Vigilar y Castigar. Fotografías Penitenciarias del Siglo XIX

 

El proyecto Vigilar y Castigar  es un trabajo colectivo entre la artista Sonia Cunliffe y la teórica Sophia Durand (Perú), quienes lo exponen por primera vez en Foto Monumental 2016. Hoy, el proyecto se encuentra integrando la muestra colectiva Criminalidad y Criminalización curada por David Flores- Hora en la Universidad de Lima, Perú. Para la revista Atlas compartimos el texto de Sophia Durand y un  fragmento de este extenso trabajo compuesto por 52 fotografías del archivo procedente de la Penitenciaria de Lima, Perú.

Archivos Penitenciaría de Lima, Perú, 1891

Archivos Penitenciaría de Lima, Perú, 1891

1856 fue el año cuando se abolió la pena de muerte. Este acto sería el primero en el largo camino de renovación del sistema penitenciario nacional –aún inconcluso–. Perú entraría a la modernidad no sólo con este gesto sino con la abolición de la esclavitud. Sin embargo, ambas decisiones fueron muy discutidas por distintas instancias de nuestra sociedad peruana, teniendo como principal preocupación la seguridad de los ciudadanos “de bien”. La creación de una institución que asumiera este reto reposaría en Mariano Felipe Paz-Soldán, responsable de la construcción de la Penitenciaría de Lima durante el gobierno de Ramón Castilla en 1856 e inaugurada el 23 de julio de 1862.

Atrás quedaba la pena de muerte o la tortura y se procuraba desde la disciplina y el trabajo, regenerar al condenado. El Panóptico era el diseño ideal para tal objetivo, no sólo por su ideología de control sino por su arquitectura; “una construcción en forma de anillo; en el centro; una torre, ésta, con anchas ventanas que se abren en la casa interior del anillo. La construcción periférica está divida en celdas, cada una de las cuales atraviesa toda la anchura de la construcción (…) Basta entonces situar un vigilante en la torre central y encerrar en cada celda a un (…) condenado” (Foucault, 2002: 184)

Archivos Penitenciaría de Lima, Perú, S/F

Archivos Penitenciaría de Lima, Perú, S/F

Fue considerada por el historiador Alberto Flores Galindo como el primer edificio moderno de Lima por su imponente fachada de piedra deslumbrando o intimidando a los transeúntes. Estuvo ubicada en lo que hoy conocemos como el Hotel Sheraton y el Centro Cívico y sus celdas albergaron a prisioneros por crímenes comunes, por homicidio y políticos como el presidente Augusto Leguía y el político Víctor Raúl Haya de la Torre. Pero por causas de abuso, la deficiente administración y la sobrepoblación, la Penitenciaría de Lima no tendría el resultado esperado siendo demolida en 1960, dando paso a otros recintos fuera de la ciudad.

Reclusión y registro

“Una gran fachada de piedra, sobria e inexpugnable daba la bienvenida al condenado. Cruzando la gran puerta de hojas de bronce, el nuevo interno era conducido a la galería de fotografía, allí se le tomaban las imágenes de frente y de perfil. Luego era bajado a la celda de recepción, donde era pesado y se le mandaba a bañar.” (Pacheco, 2012). Así era el procedimiento de reclusión, una serie de pasos a seguir bajo la atenta mirada de las autoridades penitenciarias. Mirada que no desaparecería, incluso hasta nuestros días en esta galería.

Estos 52 documentos originales son prueba tangible de este orden. Todas las fotografías aquí contenidas son de época, sobre papel albuminado, y a pesar de la acidez del soporte, han podido sobrevivir al paso del tiempo, preservando la imagen de hombres que fueron privados de su libertad. La pieza más antigua, de 1863, nos revela los inicios del registros penitenciario (atención a la indumentaria), y la última de 1907 muestra el desarrollo evidente de un sistema: un reo con uniforme y número de celda en dos tomas: de frente y de perfil, la antropometría en pleno.

Archivos Penitenciaría de Lima, Perú, S/F

Archivos Penitenciaría de Lima, Perú, S/F

Contemplar cada una de estas piezas nos coloca en el lugar del fotógrafo-verdugo, confrontando la mirada del condenado, su lenguaje corporal y la frialdad del número que le asigna el sistema. Son rostros que evidencian la dureza del temperamento, el descaro risueño o el terror de una inocencia imposible de comprobar. Una prueba irrefutable sería la fotografía en ese momento, sirviendo como herramienta de medición y constatación criminal.

Esta exposición no sólo es una mirada sobre la fotografía penitenciaria, es una evidencia del uso de la herramienta fotográfica por el poder –estatal– para establecer control sobre la población, desde el registro, la identificación, el orden y el sometimiento.

Sólo me queda lanzar esta pregunta en medio de una sociedad de Redes Sociales y GPS
¿Cuándo dejó las cárceles y entró a nuestras casas el control desde el registro fotográfico del cuerpo?

Texto: Sophia Durand

Archivo de Santiago Valverde, 1863

Archivo de Santiago Valverde, 1863

Archivo Penitenciaria de Lima, 1863

Archivo Penitenciaria de Lima, 1863

Proyecto Vigilar y Castigar en la muestra colectiva Criminalidad y Criminalización curada por David Flores-Hora

C.C. de Universidad de Lima (ingreso por la avenida Cruz del Sur, Surco).

Ingreso libre