de gracias

Claudio Correa y Gonzalo Cueto hurguetean en las paradojales letras e ideas que nacen desde los himnos, emblemas significativos que sirven como un instrumento colonizador por parte de una nación al momento de abarcar otros territorios.
Correa presenta el video Cuatro formas de ser Republicano a la distancia, es una suerte de video clip de La Marsellesa (2013). Este artista realizó un rescate documental del himno francés, enfocado en las cuatro versiones de éste en español: los himnos del Partido Socialista de Chile, APRA del Perú, La Marsellesa Anarquista y la escrita para la II República Española. Con estos antecedentes el video registra la performance musical de un coro y un orfeón con una estética que recuerda el homenaje que el ejército de Chile realizó a Pinochet en el Cerro Chacarillas el año 1977. La escena concluye con el incendio y el derretimiento de los instrumentos. Con esto el artista apela a la violencia soterrada que está inscrita en los himnos, mediante la creación de esta serie de instrumentos musicales de cera, los cuales poseen el germen de su autodestrucción: una mecha incendiaria. Junto a estos antecedentes, Correa pone en evidencia el obsceno vínculo entre original, copia y plagio; un asunto muy paradójico en relación a los ideales de autonomía de algunos partidos políticos en Latinoamerica.
Mientras que Cueto muestra su video Himno (2009) que es parte de una serie de videos ensayos que están dentro del trabajo de campo, bajo la modalidad de residencia, que este artista realizó en la región de Tarapacá. El video consiste principalmente en capturar y observar los límites entre la seducción de la imagen como síntesis de fervor popular, religioso y económico en la voz y peformance de un aymara que interpreta el himno nacional de Chile frente a una imagen religiosa. Además Cueto asume que esta accidental acción contiene esa capacidad que muestra un ícono como dispositivo de subversión del sentido dominante, dentro de la estructura social de algunos pueblos rurales del altiplano. Lo que observamos en Himno está dentro de un territorio distópico, pero también sincrético y que actualmente es devastado por la explotación neoliberal.

Andrés Durán, Soldado desconocido Nº1

Andrés Durán, Soldado desconocido Nº1

Desde el poder simbólico de las historias ficticias y de algunos sitios geográficos que conforman el imaginario de nuestros países, tanto Andrés Durán como Javier Rodríguez, han creado, como diría Rancière: una imagen ostensiva. Una imagen que se ve enfrentada a la circulación mediática de la misma imaginería pero también a los discursos que las presentan y comentan.
Andrés Durán en Soldado desconocido Nº1 nos involucra con un diálogo frente a lo que reconocemos como escultura pública. Más aún, si ésta nos recuerda la Guerra del Pacífico. En el caso especifico de este emblemático monumento de la ciudad de Iquique, denominado ‘El Marinero Desconocido’, el artista oculta el rostro del personaje para obstaculizar las evidencias de la típica pose escultórica, que es la misma pose del ‘desconocido’ que se va repitiendo en distintos países como Chile, Perú y Bolivia. Aquí además Durán pretende trastocar ciertos símbolos de chilenidad y comprender que sus estéticas militares van configurando la base de una cultura transfronterizada y ambigua del norte de Chile. Ahora, si volvemos a observar la imagen que nos deja este artista, podríamos asimilar a este marinero desconocido como un maniquí ésteril que parece resguardar ese borde costero.

Javier Rodríguez, Capítulo II: Patria y Libertad y el atentado a Evo Morales

Javier Rodríguez , Capítulo II: Patria y Libertad y el atentado a Evo Morales

Finalmente Javier Rodríguez recurre al dibujo en Capítulo II: Patria y Libertad y el atentado a Evo Morales. Un dibujo de gran formato que simula ser las fotocopias de dos páginas de un ficticio libro de historia. En esas páginas se repasa un grave hecho ocurrido el año 2017 y que afectó las relaciones bilaterales de Chile y Bolivia; dos países que desde fines del siglo XIX han estado en permanente conflicto. Esta propuesta de Rodríguez narra el atentado con un coche-bomba que sufrió el Presidente Evo Morales y las conjeturas que esto trajo sobre los posibles autores materiales que, en este caso, serían del grupo de ultra derecha chilena “Patria y Libertad”. Dicho relato se desarrolla desde un oscuro realismo que expone el lápiz blanco sobre el soporte negro ante la ominosa y misteriosa imagen de un auto en llamas que, ante el fruto del trabajo manual, genera un desconcertante ángulo. Todo esto tiene por finalidad cuestionar el complejo imaginario simbólico con el cual los medios de comunicación y las clases dirigentes, de ambos países, construyen realidad en torno al odio, la violencia y el desprecio.

Nube Gallery, Santa Cruz, Bolivia.

http://www.nubegallery.com/exposiciones/traficos-y-otros-poemas-de-shile/

Desde 18 agosto al 7 de octubre, 2016.

nota
  1.  GONZÁLEZ, Sergio. Arica y la triple frontera: integración y conflicto entre Bolivia, Perú y Chile. Fondo FNDR, editado el 2006 en Iquique, Chile. Pág. 15.
  2. Ibídem, pág. 14